El desarrollo humano con todas sus maravillas y problemas entró en una fase de aceleración cuando Inglaterra comenzó a usar el carbón. Y de hecho en sus comienzos fue ecológico porque sustituía al uso de la madera, cuando la tala de bosques en Europa en el siglo XVI ya generaba escasez de madera y el daño a la biodiversidad inevitable de la deforestación.
Pero eso claro, no era lo que resultaba principal. Lo importante era impulsar el crecimiento, particularmente a partir de la invención de la máquina de vapor, la primera de las cuales, en 1712, fue justamente para desagotar el agua que se acumulaba en el fondo de las minas de carbón.
Fue en 1794 cuando el escocés William Murdock descubrió que el carbón podría usarse para genera luz jugando con su pipa llena de polvo de carbón que se volvía incandescente cuando acercaba su pipa al fuego. Generar luz con carbón tuvo una utilidad ecológica, sustituir el aceite de ballena que abastecían a las lámparas que iluminaban las vías públicas en la noche.
Todavía faltaba tiempo para que la electricidad llegara a los hogares británicos a partir de carbón, transformando no solamente a la industria del mundo si no también a la vida cotidiana que se liberó de las velas de sebo y su luz tan limitada.
La era del carbón para electricidad en Gran Bretaña terminó esta semana, cuando cerró su última planta de generación de este tipo. Este lunes pasado terminaron 142 años de historia con el cierre de la planta Ratcliffe-on-Soar, como parte de la política de Estado de Gran Bretaña de generar toda su energía de fuentes renovables en 2030.
El director de la planta, Peter O’Grady, dijo que fue “un día emotivo”. “Cuando comencé mi carrera hace 36 años, ninguno de nosotros imaginaba un futuro sin generación de carbón en nuestras vidas”, dijo.
El cierre convierte a Gran Bretaña en el primer país del Grupo de las Siete principales economías (G7) en eliminar el carbón, aunque algunas otras naciones europeas, incluidas Suecia y Bélgica, llegaron antes.
El propietario Uniper dice que muchos de los 170 empleados restantes permanecerán en sus puestos durante un proceso de desmantelamiento de dos años.
El ministro de Energía, Michael Shanks, dijo que el cierre de la planta “marca el final de una era y los trabajadores del carbón pueden estar orgullosos de su trabajo impulsando a nuestro país durante más de 140 años. Tenemos una deuda de gratitud con las generaciones como país. La era del carbón puede estar terminando, pero una nueva era de buenos empleos energéticos para nuestro país recién está comenzando”, dijo.
Y mientras eso pasaba de aquel lado del Atlántico, en esta, otra etapa histórica empezaba. El acuerdo para revivir una planta nuclear abandonada en EEUU se anunció la semana pasada ¿con qué objetivo? Alimentar a la casi infinita necesidad de energía de la inteligencia artificial, que parece estarnos manipulando para que la hagamos crecer, una tarea que requiere muchísima energía.
El cerebro es en nuestro ser, un órgano tremendamente demandante de energía, unos 60 gramos de glucosa cada día, todos los días. Para nuestro cuerpo, el cerebro cuesta muy caro en términos energéticos. Para nuestra civilización, el cerebro global en construcción no será distinto. La demanda por energía se dispara locamente para alimentar data centers, multitudes de poderosas computadoras conectadas analizando monumentales cantidades de datos. Energía y agua para refrescar ese esfuerzo cognitivo.
Microsoft cerró un acuerdo de 20 años para comprar energía de una planta nuclear inactiva que volverá a funcionar. Y no se trata de una planta cualquiera: Three Mile Island, la instalación en Londonderry Township, Pensilvania, que fue el lugar del peor accidente nuclear de la historia en suelo estadounidense cuando se produjo una fusión parcial de uno de sus reactores en 1979.
La necesidad de los gigantes tecnológicos de impulsar sus crecientes esfuerzos en materia de inteligencia artificial (IA), lleva a que la Three Mile Island no sea la única planta que se está recuperando del retiro.
Este regreso ocurre con un fuerte apoyo crediticio del Departamento de Energía de Estados Unidos, que considera que las plantas nucleares son una fuente de electricidad con bajas emisiones de carbono, y así una estrategia válida de ayudar al país a cumplir los ambiciosos objetivos climáticos que ha planteado la actual administración Demócrata.
“Es la primera vez que se ha intentado algo así, que sepamos, en todo el mundo”, dice Jason Kozal, director de la división de seguridad de reactores en una oficina regional de la Comisión Reguladora Nuclear (NRC) de Estados Unidos en Naperville, Illinois, y copresidente de un panel regulador que supervisa el reinicio de Palisades otra planta nuclear que reabrirá en 2025 .
El fin del carbón y del resto de las fósiles y la estampida que da la demanda de la mano de la Inteligencia Artificial ponen a Uruguay en el centro de un potencial nuevo rubro exportador que puede ser la celulosa de la próxima década, exportar energía no fósil, ya sean combustibles sintéticos, hidrógeno o quien sabe que formas se vayan desarrollando. El sol, el viento, las olas, y una nueva agricultura de la que ya despuntan varios cultivos oleaginosos de los que poco sabíamos en la década pasada (carinata, camelina, pongamia) pueden ser los primeros signos de una revolución que está llegando y cuya magnitud es probablemente ilimitada. Hay ciertamente otros componentes, la necesidad de combustibles sustentables para la aviación, de metanol para el transporte marítimo y de combustibles sintéticos tal vez también para los automóviles. La aceleración del desarrollo no se detendrá si como especie que se supone inteligente, salimos a tiempo de las energías fósiles en una revolución de nuevas energías sin precedentes. Y para eso aquí estamos con nuestra viento, sol, agua e ingredientes agrícolas. La Noruega de las renovables tal vez. En plena campaña electoral ¿cómo no se habla más de algo tan potencialmente importante?