La obesidad alcanzó niveles epidémicos a nivel global. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2022 aproximadamente el 16% de los adultos eran obesos (IMC ≥30), más del doble que en 1990. Si se suman quienes tienen sobrepeso (IMC ≥25), la cifra asciende a 2.500 millones de adultos, es decir, el 43% de la población mundial. Aún más preocupante es el aumento de la obesidad mórbida (IMC ≥40), que afecta a más de 64 millones de personas y conlleva los mayores riesgos para la salud.
Uruguay no escapa a esta tendencia. Más de 6 de cada 10 adultos tienen exceso de peso, y cerca de un tercio sufre obesidad. En detalle, el 33,3% de las mujeres y el 27,7% de los hombres adultos viven con obesidad, cifras superiores al promedio latinoamericano (30,7% y 22,8%, respectivamente). Esto posiciona al país entre los de mayor prevalencia en Sudamérica, con una tendencia que sigue en ascenso. Las consecuencias para la salud pública son graves: más enfermedades crónicas, mayores costos sanitarios y una calidad de vida deteriorada para quienes la padecen.
Más allá de los problemas clínicos, la obesidad mórbida también supone desafíos logísticos en la atención médica, especialmente cuando es necesario trasladar o movilizar a los pacientes. Muchos tienen movilidad reducida o están postrados, lo que hace imposible utilizar métodos convencionales. La película "La Ballena", por la que Brendan Fraser ganó el Oscar en 2023, puso en primer plano esta realidad: el protagonista, Charlie, es un profesor con obesidad mórbida cuya limitada movilidad es una barrera casi infranqueable para su vida cotidiana.
En emergencias y traslados médicos, una ambulancia estándar no es suficiente. Las camillas comunes y los equipos de elevación tradicionales tienen límites de peso y tamaño. Mover a un paciente de 200 kg o más sin equipamiento adecuado implica riesgos tanto para el paciente (caídas, traumatismos) como para el personal de salud, que puede sufrir lesiones músculo-esqueléticas. A veces, incluso la infraestructura misma se convierte en un obstáculo: puertas, pasillos y vehículos demasiado estrechos pueden hacer que la evacuación de un paciente sea una misión imposible. En casos extremos, los servicios de emergencia han tenido que desplegar operativos inéditos. En Francia, por ejemplo, fue necesario emplear 50 rescatistas y una grúa para evacuar a un hombre de 300 kg que no podía salir de su casa.
En Uruguay, la disponibilidad de recursos especializados es escasa. Actualmente, la única ambulancia bariátrica del país pertenece a UCM Falck. Diseñada específicamente para atender a pacientes con obesidad severa, cuenta con equipamiento adaptado que facilita su movilización y traslado seguro. A diferencia de una ambulancia convencional, esta unidad tiene dispositivos reforzados para manejar pacientes de hasta 300 kg, incluyendo una camilla extra ancha y motorizada que permite elevar al paciente sin esfuerzo manual, rampas desmontables y un sistema de anclajes robustos para garantizar un ingreso y egreso seguro.
Este tipo de equipamiento no solo prioriza la seguridad y comodidad del paciente, sino que reduce drásticamente el riesgo de lesiones para el personal médico. "Los pacientes con obesidad mórbida enfrentan desafíos médicos y logísticos que no pueden ser resueltos con una ambulancia común. Desde la dificultad para obtener accesos venosos hasta la necesidad de equipos de mayor dimensión, cada detalle cuenta para garantizar una atención de calidad", explica el Dr. Carlos Montoya, Gerente Asistencial de UCM Falck.
"Esta ambulancia evita escenarios indignos y dolorosos, como pacientes bariátricos siendo trasladados en la parte trasera de una camioneta rumbo al hospital. Nadie debería pasar por algo así. Muchas veces, ante la falta de un traslado adecuado, estas personas terminan quedándose en sus casas, su salud se deteriora y, en el peor de los casos, pierden la vida porque simplemente no hay una forma segura de llevarlas a un centro de atención médica", reflexiona Montoya.
Abordar la obesidad mórbida requiere un enfoque integral y multidisciplinario. Entre las principales opciones de tratamiento se encuentran:
- Cambios en el estilo de vida: La alimentación saludable y la actividad física son la base del tratamiento. Sin embargo, en casos de obesidad severa, a menudo no bastan por sí solas.
- Terapia farmacológica: Medicamentos innovadores como la semaglutida (agonista de GLP-1) han demostrado inducir pérdidas de peso del 10–15% en promedio. Más prometedora aún es la tirzepatida, que en estudios clínicos logró reducciones de hasta el 25% del peso corporal. Aunque estos fármacos representan un avance revolucionario, su alto costo y la necesidad de mantenerlos en el tiempo pueden ser barreras de acceso.
- Cirugía bariátrica: Sigue siendo la opción más efectiva para la obesidad mórbida. Procedimientos como el bypass gástrico o la gastrectomía en manga permiten pérdidas de peso sustanciales y sostenidas, además de mejorar o resolver muchas enfermedades asociadas. Se ha observado, por ejemplo, que hasta el 85% de los pacientes con diabetes tipo 2 logran la remisión de la enfermedad tras la cirugía. Aunque conlleva riesgos, los avances en técnicas laparoscópicas han vuelto estas intervenciones más seguras y accesibles.
El desafío de la obesidad mórbida va más allá de la estadística. Se trata de personas enfrentando barreras diarias que comprometen su calidad de vida y su acceso a la salud. Contar con soluciones adecuadas, como ambulancias bariátricas, no solo mejora la atención de estos pacientes, sino que es un paso fundamental hacia un sistema de salud más inclusivo y preparado para los desafíos del siglo XXI.