6 de mayo 2024 - 16:51hs

Las razones parecen claras. Por un lado, el electorado frenteamplista al que aspira a representar está dividido. Para ganarle al otro precandidato con reales posibilidades de vencer en la interna, Yamandú Orsi, es una buena táctica no enajenar ningún voto, no disgustar a nadie, concentrar las baterías en criticar al gobierno y no alentar polémicas internas.

Por otra parte, siendo la única precandidata de importancia que no se ha pronunciado, la expectativa la coloca en el centro de interés y todo el mundo habla hoy del silencio y las opciones de Carolina Cosse.

Como si fueran pocos incentivos para no pronunciarse, también hay que considerar que si lo que piensa es que la reforma no es positiva, eso la opondría a su principal sostén político en la interna: el Partido Comunista.

Y que si critica la reforma, se le genera la incomodidad de coincidir en este punto con los dirigentes de la coalición de gobierno.

Más noticias

A su vez, mientras guarda silencio, un coro de integrantes de la coalición de gobierno la presiona para que se pronuncie, le exigen, la conminan, la critican. Y todo eso no hace otra cosa que favorecerla en su lucha por ganar la interna frente a Orsi.

O sea, desde un punto de vista político electoral y estratégico es fácil comprender a Cosse y sus razones para no pronunciarse. Se puede decir que es lo más lógico y razonable.

Lo que no puede compartirse es la argumentación de Cosse respecto a que no explicita su voto porque eso es lo que debe hacer un líder, ya que un dirigente, un conductor, no debe marcar el rumbo sino que, por el contrario, debe seguir lo que piensa la gente.

La intendenta de Montevideo en uso de licencia dijo al respecto: “Hemos puesto la carreta delante de los bueyes. Porque se me dice: es importante que la gente conozca la opinión de un líder, de una líder. Yo soy frenteamplista, soy de izquierda y en realidad es al revés. La que tiene que conocer la opinión de la gente soy yo. No es al revés. No es que la gente tiene que escuchar lo que piensa un líder para ver lo que hace”.

Con esta argumentación es imposible coincidir. De izquierda o de derecha, en un sentido literal y político, la definición de líder es la opuesta a la que pretende Cosse.

El diccionario define líder como “persona que dirige u orienta a un grupo, el cual reconoce su autoridad”.

Los frenteamplistas reconocen la autoridad de Cosse, pero ella no los orienta. Guarda silencio ante un tema importante, quizás el principal que esté en juego en las próximas elecciones. Su mutismo se comprende en términos de competencia política, pero no de liderazgo.

Es cierto la mayoría de nuestros políticos apelan por lo general a actitudes similares a las de Cosse. Atisban el horizonte, las encuestas, buscan el camino seguro para retener su banca. Pocos tratan de “dirigir” a la gente según sus profundas convicciones.

Cuando pienso en estos temas, siempre regresa a mi memoria una escena de la película Invictus, de Clint Eastwood. En ella hay una escena memorable, en la que Nelson Mandela (interpretado por Morgan Freeman) se cuadra frente a una enfervorizada asamblea de dirigentes de su partido, el Congreso Nacional Africano, para llevarles la contra.

Tras años de humillaciones y apartheid, los dirigentes del partido de Mandela debían decidir sobre el futuro de los Springboks, la selección de rugby del país que había sido el emblema deportivo de la minoría blanca que había instaurado su oprobioso régimen de segregación racista.

Y lo que decidieron y votaron a viva voz, en medio de festejos y vítores, es que los Springboks ya no existirían, las selecciones nacionales de cualquier deporte, y la de rugby también, llevarían otro nombre, otros colores, otros distintivos.

Tras la votación, alguien llamó por teléfono a Mandela, quien se hizo llevar a la tumultuosa asamblea. Allí se paró frente a la crema y nata de sus propios dirigentes para decirles, palabra por palabra, lo opuesto a todo lo que ellos querían oír.

Embed - Invictus - Discurso Nelson Mandela

Mandela arriesgó allí prestigio, su liderazgo, sus votos. Lo arriesgó todo, en contra de su núcleo más cercano, para DIRIGIR a su país hacia donde él creía que era mejor. Eso es ser un dirigente.

En Uruguay también hay algunas demostraciones de este tipo. Una de ellas se vio en la pandemia, cuando el presidente Lacalle Pou lideró al país en medio de circunstancias desconocidas. Pero hay un ejemplo que le debe ser más cercano, apreciable y querible a Cosse: el del general Líder Seregni, en su balcón, con un megáfono, tras ser liberado luego de una década de injusta prisión política, diciéndole a la multitud que ante los atropellos de la dictadura había que responder sin odio, sin agresiones, sin siquiera con un insulto:

“Han pasado diez largos años. Salgo con la contienda tan tranquila como entré, salgo más firme, salgo más convencido de nuestros ideales, salgo más decidido que nunca a entregar hasta el último átomo de mis energías al servicio de nuestro pueblo.

Es momento de expresar una tremenda alegría; pero es momento de pensar el camino que tenemos que transitar hacia adelante. La Patria marcha a la reconquista de la democracia. En ese camino está.

Todos nuestros esfuerzos para facilitar esa marcha y para alcanzar la libertad y el total ejercicio de la democracia. Por eso compañeros, pedía recién a ustedes: ni una sola palabra negativa, ni una sola consigna negativa…”.

El de Mandela y el de Seregni en el balcón son ejemplos capaces de emocionar y de inspirar.

El cálculo político puede ganar elecciones, pero no inspira.

Inspirar es otra cosa que hacen los líderes.

Temas:

Carolina Cosse Plebiscito

Seguí leyendo

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos