No era fácil llegar. La distancia se hacía mayor en función de los medios y de las rutas. Si en auto o en ómnibus, por la ruta 9, estrecha y peligrosa por las hileras de eucaliptos que la bordeaban. Se llegaba a Maldonado por el norte, la Laguna del Diario conectaba directamente con la bahía, no había paso. Lo más rápido era el tren, recién incorporado al Estado y por tanto todavía con el buen trato, la prolijidad y la velocidad de un servicio inglés.
La ONDA pujante y servicial llegaba al extremo de ir a buscar a domicilio a los pasajeros!… y por supuesto de acercarlos al regreso. El guarda habitual se llamaba Pedrito, aún recuerdo su voz urgiendo a mi padre para que subiera camino a tomar exámenes en Montevideo.
Para quienes no teníamos heladera eléctrica aún, el servicio de la fábrica de hielo, desde la parada 2, se concretaba en grandes barras que se cortaban a pedido del cliente. La leche la arrimaba Cabrera, en su vieja camioneta Ford, que transportaba grandes tarros de los cuales media un litro en un jarro apropiado.
En la propia península, vivíamos en Calle 8 esquina Calle 2, en los solares aun vacíos, don Máximo no solo ordeñaba un par de lecheras, sino que plantaba maíz, de cuya barba nos servíamos para armar los primeros y furtivos cigarrillos.
Tiempo de los Lobato, como familia dominante en la pesca, Larrosa, el carpintero, que con cuyo hijo el Profesor Dilamar mantenemos amistad, del Capitán Kaloper y su emblemática lancha Tutti, de solo un muelle de madera en el puerto que seguramente miraba azorado a la novel escollera de material que le venía a acompañar... De los veleros famosos: "Joanna", "Barataria", "Huaglen", que admiramos desde nuestro diminutos "fin keeles" del Yacht Club, que no era tanto.
Restaurante como juntadera de marinos, algunos recién aprendiendo los misterios de la navegación a vela que nos impartía tanto Perez, Roberto, como el "Negro", baqueanos en el mar y criollos en tierra. Los zapatos los remendaba el gallego Pombeiro, infaltable con su licor de café de imposible consumo. Cuando Herrera pasaba su semana en casa, con una sola concesión al calor del estío: saco de hilo conservando cuello duro y corbata. Tiempo en que el Diputado Anfuso, colorado, llegaba con un frasco de colonia para el caudillo blanco. Las farmacias se agrupaban políticamente. La Menafra y la Anfuso coloradas, la Ituzaingó blanca herrerista, hasta hoy...
Mr Little armaba finas joyas de hilo de oro, las tiendas Sader y Stern nos vendían alpargatas, el Vasco Iturria deleitaba con sus mejillones en Mariskonea, las panaderías eran la Plus Ultra y la Punta del Este. Nos reparaba la bicicletas el Toto Mari. Con ellas jugabamos al "polo" al costado del faro y al caer la tarde asistíamos al lento y apacible encuentro de bochas frente a la iglesia de la Candelaria en la cual rezabamos los domingos.
Recién se iniciaba el rito de las chivitos en el "Mejillón", el cine era en el Ocean o el España y este último permitía dejar las bicicletas en la sala.
Cuando se inauguró el edificio Miguez (de cuatro pisos) el comentario fue "se acaba Punta del Este".... y así fue para quienes tuvimos el privilegio de aquellos tiempos dorados de la joven edad. Lindo haberlo vivido para poderlo contar...
Luis Alberto Lacalle Herrera fue presidente de la República (1990-1995). Es nieto del caudillo blanco Luis Alberto de Herrera y padre del expresidente Luis Lacalle Pou.