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28 de mayo 2024 - 5:00hs

Desde el piso de enero, pero particularmente en las últimas semanas, las acciones chinas vienen experimentando una fuerte suba en sus cotizaciones. Esto tiene lugar luego de un 2023 que marcó el tercer año consecutivo de caídas de dos dígitos para los mercados accionarios chinos. Respecto de la tesis de inversión en China, la impresión de varios analistas era que el error del gigante asiático consistía en dilapidar miles de millones de dólares en tratar de revertir un colapso financiero, cuando lo que debía de hacer era resolver el drama en el sector real. No hay solución para el mercado de valores, si no se estabiliza primero el mercado inmobiliario.

Finalmente, el gobierno chino comenzó a proceder en el sentido correcto. La piedra angular de la nueva política fue la adopción por parte del gobierno central de una medida que ya se había estado implementando en algunas ciudades de China: esto es que las autoridades municipales y locales compren casas no vendidas y las conviertan en viviendas baratas para familias de ingresos bajos y medios. El paquete también incluyó la eliminación de las tasas de interés mínimas sobre las hipotecas, así como la reducción de los pagos iniciales requeridos para los posibles compradores de viviendas (15% vs 20% anterior). También se anunció una reducción de 25 pb (puntos básicos) en las tasas de interés de los préstamos del fondo de previsión de vivienda. Esto dejará las tasas en el 2.35% para los préstamos que vencen dentro de los 5 años y en el 2.85% para los que vencen en más de cinco años y son compradores de vivienda por primera vez. Por otro lado, el Banco Popular de China anunció el pasado viernes que establecerá un servicio de préstamos por valor de $300 mil millones de yuanes ($42.25 mil millones de dólares) para apoyar "proyectos de vivienda subsidiados" por el gobierno. A su vez, el ministerio de finanzas comenzó recientemente a emitir “bonos especiales” del Tesoro a largo plazo para recaudar fondos que utilizará para estimular sectores clave de la economía, entre ellos, el sector inmobiliario, claramente el más frágil. Los planes son colocar deuda por un billón de yuanes ($138 mil millones de dólares) en bonos gubernamentales que tendrían plazos de 20 a 50 años.

Parecen cifras impresionantes, y en verdad lo son, sin embargo, el problema a resolver también es de enormes proporciones. Por ejemplo, a nivel del mercado inmobiliario, todavía hay un enorme stock de viviendas sin vender y sin terminar. Según el banco de inversiones Nomura, en China existen entre 20 a 30 millones de casas sin terminar, a modo de ejemplo, habría stock para darle una vivienda a todos y cada uno de los habitantes de Australia. De ahí que la necesidad de estímulos sin duda que será aún mayor ya que todavía falta para terminar de estabilizar el mercado. En ese sentido, la última data es indicativa de que aún falta por hacer: los precios promedio de las viviendas nuevas cayeron un 0.58% m/m en abril, representando la mayor caída mensual en 10 años y el doble de la cifra de marzo: 0.3%. Sin embargo, si observamos el comportamiento reciente del CSI 300 Real Estate (abril-mayo) que se muestra en el gráfico, la mejora es evidente.

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Más allá de todo, creemos que los participantes del mercado siguen percibiendo al real estate chino como un “trade” de corto plazo y no uno estructural. Comienzan a aparecer señales que agradan a los inversores y van en el sentido correcto o en el sentido menos malo si se quiere, ya que de ningún modo es tarea de los gobiernos comprar casas. En el largo plazo este esquema alimenta las distorsiones del “mercado” inmobiliario chino y lejos está de resolverlas. A nivel de los mercados accionarios, la depreciación del yuan le juega a favor a las firmas con perfil más bien exportador, que serían las que deberían mostrar mejor performance. De cualquier modo, puede ser preferible enfocarse en empresas cuyos productos causen el menor revuelo posible en Occidente, es decir todo lo que no tenga que ver con autos eléctricos, semiconductores y demás rubros estratégicos. También hay que recordar que, a pesar de su importancia económica, China no es la única “historia de inversión” de Asia y desde luego tampoco es la más exitosa.

Por otra parte, vale destacar que el impulso de las acciones chinas trasciende fronteras, ya que plantea la posibilidad de un rebalanceo de posiciones en Asia, con mayores entradas de capital a China a expensas de salidas de fondos en Japón y la India donde se ha observado un aumento de los “short sellers” extranjeros (vendedores en corto). A su vez, tampoco olvidemos que tenemos elecciones en la India (el proceso dura 43 días) y quizá alguno espere un resultado inesperado. El recuento de los sufragios es lento, después de todo votarían cerca de 1000 millones de personas. Mientras tanto, en Europa, el Reino Unido salió ya de la recesión y sus mercados accionarios se han recuperado con fuerza, a la par con China. Esto tiene sentido ya que, de los índices accionarios, el FTSE100 (bolsa británica) tiene más del 20% de sus ingresos (de las empresas que componen el índice) ligado a mercados emergentes. Inversores optimistas con China, pero que busquen una aproximación indirecta tienen en UK una opción. Brasil es otra, pero de momento no ha dado buenos frutos, producto de intervenciones desafortunadas del gobierno en ciertas empresas estatales como Petrobras, o rumores de injerencia en compañías privadas como Vale. Varios factores sugieren que la recuperación de las acciones chinas podría continuar, entre ellos el hecho de que cotizan a precios muy “baratos” según distintas métricas, pero será decisivo el apoyo del gobierno, si como el año pasado, suspenden las medidas de estímulo, la economía china podría tambalearse de nuevo, y con ella su mercado accionario.

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