El sistema inmune es un sistema que se vincula e impacta a todo el organismo. Como todos los sistemas, incide en la mente, el cerebro y el cuerpo. El sistema inmune además de protegernos de patógenos y microorganismos no deseados, favorece la autocuración. Una clave a saber es que la inmunidad tiene que ver con los hábitos.
Mencionamos en la columna anterior que el cuerpo se mete en la mente. Afirmamos que, a través de la respiración y la postura corporal, entre otras tantas cosas, intervenimos en nuestros diversos sistemas, entre ellos el inmune. Dejamos una invitación a corroborar a través de mínimos hábitos de alimentación, como alteramos en forma positiva nuestro bienestar físico y emocional.
Los hábitos diarios podrán favorecer nuestra calidad de vida y nuestra salud mental y física. ¿Qué son los hábitos? Es eso que hacemos sin necesidad de pensar, son conductas aprendidas y adquiridas, que hacemos en automático. ¿Cómo incorporamos hábitos? A través de la repetición. ¿Dónde surgen? Los heredamos de la familia y la cultura, por ejemplo. También los creamos para satisfacer algún deseo o necesidad en algún momento de la vida. Tienen una función pragmática de facilitarnos la vida. Los hábitos nos ayudan, cuando son saludables.
¿Pero qué pasa cuando los hábitos no son saludables? ¿Qué pasa con esos hábitos que, en lugar de proporcionarnos salud física y salud mental, nos dañan? Podemos cambiarlos. Como todo cambio, implica un proceso, es decir tiempo y dedicación. El primer paso es ser consciente de nuestros hábitos para poder reforzar los que nos son positivos y cambiar los no saludables. Ese proceso para hacernos cargo, nos hace más fuertes para tomar decisiones positivas para la propia vida.
¿Es posible cambiar los hábitos? La respuesta es sí. Necesitamos además de consciencia, determinación y voluntad. El hecho es que es necesario e inminente reconocer los hábitos que tenemos. Repetimos día a día una enorme cantidad de acciones, pensamientos y emociones que responden a hábitos no saludables. Esos hábitos no saludables impactan en forma negativa en nuestro sistema inmune y lo debilitan. El estrés, la ansiedad, la falta de sueño, entre otras cosas, nos inflaman. La inflamación es una respuesta inmunológica que cuando se hace permanente, puede producir enfermedades crónicas y degenerativas. La inflamación en su mayoría está fomentada por hábitos no saludables. Los hábitos que dañan, funcionan como un bombardeo al organismo que es probable que sea sordo al principio. En la mayoría de los casos, no se manifiesta en forma evidente hasta que el agotamiento del organismo se hace evidente a través de señales que son físicas, emocionales, mentales, relacionales y conductuales. Antes de enfermar tenemos que tomar las riendas de la propia salud mental y física.
Es importante comprender que en el cuerpo y en la mente todo tiene que ver con todo. Consumir alcohol, drogas de cualquier tipo y el mal uso de pantallas, son ejemplos de maltrato al propio cuerpo. Aunque en ocasiones no percibamos los efectos negativos, ellos están. Todo lo que entra en el cuerpo, entra en el cerebro y afecta la mente.
Por eso es clave informarnos, aprender y ser responsables creadores de la vida que queremos para nosotros y los que nos rodean. Siempre está la posibilidad de transformar hábitos no saludables en aquellos que aportan bienestar y salud. Si fuera necesario, tenemos la posibilidad de pedir ayuda a quienes nos rodean y/o profesionales de la salud.
La buena noticia es que, así como lo que nos resta se acumula para mal, lo que nos favorece se acumula para bien. De esta forma tenemos el poder de revertir situaciones no deseadas y aún patologías instaladas a través de hábitos saludables. La misma capacidad de curación que tiene el cuerpo cuando nos cortamos un dedo, tiene el cuerpo para revertir y curarse en general. Vale la pena considerar este hecho, analizarlo y una vez entendido, actuar con convicción. Somos seres muy poderosos con posibilidades de crear y transformar muchas cosas y uno mismo no es la excepción.
Día a día y poco a poco, podemos lograr un cambio sea conductual, emocional y cognición. Los efectos positivos se hacen evidentes más pronto que tarde. En este sentido podría decirse que es al revés que los efectos negativos de los hábitos no saludables, los cuales en la mayorìa de los casos no se notan rápidamente.
¿Cuáles son esos hábitos que fortalecerán nuestra salud mental y física? ¿Qué hábitos aportan a nuestra inmunidad? Ya lo hemos mencionado en diversas oportunidades. La neurociencia lo ha probado y la práctica lo demuestra:
- Sueño de calidad y en cantidad suficiente. El cuerpo necesita el descanso para que la reparación del organismo suceda.
- Alimentación real y balanceada. Los procesados y los azúcares son nocivos.
- Ejercicio diario. Es clave que el ejercicio sea favorecedor y que no estrese al cuerpo.
- Trabajar en la autoestima y autovaloración en forma diaria. Que nuestro diálogo interno sea positivo.
- Generar y promover buenas relaciones.
- Reírnos.
- Meditar, caminar, bailar, cantar, disfrutar la naturaleza, leer, cocinar, crear algo con las manos, lo que sea que nos lleve a estar en el momento presente.
Ya tenemos para empezar a revisar cómo estamos en relación con cada ítem mencionado. Te invito a que te comprometas con tu salud y bienestar a través de eso que haces día a día. Que tengas en cuenta que lo perfecto es enemigo de lo bueno y que cada paso saludable que des hoy, te permitirá vivir mejor en el presente y estarás creando para ti un buen futuro.
Quiero que sepas que lo que hagas hoy en el día a día impactará en tu vida del mañana. Recordá que cuando hablamos de hábitos saludables involucran tu físico, tu cerebro y tu mente. Por lo tanto, tiene que ver con tus pensamientos, tus emociones y tus conductas.