Javier Milei encara la última semana de campaña decidido a ponerse al frente de la maquinaria proselitista: encabezará tres actos de cierre en Córdoba, Rosario y Ezeiza, siempre escoltado por Patricia Bullrich. La Libertad Avanza llega peor de lo esperado, con encuestas adversas, una interna descontrolada entre Karina Milei y Santiago Caputo, y dudas serias sobre la fiscalización en la provincia de Buenos Aires.
El formato elegido apunta a recuperar iniciativa y volumen político en la calle. Córdoba seguirá siendo el faro, Rosario la parada táctica para morder voto independiente y Ezeiza el broche metropolitano con un mensaje de orden, seguridad y “defensa del cambio” frente a un peronismo que LLA asume competitivo. Bullrich, pieza central del dispositivo, funcionará como cinturón de seguridad: presencia, discurso simple, fotos para señalizar control en un momento de turbulencia.
Javier Milei se pone al frente del sprint final de la campaña de La Libertad Avanza
En paralelo, la conducción libertaria llega a esta semana clave con el tablero interno en rojo. La relación entre Karina Milei y Santiago Caputo dejó de ser una discusión táctica para convertirse en un conflicto estructural que desordena áreas, agendas y cadenas de mando. No se trata solo de egos o estilos: las decisiones operativas chocan, los equipos no comparten métricas y las bajadas se pisan. La escenografía del cierre buscará, precisamente, disimular ese ruido.
Las mediciones que circularon el fin de semana no ayudaron. En algunas plazas críticas, la foto de intención de voto se amesetó; en otras, se achicó la brecha con los rivales. No es un derrumbe, pero sí un techo más bajo del que esperaba la Casa Rosada para encarar el tramo final. De ahí la decisión de poner al Presidente arriba del camión y a Bullrich de copiloto: un intento de ordenar el mensaje, cuidar el voto propio y, si aparece, capturar el voto útil antisistema.
Javier Milei en Santiago del Estero
Javier Milei se prepara para el sprint final de La Libertad Avanza inmerso en una interna que no afloja.
La Libertad Avanza con cambios en la fiscalización en la provincia de Buenos Aires
El problema táctico más sensible está en la provincia de Buenos Aires. La salida de Sebastián Pareja del esquema provincial dejó heridas abiertas y un operativo de fiscalización expuesto. Donde debería haber planillas, relevos y logística, hay discusiones por cajas, sellos y lealtades. En La Matanza, distrito determinante, el mapa de escuelas y circuitos todavía exhibe huecos y superposiciones. La alarma es concreta: sin fiscales, cualquier épica se vuelve relato.
En ese epicentro aparece Luis “el Negro” Ontiveros, coordinador de LLA en el partido más grande del país. Su figura concentra quejas y sospechas. Referentes locales hablan de acuerdos incumplidos, desplazamientos arbitrarios y una conducción “fuera de control”. La crítica no es moral sino instrumental: si el jefe de una plaza así no consigue ordenar a los propios, el adversario juega de local. Y en una elección pareja, perder control territorial es regalar recuento.
Patricia Bullrich, la vocera y apuntaladora de La Libertad Avanza
El equipo presidencial lo sabe. Por eso, además de los actos, se activó una operación silenciosa para reforzar la fiscalización. El objetivo: cerrar baches, distribuir responsables por corredor, multiplicar el entrenamiento y asegurar el minuto cero del domingo. En la jerga, “menos épica, más Excel”: quién abre, quién reemplaza, quién lleva actas, quién comunica incidencias. El Presidente puede llenar plazas; sin boletas, lápices y planillas, no hay victoria que aguante.
La presencia de Bullrich no es solo fotográfica. Lleva un tono que el oficialismo considera necesario: ley, orden, “reglas claras” en campaña y en comicios. Es, además, un puente con intendentes y comisarios, con punteros que no se fotografían pero pesan a la hora de cuidar boletas. Su incorporación a los cierres también es un gesto a los propios: en medio de la interna, alguien trae protocolo, libreto y una estructura que, con virtudes y defectos, funciona.
Canepa Lubetkin Werthein Bulrrich
El embajador de Uruguay en Argentina, Diego Cánepa, el canciller de Argentina, Gerardo Werthein, el canciller de Uruguay, Mario Lubetkin, y la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich
Pablo Cuarterolo
El discurso de Milei en esta recta final será de contraste alto. Volverá a la identidad: “terminar lo que empezamos”, “no volver al fracaso”, “defender la libertad y el orden”. Habrá contención para el electorado castigado por la economía y un mensaje dirigido a los que dudan: el costo del ajuste ya se pagó, lo que viene —prometen— es el alivio. La clave será no sobreactuar triunfalismo y, al mismo tiempo, evitar el tono de derrotismo que desmoviliza.
En la cocina de campaña, el dilema está claro: ¿se ordena la política para que el mensaje llegue limpio, o se insiste con la lógica de shock permanente que tantas veces sirvió para marcar agenda? La respuesta, por ahora, es híbrida. Actos masivos con estética de 2023, pero una línea más ejecutiva: plan, cronograma, metas, fiscalización. Si la interna baja el volumen esta semana, Milei puede capitalizar su liderazgo. Si no, la foto del cierre será apenas maquillaje.
La elección, en definitiva, se jugará en tres planos: narrativa, territorio y control del comicio. La narrativa la aporta Milei con Bullrich como ancla. El territorio depende de que la provincia no se deshilache y de que La Matanza deje de ser un sismógrafo. Y el control, de que la fiscalización se vuelva una ingeniería y no un deseo. La Libertad Avanza quiso llegar mejor; llega con lo puesto. Ahora, la política y la logística dirán cuánto pesa cada error.