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El wifi y sus posibles impactos a la salud

A pesar de los estándares de la Organización Mundial de la Salud, hay quienes todavía insisten en que las emisiones electromagnéticas cotidianas afectarían el cuerpo

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25 de febrero de 2020 a las 05:00

Hay quienes sostienen que las señales wifi afectan el cuerpo humano. Recurren a las piedras porque, supuestamente, bloquea la señal. Las apilan y las disponen cerca o dentro de sus casas para lograr que las ondas no lleguen a su dormitorio. Otros, apagan el rúter durante la noche. Hay quien prefiere usar el manos libres de su teléfono para disminuir el tiempo en que lo tiene pegado a su cabeza. Y, más recientemente, aparece la discusión sobre el posible impacto en la salud de las redes 5G. Esas son algunas muestras de que, para algunas personas, existe todavía la duda de que las emisiones de estas tecnologías encierren un peligro invisible para la salud.

Primero, una definición. Tanto el wifi como las de las redes de internet tipo el LTE o el 5G son consideradas radiaciones de campos electromagnéticos, específicamente radiaciones no ionizantes porque funcionan a una frecuencia inferior a 300 gigahercios (ghz). La frecuencia es el número de ondas que pasan cada segundo por determinado punto, es decir que cada ciclo de onda se mide como 1 hercio. 300 gigahercios son 300 mil millones de hercios, u ondas, en un segundo.

Las radiaciones superiores a los 300 ghz son ionizantes (por ejemplo la luz ultravioleta o los infrarrojos) y producen cambios a nivel molecular, por lo que presentan una amenaza directa a la salud.

Para tener una referencia, las redes 5G que están ingresando en Uruguay, y que en telecomunicaciones representan el paso más avanzado en la capacidad de transmisión de datos, funcionan a 26 ghz, once veces menos de los 300 ghz.

En Uruguay, el decreto más reciente que recoge recomendaciones sobre emisiones electromagnéticas y salud es del año 2014. Usa criterios y estándares basados en las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud. Los criterios que se aplican en la Unión Europea son incluso anteriores. El mundo de las telecomunicaciones ha evolucionado a pasos agigantados en todo el siglo XXI y, a pesar de que parecería haber consenso sobre cuál es el punto en el que estos campos electromagnéticos pueden dañar la salud humana, hay quien lo debate.

Un estudio surgido en 2018 de la Washington State University titulaba: “El Wifi es una amenaza importante a la salud humana”. El autor citaba otros estudios que, según él, demostraban que las emisiones electromagnéticas de los aparatos de wifi causan (no usaba términos condicionales) “estrés oxidativo, daño espermático / testicular, efectos neuropsiquiátricos, incluidos cambios en el electroencefalograma, apoptosis, daño al ADN celular, cambios endocrinos y sobrecarga de calcio”.

“Claro que pasan cosas”, afirma el ingeniero José Acuña, que ha trabajado monitoreando el tema desde la Facultad de Ingeniería de la Universidad de la República. “Pero esas cosas pasan cuando se emite a niveles que son 50 veces superiores a los máximos que permiten las normas”, aclara. El rango de emisiones electromagnéticas que se recibe en la vida cotidiana, desde el wifi hasta las antenas de internet e incluso lo que emiten los propios celulares, está muy por debajo de lo que se considera nocivo.

“Uno a veces habla de radiación y lo asocia con los rayos X y los ultravioletas, que sí producen cáncer. Por eso la gente al verse sometida a radiación piensa que puede tener cáncer”, agrega Acuña.

El experto explica que hoy la única forma de estar en un punto en que la emisión electromagnética afecte la salud sería colocarse a menos de un metro de distancia del frente de una antena. La espalda de la antena es inocua. “Lo que emite esa antena ni siquiera le llega al vecino que vive abajo, porque hay que diferenciar entre las antenas y las torres”, aclara.

Pero si las antenas son nocivas a menos de un metro ¿por qué un celular, que es capaz de comunicarse con esa antena, no afectaría nada en la cabeza del usuario? “Hoy, el elemento que más nos irradia es el teléfono celular”, explica Acuña. “Si produjera algún problema, deberíamos haber visto algún aumento de enfermedades relacionadas. Por otra parte, la explicación concreta a esa pregunta está en que la radiobase (antena) tiene una mayor sensibilidad para escuchar que el teléfono y transmite a muchos teléfonos a la vez. Para eso tiene mucha más potencia. El teléfono es menos sensible que la radiobase y no necesita su potencia”.

Como referencia para eso que dijo, se puede tomar la tecnología más sofisticada: la red 5G. Esta puede conectar hasta un millón de celulares por kilómetro cuadrado con una velocidad de transmisión de 1 giga por segundo.

La Organización Mundial de la Salud continúa con su investigación y monitoreo de los campos electromagnéticos y sigue sosteniendo esa marca de 300 ghz bajo la cual los campos electromagnéticos “no producen ningún efecto perjudicial para la salud conocido”.

Sin embargo, más allá de la tranquilidad que arroja esa afirmación, en su página se aclara que “hay lagunas de conocimiento” que deben ser abordadas para mejorar las evaluaciones sobre los riesgos.

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