En noviembre del 2009, El Observador me publicó una nota sobre la conveniencia electoral de una posible fusión entre blancos y colorados que, sarcásticamente, llevaba como título "El Partido Rosado". En ella me refería a la dificultad que se me presentaría en Estados Unidos, país en el que en ese momento vivía, si tuviera que explicar las razones históricas de por qué existían en Uruguay dos partidos de centro derecha que competían entre ellos. Esto a pesar de "haber tenido un bisabuelo paterno que luchó junto a Aparicio Saravia y un abuelo materno que era acérrimo riverista". Esta frase indignó a mi querido hermano Héctor, quien me hizo notar (con duras palabras) que nuestro bisabuelo había luchado con Timoteo Aparicio y no con Aparicio Saravia. Mi confusión en cierta forma confirmaba que esas razones históricas habían ido perdiendo relevancia con el transcurso del tiempo.
Ese anacronismo ha tenido un costo electoral significativo para los partidos tradicionales; en particular, para el Partido Nacional que fue el que siempre enfrentó al Frente Amplio en el balotaje en las últimas elecciones. En la elección del 2009, el PN sacó en el balotaje 67,739 votos menos que la suma de lo que obtuvo junto al Partido Colorado en la primera vuelta. Esta fuga de votos entre primera vuelta y balotaje no debió resultar demasiado sorprendente para nadie. El candidato del PC en el 2004, escribano Guillermo Stirling, ya había caracterizado el ir a las elecciones con lemas separados como "autismo político".
A pesar de esos resultados, la separación se mantuvo y las fugas de votos continuaron en las elecciones siguientes. En el 2014, apenas terminado el conteo de la primera vuelta, Pedro Bordaberry se presentó en el centro de operaciones del PN a ofrecer su apoyo para el balotaje con un quizás excesivamente optimista mensaje: "Vine para que hagan mierda a Tabaré Vázquez". A pesar de ese generoso ofrecimiento, Luis Lacalle Pou sacó en el balotaje 82,559 votos menos que la suma de los votos del PN y el PC en la primera vuelta y Vázquez fue electo presidente por segunda vez. En el 2019, Lacalle Pou ganó la elección en forma más ajustada de lo que se esperaba debido a que el PN obtuvo en el balotaje 99,632 votos menos que la suma de los votos de los partidos de la llamada Coalición Republicana en la primera vuelta. Lo del 2024 lo tenemos fresco. La CR obtuvo 78,359 más votos que el Frente Amplio en la primera vuelta pero el FA superó al PN en el balotaje por 93,296 votos— un vuelco a favor del FA de 171,655 votos. La separación de lemas entre los miembros de la CR también le permitió al FA obtener la mayoría en el senado.
Frente a la irrefutable elocuencia de los números, es válido preguntarse por qué blancos y colorados no consiguen superar la barrera de sus diferencias históricas y aceptar que, en la realidad de estos tiempos, se mueven dentro de una misma franja ideológica. Esta situación es atribuible fundamentalmente a dos razones. La primera es la creencia que el balotaje hace que un lema común no sea necesario. Los resultados de las últimas elecciones muestran claramente la falacia de esta creencia. Irónicamente, el balotaje, que se creó para dificultar el ascenso del Frente Amplio al poder, ha terminado favoreciéndolo al mantener a blancos y colorados en lemas separados.
La segunda es el temor a la dilución que un lema común conllevaría al peso relativo de los referentes blancos y colorados dentro de sus respectivos partidos. Por lo general, estos referentes se sienten más cómodos siendo pez grande en pecera chica que pez chico en pecera grande. Un buen ejemplo de este fenómeno son las reacciones dentro del PC a la conversación que, en forma inconsulta, Bordaberry mantuvo con Yamandú Orsi. Similarmente, en el PN se perciben tires y aflojes y reposicionamientos como parte del post-mortem a la derrota en la última elección. Este tipo de movimientos, que siempre se han dado en los partidos tradicionales y a los que sus referentes están acostumbrados, se volverían más inciertos en una pecera de mayor tamaño que agrupara a ambos partidos.
Parece que por fin el establecimiento de un lema común está siendo discutido en forma seria por líderes blancos y colorados. La posibilidad de que el Partido Independiente y Cabildo Abierto a su vez se integren está también en el tapete. Las elecciones departamentales del próximo mayo, en particular la de Montevideo, podrían constituir un buen ensayo para esa unión. De concretarse el lema común para las elecciones nacionales del 2029, seguramente Lacalle Pou sería el favorito para ganar la interna y ser el candidato a la presidencia por ese nuevo lema. En ese caso, la discusión entre su padre, Luis Alberto Lacalle Herrera, y Julio María Sanguinetti, sobre si Lacalle Pou se identifica más con las ideas batllistas que con las herreristas, se tornaría superflua. Ambas corrientes estarían representadas.
(*) Contador uruguayo que completó el International Tax Program en la Escuela de Leyes de la Universidad de Harvard y ejerció su profesión desde Nueva York.