25 de agosto de 2026 5:00 hs

Cruzando por la calle Buenos Aires, atravesando Ciudadela, cortando por Bartolomé Mitre o yendo por la retaguardia que delinea Reconquista, no se puede evitar: el Teatro Solís se te cae encima. Pasan los años, las décadas, y su imponencia sigue aligerando la sangre de quienes lo circundan. A veces uno se olvida de que está ahí, como una especie de ser mitológico que habita en uno de los rincones más ventosos de la capital, y recuerda que la belleza y el esplendor también están (o estuvieron) al alcance de Montevideo. Pero el shock regresa fácil. Lo curioso es que verlo desde afuera ni se compara con pisar su damero masónico por primera vez, o ese momento en que sala mayor abre sus cortinas y promesas. La araña se apaga, el telón se levanta, y la sensación queda instalada y no se va más.

Este martes 25 de agosto, el Solís festeja los 170 años de su inauguración. Oficialmente las obras comenzaron en 1842 bajo el diseño del arquitecto italiano Carlo Zucchi, pero el sitio de Manuel Oribe a Montevideo dilató la apertura hasta 1856. El 25 de agosto de ese año, el teatro de Montevideo levantó el telón con la ópera Ernani de Verdi y pautó el comienzo de una historia transversal a la ciudad, de la que sigue siendo un motor primordial en materia cultural.

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¿Cómo fue la primera vez que entraste al Teatro Solís?

Florencia Zabaleta

Actriz de la Comedia Nacional

Estamos en agosto de 2026 y en la Comedia participamos en un taller con Stefan Metz sobre la memoria. Nos comparte algunas lecturas y ejercicios del arte de la mnemotecnia.

Nos entrenamos en la técnica del palacio o de la pintura: formas de organizar la información en un espacio físico o en un cuadro.

Unos días después del taller me preguntan sobre mi primera vez en el Teatro Solís. Soy actriz, debería recordar mis primeros pasos en ese templo que hoy es mi casa, pero no los recuerdo. Respondo que no tengo una gran anécdota sino recuerdos difusos. Es cierto. Me esfuerzo pero no puedo ordenar las imágenes. No puedo recordar si la primera vez fui a ver una obra o fui a trabajar.

Recuerdo que recibí al público de la temporada infantil siendo clown en un invierno de no sé qué año. Aún era estudiante de teatro y patinaba por el damero emblemático de las galerías. Recuerdo también que me deslumbró Estela Medina en Las mil y una noches. Con esa obra se reabrió el Solís después de la última reforma y seguramente fue la primera a la que acudí como público. No recuerdo nada antes, o sí.

Era el año 1994 y yo estaba en sexto año de escuela. Iba a la escuela N°1 de Maldonado. Nuestro viaje de fin de año, como se acostumbraba en aquella época, fue ir a la capital. Visitamos el Palacio Legislativo, la planta de Conaprole, donde nos regalaron Colet y alfajores. También fuimos a la Plaza Independencia, al Mausoleo y a la explanada del Teatro Solís. No entramos. Eso lo recuerdo. Lo vimos desde afuera. Nos deslumbramos y seguimos.

Un año después, yo empezaba a estudiar teatro. En aquel momento, no imaginaba nada de lo que pasaría después. Podría decir que ese edificio hermoso y monumental me invitó a entrar y nunca me soltó. Eso no pasó, pero pasó.

En el 2006 fui invitada por la Comedia Nacional para participar de una obra en la sala principal. Y ahí sí recuerdo. Recuerdo que la belleza de la sala desde el escenario me enamoró. Hasta el día de hoy, en cada saludo después de la función, me asombra la magnificencia, la magia y la poesía. La forma sutil en que las tulipas se van encendiendo, el reflejo de la araña, el terciopelo rojo, las sonrisas y los ojos del público iluminados. La sensación de ser un granito de arena en la larga historia del teatro y de la humanidad.

Tal vez no sea tan malo no poder recordar. Cada vez, será la primera.

Yamandú Lasa

Encargado de comunicación del Solís

Recuerdo claramente la primera vez que asistí al Teatro Solís. Tenía 5 años y fue para ver la muestra de fin de año de mi hermana, quien asistía a una escuela de ballet. De aquella época tengo grabada una imagen en mi memoria que es bastante oscura, y que creo que es reflejo de una época. La fachada, las puertas, incluso la iluminación, distaban mucho del Teatro Solís que reconocemos, cuidamos y defendemos actualmente: un teatro activo, vivo y con proyección.

Aquella primera vez también pude acceder a los camarines, y la energía que transmitía cada rincón quedó grabada en ese niño, que ni imaginaba (o quizás en algún punto, sí) que tantos años después pasaría a ser su lugar de trabajo, que más de trabajo, es un espacio de crecimiento y de gran desarrollo profesional para todos quienes lo habitamos.

María Girard

Archivóloga del Centro de Investigación, Documentación y Difusión de las Artes Escénicas (CIDDAE)

Lo recuerdo muy bien: iba a una entrevista de trabajo, era en una oficina difícil de encontrar en un edificio tan impresionante. Entré para trabajar y cuidar su historia y su presente, para que no se olvide ni se cambie en discursos oportunistas. Para que siempre se conozca su patrimonio.

Martín Jorge

Director del Teatro Solís, director de orquesta

El primer impacto fue cuando era adolescente y mi abuela me trajo a ver una función de Carmen, la ópera. Estuvimos en la platea y tengo un recuerdo muy vívido de esa noche, porque fue una experiencia fundacional: salí de ahí, me fui a casa con la música en la cabeza, y al otro día decidí que quería ser como ese señor que había estado dirigiendo la orquesta, que era Federico García Vigil. Me enteré de que había una escuela universitaria de música, que había una licenciatura en dirección de orquesta, y empecé. Fue una noche de muchos impactos: entrar al teatro, ese mundo dorado y de terciopelo, y de una especie de olor a madera. A partir de ahí empecé a ir frecuentemente a ver óperas y viví todas las experiencias a la hora de entrar, como cuando conseguía alguna entrada en la tertulia o en la cazuela y no entrabas por el hall, sino que ibas por por los costados directamente o el Paraíso. Pero después, dependiendo de los actos que tenían las óperas, ibas viendo abajo en la platea que algunos asientos quedaban vacíos, y bajaba las escaleras para ir cambiándome de butacas y al final terminaba saliendo por la puerta principal.

Teatro Solís

Teatro Solís

Eneida de León

Exministra de Vivienda, arquitecta encargada de la reapertura del Solís en 2004

Quedamos pocos vivos de los que entraron al Solís antes del incendio, que fue cuando se cerró para restaurar y preservar su estructura de madera. También se podía ver el deterioro de butacas y terciopelos, y de los bronces que hubo que restaurar. Fui a algún concierto y actuaciones de la Comedia, y era impresionante entrar al Solís por el tamaño de la sala. Solo había asistido a los teatros independientes hasta que fui al teatro más grande de Montevideo. Ahora el Auditorio del Sodre es la sala más grande.

José Miguel Onaindia

Director de la Comedia Nacional

En el Solís anterior a la reforma solamente estuve en El Águila comiendo. Habitualmente cuando viajaba a Punta del Este o a alguna otra playa pasaba por Montevideo, me quedaba un par de días y aprovechaba para ver cine y para pasear por la ciudad, pero nunca coincidí con ninguna función. En el año 2006 acompañé a dos grandes amigos argentinos, Marcela Roggeri, pianista, y a Jean-Pierre Noher, que habían hecho un espectáculo sobre Erick Satie y para la representación en Montevideo incorporaban a China Zorrilla. Creo que viajamos en octubre o noviembre del año 2006 y a China la conocí de la mejor manera, porque pude estar en el backstage y entré con los artistas a los ensayos, pero hubo un problema. China estaba haciendo El camino a La Meca en gira y tenía que viajar desde San Francisco, que es un pueblo de Córdoba, al puerto de Montevideo para llegar al ensayo. Justo el transporte que la trasladaba de San Francisco a Buenos Aires se rompió y tuvo que conseguir un remise de apuro, alguien que se apiadara de ella. Cuando llegó, como estaba muy cansada, su hermana Inés le aconsejó que se fuera a descansar para llegar bien a la función, que hizo prácticamente hizo la función sin "a toro", sin ensayo previo. Y fue su última representación en el Teatro Solís, según mi registro. Así que esa fue mi primera vez en este Solís renovado, en el que años después trabajaría y que sería el escenario de mi vida cotidiana, de la mejor manera posible: con la gran figura del Río de la Plata haciendo un trabajo extraordinario y soberbio de actuación.

Malena Muyala

Exdirectora del Solís, cantautora y música

La ansiada primera vez que ingresé al Solís fue con mi padre a vivenciar a la orquesta de Osvaldo Pugliese. Esa orquesta me remitía a las pocas instancias compartidas con él a principios de los 70, cuando escuchábamos sin parar al maestro en un tocadiscos de madera, en mi San José natal.

La segunda fue a cantar antes de la orquesta de Osvaldo Pugliese en el Quinto festival de tango de Montevideo en el año 92.

Luego vinieron las presentaciones, el grabar mis dos primeros videoclips en un Solís en obras, el recibir la distinción de Ciudadana Ilustre de Montevideo en su Sala Delmira Agustini. El último encuentro duró casi cinco años, cuando día a día me honró ser su directora.

Y cada vez, sucedió.

La veneración ante su majestuosidad, la complacencia ante su familiar cercanía, el orgullo ante su belleza y la gratitud ante su generosidad de haber atravesado el tiempo como faro y espejo en la vida de la ciudad.

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