La administración Trump lanzó una ambiciosa campaña diplomática a nivel mundial para reducir la dependencia de EEUU respecto a China en el suministro de minerales críticos y tierras raras, vitales para el futuro tecnológico y militar del país. Desde acuerdos de inversión con aliados como Argentina y Australia, hasta la intervención estratégica en conflictos, como se vio en Ucrania y el Congo.