17 de octubre de 2026 10:04 hs

Faltando pocos días para la Navidad, el 21 de diciembre de 1988, el vuelo 103 de la aerolínea Pan Am despegó del aeropuerto de Heathrow, en Londres, con destino al aeropuerto John F. Kennedy de Nueva York.

38 minutos después, cuando el avión se encontraba sobre Escocia, a unos 9.400 metros de altura, explotó una bomba escondida dentro de una maleta en la bodega.

El avión se partió en pedazos y en 46 segundos se precipitó sobre el pueblo de Lockerbie.

Las 259 personas a bordo –entre pasajeros y tripulación- murieron en el acto, al igual que otras 11 personas en tierra. 190 pasajeros eran estadounidenses, 21 de otras nacionalidades.

El horror que dejó el atentado es difícil de describir: casas destruidas y envueltas en llamas, trozos de metal retorcido de la aeronave, cuerpos desparramados por el suelo, otros aún amarrados a sus asientos y restos de pertenencias y maletas desperdigados por una superficie de cerca de 2.200 km².

El que aún hoy se considera el mayor atentado terrorista en suelo británico tomó a este somnoliento pueblo escocés de unos 4.000 habitantes -y poco habituado a la presencia de los medios- por sorpresa.

Pero en medio del espanto surgió un sentimiento de solidaridad que movilizó a toda la comunidad de Lockerbie.

"Creo que todo el mundo quería hacer algo (...) Querías hacer algo en lugar de quedarte ahí sentada, y echar una mano", contó Elma Pringles en un video publicado por el FBI en 2018, para conmemorar los 30 años del atentado.

Restos del avión de Pan Am 103
Getty Images
El avión explotó menos de 40 minutos después de que despegó del aeropuerto de Heathrow en Londres.

Pringles recordó junto a otras dos mujeres –Josephine Donaldson y Moira Shearer- cómo la gente empezó hornear magdalenas, bizcochos y otros dulces para reconfortar a quienes trabajaban en el terreno buscando primero sobrevivientes y luego todo aquello que pudiera servir como evidencia para investigar el siniestro.

Ellas tres fueron además las impulsoras de un grupo de mujeres locales que se organizó para lavar los uniformes de los soldados y la ropa de las víctimas para devolvérselas a sus familias, junto con otras pertenencias.

Fue un gesto simple, compasivo, que requirió de un esfuerzo enorme, pero que ayudó a devolverle la dignidad a las víctimas y significó mucho para las familias que lloraban a sus muertos al otro lado del océano.

La historia de estas mujeres –las "laundry ladies" o lavanderas- quedó plasmada en la coproducción de la BBC y Netflix que se estrenó recientemente en dicha plataforma, "Bomba en el Pan Am 103".

Prenda por prenda

La policía clasificaba las prendas y objetos hallados en la escena del crimen con el objetivo de identificar a qué pasajero habían pertenecido.

Cada ítem recuperado contaba con una descripción precisa y un número correspondiente al sector del lugar del accidente en el que se había encontrado.

Si el objeto no constituía evidencia para la investigación, se almacenaba en un galpón en desuso habilitado para tal fin semanas después del atentado.

Y allí, en una lavandería improvisada, un grupo de voluntarias –del que formaban parte Pringles, Donaldson y Shearer- se organizaban por turnos para limpiar las manchas de hollín, barro y sangre de las prendas de las víctimas, plancharlas y doblarlas.

Una de las voluntarias, en la serie de Netflix, plancha la ropa recién lavada de las víctimas.
Netflix
La serie de Netflix hace énfasis en el rol crucial que cumplieron las "laundry ladies".

Envolvían la ropa cuidadosamente en papel de seda y la guardaban con los objetos personales en una caja de cartón que más tarde enviaban a los familiares junto con una nota escrita a mano.

Era un trabajo sencillo, pero requería estómago. No todas las voluntarias pudieron enfrentarse a la crudeza de lo que tenían delante, y poco a poco su número fue mermando.

"Había cuatro grupos de dos personas, es decir, ocho por la mañana, y a la hora de comer se hacía un cambio, así que, para empezar, vendrían unas 16 voluntarias cada día", le explicó Pringle al FBI. "Todo el mundo quería hacer algo para ayudar".

Decenas de miles de artículos personales fueron recuperados en Lockerbie y sus alrededores: desde zapatos, maletas, joyas, libros y diarios íntimos, hasta rollos de fotos de ese último viaje aún sin revelar.

Fue una tarea que tomó más de un año. E incluso siete años después, otras mujeres hicieron lo mismo con la ropa de las víctimas que hasta ese entonces habían sido retenidas como evidencia forense.

Mucho más que lavanderas

En un reportaje de 2018 de la BBC, Josephine Donaldson recordó que al llegar a su casa tras la explosión vio en su propio jardín un bolso tirado en el suelo.

"Lo abrí y dentro había tarjetas de cumpleaños para celebrar los 21 años de una chica", explicó.

"Se llamaba Nicole Boulanger y había cumplido 21 años el 28 de octubre de ese año".

Cuando encendió el televisor para seguir las noticias, Donaldson vio a la madre de Nicole esperando en el aeropuerto de Nueva York.

"Me sentí muy, muy triste", dijo.

"La madre había ido a buscar a su hija al aeropuerto y se enteró de que el Pan Am 103 se había estrellado. Me resultó muy extraño tener el bolso de la chica".

Voluntarias y una policía trabajando en el galpón donde se almacenaban las pertenencias de las víctimas. Imagen de la serie de Netflix.
Netflix
En la serie, una coproducción de la BBC y Netflix, se aprecia el esfuerzo de las voluntarias para darle consuelo a las familias de las víctimas al otro lado del océano.

"Y ahí fue cuando decidí que cuidaría de esa chica y siempre pondría una flor en el jardín para ella".

Más tarde, trabajando en la lavandería, Donaldson encontró un portafolio que le llamó la atención. Pertenecía a una de las estudiantes que había viajado en el vuelo.

"Contenía unas fotografías preciosas, y dentro había tarjetas de felicitación por su 21 cumpleaños, el mismo día que Nicole Boulanger".

"Celebró su cumpleaños el 28 de octubre. Se llamaba Amy Beth Shapiro. Desde entonces, siempre me referí a estas dos chicas como 'mis dos chicas'", comentó Donaldson.

Esa dedicación ayudó a forjar relaciones con los familiares de las víctimas. Muchos acudieron a Lockerbie para tratar de asimilar lo que había ocurrido y encontraron consuelo en las lavanderas y otros miembros de la comunidad en Lockerbie.

Algunos necesitaban ver con sus ojos el lugar donde habían encontrado el cuerpo de su ser querido, y los lugareños los acompañaban para mostrárselos.

Y aunque la mayoría en la comunidad está orgullosa de cómo se unieron en un momento de tanto dolor y adversidad, son reacios a destacar la importancia del rol que cumplieron.

"Creo que fue una de esas cosas que pasan, ¿no? La verdad es que en aquel momento ni siquiera nos lo planteamos. Simplemente, creo que todo el mundo quería hacer algo", dijo Pringle.

"Hay mucha gente en Lockerbie a la que nunca llegaremos a conocer, pero que fue muy amable, hizo mucho por los demás y nunca dijo ni una palabra al respecto", agregó Shearer.

Caso sin resolver

Casi cuatro décadas después, lejos de estar cerrado, el caso no ha sido resuelto.

En 2001, un tribunal escocés que sesionó en los Países Bajos (país neutral) dictaminó que el atentado era un acto de terrorismo patrocinado por el Estado y llevado a cabo por los servicios de inteligencia libios.

Casas destruidas por la caída del avión de Pan Am
Getty Images
Los daños que causó la explosión del avión fueron enormes.

Tres jueces determinaron que Abdelbaset al-Megrahi, un agente de los servicios de inteligencia libios, formaba parte del complot y lo declararon culpable de haber desempeñado un papel fundamental en el atentado. Otro acusado, Al Amin Khalifa Fhimah, fue declarado inocente.

Al-Megrahi debía cumplir cadena perpetua en Escocia, pero fue repatriado a Libia en 2009 por motivos humanitarios tras serle diagnosticado un cáncer. Falleció en 2012.

Algunos familiares de las víctimas británicas sostuvieron que Megrahi era inocente y que los verdaderos culpables eran Irán y un grupo respaldado por Siria, el Frente Popular para la Liberación de Palestina-Comando General.

Diez años más tarde, en 2022, el libio Abu Agila Mas'ud Kheir Al-Marimi, conocido como Masud, fue detenido por las autoridades estadounidenses tras ser sacado de su domicilio en Trípoli.

Masud se encuentra a la espera de juicio en Estados Unidos acusado de fabricar la bomba que destruyó el vuelo 103 de Pan Am.

El proceso, que estaba previsto que comenzara en agosto de este año, fue postergado por tercera vez para enero de 2027.

FUENTE: BBC

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