- (l) asumir desde la educación el quiebre de época actual como una ventana de oportunidades para fortalecer su relevancia como una base insoslayable de un mundo sostenible y de una paneta habitable;
- (ll) ahondar en visiones intergeneracionales de la educación que estimule la inteligencia colectiva de las sociedades a través de la producción y el intercambio de conocimientos entre generaciones a lo largo y ancho de la vida;
- (lll) forjar renovados acuerdos sociales en educación de amplia base que propendan a relaciones más solidarias y cuidadosas entre los humanos, y con el planeta, las tecnologías y los conocimientos; y
- (iV) desarrollar ideas, categorías de pensamiento e instrumentos de análisis e intervención a la luz de reimaginar la educación para futuros mejores y más sostenibles.
El libro invita al lector a armar su propia rompecabezas de ideas fuerza bajo la premisa que no existen caminos únicos para plasmar transformaciones. Nuestro propio rompecabezas se compone de siete dimensiones como palancas de transformación de la educación y de los sistemas educativos. Brevemente esbozamos cada una de las mismas colocando entre paréntesis las referencias a sus autores cuyos textos pueden consultarse en el libro de acceso libre.
La primera dimensión, ético-filosófica, alega en torno a fortalecer una educación universal en sus propósitos últimos, valores compartidos y espacios comunes sustentada en un multilateralismo que ambicione a sentar renovadas bases civilizatorias que conecten con futuros mejores para las nuevas generaciones. Alternativamente al desdibujamiento de la verdad como valor y a la creciente incidencia de particularismos aislacionistas posicionados principalmente desde el multiculturalismo, la educación universal alega por un basamento común basado en valores morales universales. Esto implica que la educación, a la vez de apreciar y abrigar la diversidad de credos y afiliaciones, parte de la comprensión de las identidades individuales para comprometer a las y los estudiantes con sus aprendizajes, y que efectivamente aprendan (Renato Opertti).
La segunda dimensión, sostenibilidad y desarrollo, se asienta en una visión multidimensional de la sostenibilidad que conecta las alfabetizaciones fundacionales – principalmente vinculadas a la lectoescritura – con las ciencias, el arte, las tecnologías y las humanidades. En particular, la educación cultural es una vía potente para formar en habilidades de la vida vinculadas a promover el pensamiento crítico, el análisis comparado y la búsqueda de posicionamientos argumentados sobre cuestiones candentes que preocupan a la humanidad a presente a y futuro (Gemma Cabó).
Asimismo, las herramientas de la inteligencia artificial pueden apuntalar la educación para el desarrollo sostenible (EDS) de cara a forjar nuevas formas de aprender, crear y actuar. Su concreción está en buena medida asociado a desarrollar un currículo unitario y flexible que integre la IA en todas las áreas del conocimiento orientado a promover la creación de tecnologías. Se trata de formar intensamente a las y los estudiantes en IA tanto con relación a entender su funcionamiento y su potencialidad para resolver problemas, así como calibrar sus impactos sociales y éticos (Claudia Limón).
La tercera dimensión, sistémica, alude a la necesidad de lograr fluidas transiciones de los qué a los cómo en el diseño e implementación de las políticas educativas. En tal sentido se sugiere (i) fortalecer la gobernanza institucional y programática que jerarquice la experticia técnica fundada en evidencia; (ii) garantizar la permanencia de equipos técnicos más allá de un período de administración de gobierno; y (iii) avanzar hacia presupuestos multianuales enmarcados en visiones de mediano y largo plazo. Los cambios en los modus de organización y funcionamiento de los sistemas educativos tienen como propósito ultimo ahondar en la consideración de la educación como un bien público y del compromiso moral superior con las nuevas generaciones que no debe ser negociable en el mercadeo político (Otto Granados).
Asimismo, la dimensión sistémica implica fortalecer las capacidades de un estado regulador con sentido estratégico que congenie igualar en oportunidades formando capital humano y que, asimismo, promueva la libertad de las personas para forjar sus futuros. A la luz de hermanar igualdad y libertad, uno de los mayores desafíos que enfrenta América Latina y el Caribe yace en lograr un justo equilibrio entre un estado fuerte, una burocracia efectiva con alta capacidad hacedora y una sociedad civil vigilante, enmarcada en una idea clara sobre qué estado necesita cada país (Jaime Saavedra).
También se requiere fortalecer el liderazgo educativo, transformacional y democrático a todo nivel del sistema educativo asentado en la distribución de roles y en la capacidad de colaborar sobre la base de objetivos compartidos. Entre otras acciones, se plantea promover la profesionalización de los equipos directivos que implique su revalorización social, mejores condiciones de trabajo, disponibilidad de mayor cantidad de recursos y el aprovechamiento de las tecnologías como soporte de la gestión institucional, curricular y pedagógica como un todo entrelazado (Tamara Díaz Fouz).
La cuarta dimensión, programática, versa sobre la perentoriedad de avanzar en una agenda comprehensiva de cambios educativos que implique renovados modos de colaborar entre la educación y la sociedad en su conjunto. Entre otros cambios, se propone: (i) reforzar el desarrollo de las capacidades de escucha y de comunicación en la educación básica: (ii) abordar una transformación integral de la educación secundaria que aliñe los diseños curriculares, las metodologías de enseñanza y de aprendizaje, y la evaluación; y (iii) insistir sobre la meta de doce grados de escolaridad para los adultos en actividad y con potencial de seguir trabajando (Hugo Díaz Díaz).
Complementariamente, se proponen una serie de énfasis programáticos por nivel educativo.
Primeramente, se remarca que los sistemas educativos necesitan extender su campo de influencia en la educación infantil de 0 a 3 años. Su foco podría ser apuntalar el desarrollo de habilidades cognitivas básicas y especialmente relacionadas a la lectoescritura temprana. También se requiere fortalecer la formación específica en educación temprana alineada a las ofertas de servicios. Si efectivamente se entiende en la región que la educación temprana es un eje insoslayable de la transformación educativa, se requiere priorizarla en aspectos institucionales, programáticos y financieros, y asumir sus implicancias fiscales (Ariel Fiszbein).
Asimismo, se plantea que, a la luz de repensar la educación de cara a la expansión exponencial de los conocimientos y las tecnologías, la educación técnico-profesional (ETP) podría generar nuevas intersecciones entre la educación, el mundo del trabajo, la producción y el desarrollo. La ETP puede ser un punto de encuentro entre las demandas de calificaciones del sector productivo y la realidad formativa de las y los jóvenes de manera de mejor encarar las tensiones entre preservar e innovar, y lograr conexiones más fluidas entre la educación y la sociedad (Luis María Scasso).
También se hace referencia a la evidencia empírica sobre que la prolongación de la educación obligatoria tiene múltiples efectos positivos relacionados a igualar en oportunidades, reducir brechas socioeconómicas, mejoras en la salud y en el bienestar, desarrollo de habilidades sociales y emocionales, y cognitivas, empleabilidad e ingresos futuros. El caso de España de expansión de la escolaridad obligatoria a las y los estudiantes de 16 y 17 años desafiliados del sistema educativo, da cuenta del enorme desafío de congeniar equidad y calidad enmarcadas en políticas públicas robustas de largo aliento (Jorge Sainz e Ismael Sainz).
De manera complementaria a lo señalado, se profundiza en una concepción multidimensional del rezago que engloba factores intra y extra escolares. Bajo la premisa que la desafiliación del sistema educativo configura la negación del derecho humano a la educación, se sugieren una serie de intervenciones entrelazadas que refieren a: (i) generar conocimiento sobre los factores asociados a la adquisición de los aprendizajes; (ii) apuntalar el liderazgo escolar; (iii) ponderar las especificidades de los contextos de los centros educativos; (iv) institucionalizar medidas de acompañamiento al trabajo docente; y (v) flexibilizar los marcos normativos para fortalecer el trabajo al interior de los centros educativos (Magaly Robalino Campos).
La quinta dimensión, curricular-pedagógica, adentra en la naturaleza político-pedagógica del currículo y en asumir una cultura de la reparación de pasados coloniales y de cuestionamientos de epistemologías hegemónicas. Se plantea congeniar el desarrollo de currículos flexibles y locales con miradas abiertas al mundo que estimulen interacciones virtuosas entre conocimientos globales y locales. En tal sentido, el currículo es visualizado como una palanca intergeneracional de cambio cultural y social que puede cumplir un rol componedor en la sociedad reconociendo las diferencias y a los diferentes (José Pacheco).
Asimismo, se reafirma la importancia de la localización de la educación a partir de evidenciar la relevancia de las competencias lingüísticas y la comprensión lectora de las y los estudiantes en relación con las lenguas español, portugués, indígenas y fronterizas. Asimismo, la adopción de enfoques multilingües, con base en las tecnologías – inteligencia artificial generativa, IAG - es clave, para: (i) que las y los estudiantes relacionen su conocimiento previo con el nuevo aprendizaje; (ii) facilitar los diálogos entre diversas culturas; (iii) democratizar el acceso al conocimiento científico; y (iv) fortalecer la incidencia del pensamiento iberoamericano a escala global (Jasone Cenoz).
Bajo el entendido de la inextricable vinculación entre el currículo y la evaluación, y tomando como referencia lecciones aprendidas de las evaluaciones implementadas en Brasil, se sugiere ahondar en la interpretación pedagógica de los resultados educativos, así como en el análisis de las desigualdades y las brechas de aprendizaje. La dimensión pedagógica es un insumo clave para fortalecer la formación y el desarrollo profesional docente, la mejora de la calidad de los recursos didácticos y las prácticas de aula. Asimismo, se asevera que los indicadores de evaluación tendrían que poner foco en devoluciones contextualizadas a las escuelas orientadas a fortalecer los aprendizajes. Se trata de generar círculos virtuosos entre las políticas educativas, el currículo, la pedagogía y las evaluaciones (María Helena Guimarães).
La sexta dimensión, docente, versa sobre los impactos de la transformación digital en la formación y en el rol docente. Asumiendo que se trata de promover usos críticos, reflexivos y propositivos de las tecnologías por los educadores, se requiere promover procesos formativos que integren aspectos pedagógicos, didácticos, éticos y de gestión de la información como un todo entrelazado. También la transformación digital implica repensar el rol docente como un educador culto y actualizado que tiene un profundo conocimiento de su disciplina, así como de la dinámica social y tecnológica circundante (Denise Vaillant).
Asimismo, se plantea valorizar la enseñanza como pilar fundamental de la misión de la educación superior y con base en una permanente renovación pedagógica. A la luz de valorizar los procesos de enseñanza y de aprendizaje, se sugiere encarar una reforma integral de la enseñanza, así como la revisión de los sistemas de evaluación e incentivos a la actividad docente. En la medida en que se posicione a la excelencia docente como un eje central del quehacer universitario, la educación superior podrá cumplir el doble rol de generar y diseminar conocimientos, y de formar ciudadanos críticos y comprometidos con los futuros de la sociedad (Francesc Pedro).
La séptima dimensión, educativa-tecnológica, parte de jerarquizar la cultura tecnológica, productiva y laboral, como inherente a modelos de desarrollo. Bajo esta orientación, se propone avanzar en un tecno-humanismo antropocéntrico que, por un lado, profundice en el trabajo centrado en la persona, y, por otro lado, promueve la formación continua, que, sustentada en diálogos sociales pivoteados por el estado, se centre en las calificaciones requeridas para un manejo solvente de tecnologías emergentes. El propósito último del diálogo social yace en garantizar transiciones tecnológicas virtuosas hacia trabajos de mayor calificación, contenidos tecnológicos y protección de derechos laborales (Gustavo Gándara).
Asimismo, se entiende que es de alta prioridad el desarrollo de políticas públicas en la región sobre los para qué, qué y cómo de la IA en educación bajo el entendido que la misma impacta en la cognición humana y en los procesos de enseñanza, aprendizaje y evaluación. Se propone que la IA puede constituir una ventana de oportunidades para forjar un espacio regional de investigación, discusión y análisis pedagógico-curricular de cara a incidir efectivamente en mejorar la calidad y equidad de los aprendizajes. Esto implica que el estado asuma un rol protagónico para que la IA se transforme en una de las vías para responder efectivamente a las necesidades de aprendizaje de las personas y grupos más vulnerables (Axel Rivas).
En resumidas cuentas, la voluntad y la capacidad efectiva de proponer en educación y de plasmarlo, radica en buena medida en la apertura y sagacidad de conectar las piezas para responder a desafíos que son inherentemente complejos. El libroLa producido por la OEI en el 2025 busca aportar un marco de referencia posible para conectar con sentido sensibilidades, ideas, enfoques, estrategias y prácticas de cara a formar a las nuevas generaciones para futuros mejores. Se proponen siete dimensiones entrelazadas, a saber: (i) ético-filosófica; (ii) sostenibilidad y desarrollo; (iii) sistémica; (iv) programática; (v) curricular-pedagógica; (vi) docente; y (vi) educativa-tecnológica.