A una década de haber puesto fin a la estricta política del "hijo único", China no logra frenar su crisis demográfica. En 2025, la población registró su cuarto año consecutivo de descenso, marcando la tasa de natalidad más baja desde 1949. Las familias citan los altos costos de vida y la presión de criar a un hijo en una sociedad altamente competitiva como obstáculos significativos.