Una discusión a contrarreloj
“Arrastrar más de 20 años de negociación nos ha llevado mucho a la desconfianza del proceso, lo que tal vez nos hizo perder alguna oportunidad de picar en punta y nos encontramos con esta realidad de que en un par de meses tuvimos que hacer el trabajo que se podría haber hecho antes”, advirtió la subsecretaria de Cancillería, al describir el escenario hacia la entrada en vigor del acuerdo.
En el plano técnico esto se traduce en que uno de los principales cuellos de botella sigue siendo la distribución de cuotas dentro del bloque (contingentes arancelarios que permiten exportar volúmenes específicos de productos con condiciones preferenciales), especialmente en rubros sensibles como la carne bovina. En este caso, el acuerdo prevé un cupo de 99.000 toneladas con un arancel del 7,5%, un volumen que, por su magnitud y valor, concentra buena parte de la tensión negociadora.
“Es obvio que los cuatro países queremos la mayor cantidad de carne bovina posible”, resumió Csukasi.
En ese frente, la discusión entre los socios de Mercosur se mantiene aún abierta y su definición condiciona a la de otros sectores.
Paraguay, por ejemplo, impulsa un criterio de reparto equitativo de todas las cuotas, “un cuarto para cada uno”, una posición que busca consolidar su crecimiento reciente y una “reivindicación de país pequeño”. Brasil, en tanto, juega con el peso de su escala: “es un megaproductor” y “siempre va a querer maximizar al límite sus ganancias”.
La dificultad, sin embargo, no es solo política sino también metodológica. Sobre la mesa conviven múltiples criterios posibles de asignación, desde antecedentes históricos hasta proyecciones de crecimiento.
Un viejo acuerdo entre privados de 2004, reiterado en 2010, proponía una distribución de 42,5% para Brasil, 29,5% para Argentina, 21% para Uruguay y 7% para Paraguay, pero hoy es rechazado por haber sido construido exclusivamente desde el sector cárnico, en un contexto en el que el acuerdo actual abarca cerca de una veintena de cuotas.
A nivel de estado de situación, detalló que las negociaciones continúan abiertas y con una dinámica intensa. Desde hace semanas se realizan encuentros técnicos intra-Mercosur con frecuencia semanal, además de instancias de intercambio con la propia Unión Europea. Sin embargo, el avance está condicionado por el destrabe del capítulo cárnico.
“El acuerdo en las otras cuotas va naturalmente a generarse en el momento que nos pongamos de acuerdo con la carne”, explicó Csukasi.
En paralelo, desde el Ministerio de Economía, el coordinador de la Unidad de Negociaciones Comerciales, advirtió sobre la necesidad de incorporar una mirada estratégica en la discusión: “Para Uruguay lo que está en juego en tres o cuatro cupos es mucho más que lo que está en juego para Brasil”.
Los expertos subrayaron además que la asignación no debería limitarse a la foto actual, sino contemplar el desarrollo futuro de sectores como la cadena aviar, que podría beneficiarse de acceder a mercados de alto valor como Europa.
El calendario, sin embargo, impone presión, ya que a partir del 1° de mayo comenzará la reducción de aranceles tanto para exportadores como para importadores. En este contexto, el riesgo de no alcanzar un acuerdo a tiempo no es menor.
“Si llega el primero de mayo y no se ponen de acuerdo, es la ley de la selva, el que llega llega”, advirtió Csukasi, en referencia a un escenario donde el acceso a las cuotas podría quedar determinado por la velocidad y capacidad operativa de cada país y sus exportadores.
Uruguay, con un sector exportador “extremadamente profesional”, vínculos consolidados en Europa y reconocimiento en estándares sanitarios, parte con algunas ventajas relativas. Sin embargo, también enfrenta la limitación de escala frente a vecinos con mayor volumen.
A esto se suma que, incluso con el acuerdo en vigor, persistirán incertidumbres.
“Tenemos que ser extremadamente honestos con que, el primero de mayo, cuando este acuerdo esté en vigor, todavía van a quedar muchísimas dudas”, reconoció la subsecretaria.
Lo que queda por resolver más allá de las cuotas
A nivel operativo, la implementación del acuerdo plantea un desafío igual de exigente que la propia negociación. En ese marco, la directora de Opypa advirtió que “hay un montón de brechas regulatorias” que hay que ir cerrando, algunas más urgentes que otras.
En este escenario señaló el trabajo se está llevando adelante junto a los servicios sanitarios y estatales para asegurar el cumplimiento de las exigencias europeas, en línea con los estándares que históricamente ha mantenido Uruguay. Según explicó, se trata de aspectos altamente técnicos, muchos de los cuales se buscará encauzar a través de herramientas como la reciente ley de competitividad e innovación impulsada por el Ministerio de Economía.
Desde la perspectiva del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), el foco también está puesto en llegar a tiempo con la operativa lista. El coordinador de la Unidad de Negociaciones Comerciales aseguró que “ha sido un trabajo muy intenso”, pero afirmó que la Dirección Nacional de Aduanas estará preparada para que, desde el 1° de mayo, los productos ingresen con los beneficios del acuerdo. Como parte de ese despliegue, el MEF prevé habilitar un sitio específico orientado a la Unión Europea con información relevante para los operadores.
Las oportunidades de negocio
El acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea es leído por el gobierno como un punto de inflexión en la estrategia de inserción internacional del país.
“Es una muestra de que esa apuesta histórica y reclamo del sector productivo y exportador de mejorar la inserción del país y las condiciones de acceso a determinados mercados finalmente se cumple y llega a este punto de quiebre que va a cambiar sustantivamente”, afirmó Csukasi.
En la misma línea, Arimón subrayó que “en un país pequeño como Uruguay la necesidad de acuerdos comerciales es una política de Estado.
Desde el frente agropecuario Durán, planteó que si bien hay sectores con más y menos oportunidades, a largo plazo, el impacto macroeconómico será positivo.
En ese sentido, el Ministerio de Ganadería ya trabaja con los rubros más desafiados, como vino o quesos, en coordinación con instituciones como Inavi e Inale, mientras avanza en el diseño de un sistema de monitoreo y en políticas de acompañamiento para la transición. Al mismo tiempo, la jerarca sostuvo la importancia de buscar nichos donde Uruguay podría transformar potenciales amenazas en oportunidades, apostando a la diferenciación por calidad.
“Podríamos transformar la posible amenaza en oportunidades, porque son sectores que pueden lograr diferenciarse en términos de calidad. Y como tienen una producción que en volumen es pequeña, podemos conseguir nichos de mercado de alto valor en Europa y aprovechar el acuerdo”, sostuvo.
El acuerdo también abre un frente relevante del lado de las importaciones. Según Arimón, la reducción arancelaria no solo impactará en precios al consumidor, sino también en el acceso a bienes de capital e insumos productivos, lo que podría mejorar la competitividad local e incluso generar efectos dentro del propio Mercosur. En algunos casos, detalló, estos insumos podrán ser considerados originarios, facilitando que sectores industriales hoy marginales puedan cumplir reglas de origen y acceder a beneficios arancelarios intrabloque.
En las proyecciones, sostuvo el integrante del MEF, se estima un incremento del entorno del 2% del PIB, una suba de 2,5% en el consumo y un aumento de hasta 12% en las ventas hacia la Unión Europea.
“Si se concretan todos los proyectos que tenemos en carpeta podemos pasar a tener más del 80% de las exportaciones de Uruguay cubiertas por algún tipo de acuerdo o preferencia comercial”, adelantó Csukasi, en referencia a negociaciones en curso como Mercosur-Canadá, Mercosur-Emiratos Árabes, la posibilidad de avanzar con India, la agenda bilateral con Perú y el eventual ingreso al acuerdo transpacífico.