"Una foto con suerte", la asunción de Luis Lacalle Pou y el retrato de Gastón Britos que pasó a la historia
Una foto al presidente es un ciclo de entrevistas de El Observador que ahonda en la historia de los retratos presidenciales y el rol de la fotografía en cómo se cuentan tanto los gobiernos como los mandatarios, con el testimonio de quienes capturaron la historia
Embed - La historia detrás de la foto oficial de Luis Lacalle Pou
El peso de la banda presidencial acaba de caer sobre su cuerpo. Luis Lacalle Pou sonríe y toca con suavidad los hilos bordados del escudo nacional que ahora descansa sobre su pecho. El presidente saliente, Tabaré Vázquez, aplaude a su lado la continuación democrática luego de investir al 42° mandatario del Uruguay.
Era un día atípico para Gastón Britos. El fotógrafo había empezado horas antes su primera cobertura de una asunción de mando en el Palacio Legislativo y sabía que sería una jornada de esas que se imponen en la memoria.
“Para mí era todo nuevo”, dice a El Observador desde la sala del Palacio Estévez en la que el presidente salió a saludar a los uruguayos y las uruguayas que lo esperaban bajo el sol de marzo en la Plaza Independencia. Allí donde estaba el fotógrafo, mochila al hombro y cámara en mano; hasta que la seguridad del nuevo gobierno lo acompañó hasta afuera del perímetro vallado: no estaba autorizado para trabajar en ese lugar.
Parado debajo del edificio que alguna vez fue la sede del Poder Ejecutivo, decidió rodear la plaza. Volvió a entrar desde el flanco opuesto con su acreditación sobre el pecho, detrás del desfile militar que pasaba frente a las autoridades. “En ese momento, cuando termina de pasar el desfile, es cuando el presidente saluda a la gente con la mano en el pecho, y ahí es cuando hago la foto”, recuerda Britos.
Luis Lacalle Pou toca con suavidad la banda presidencial que cruza sobre su pecho con la mano derecha. Sobre el traje negro, la corbata azul y la camisa blanquísima. Sostiene la mirada apenas por encima del objetivo de la cámara, en un gesto calmado. Detrás, la fachada vidriada de la Torre Ejecutiva fracciona el cielo.
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El expresidente Luis Lacalle Pou retratado por Gastón Britos en la ceremonia de asunción, el 1 de marzo de 2020
Gastón Britos
Esa fue una de las 1.200 fotos que tomó ese día. Una más. Una parte de la serie de cuatro fotografías en las que el hasta entonces senador nacionalista se estrenó como presidente. Una foto que no publicó en la agencia que dirige, FocoUy. Publicó, en cambio, la primera imagen de aquella ráfaga fotográfica. Una fracción de segundo antes.
Hasta entonces, la foto oficial del presidente seguía guardada en una carpeta llena de imágenes, a la espera de ser elegida.
Las candidatas que no vieron la luz
El entonces presidente Luis Lacalle Pou y su equipo sabían que tenían que definir cuál sería la foto oficial de su mandato. Sabían, también, que estaban las fotos de su asunción que podían aprovechar. Primero, los fotógrafos del equipo de Presidencia hicieron unas pruebas, en estudio, con la luz controlada, con los colores y la pose controlada, en la que Lacalle Pou se mostraba como lo suelen mostrarse los presidentes en los retratos oficiales: sobrios, elegantes, sonrisas tenues, la iluminación justa.
Con esas dos opciones ya sobre la mesa, el equipo de comunicación del presidente quiso probar una más y llamó a alguien que ya conocían: David Puig, fotógrafo de la campaña de Lacalle Pou en 2014 y autor de una de las imágenes más emblemáticas de su campaña. Era un retrato tomado en el interior del país, con el entonces candidato subido a una camioneta y saludando a la gente. La imagen se convirtió luego en una de las principales piezas de la propaganda electoral de 2019, la campaña que lo llevó al gobierno y en la que Puig volvió a ser su fotógrafo.
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Por esa faceta de retratista, y en un intento por repetir el éxito de aquella vez, el asesor de Lacalle Nicolás Martínez lo llamó para pedirle que intentara algunos retratos más.
Para ejecutarla, armaron un estudio en el piso 11 de la Torre Ejecutiva y probaron varias tomas. Una de las referencias era el retrato oficial del Rey Felipe, de España, que tenía una prevalencia de los tonos azules.
"La foto que le hicimos nosotros es una foto muy elegante. Tenía la banda presidencial y jugábamos la misma paleta que la referencia. Era una foto muy institucional, buscando generar un buen retrato, donde no tirabas ni para un lado ni para otro, ni para arriba ni para abajo. Tenía que ser una foto neutra. Para mí, una foto institucional es la representación de muchos, no de unos pocos, debe representar aquello que es para todo el mundo", cuenta Puig a El Observador.
La foto presidencial del equipo de fotógrafos de Presidencia se había materializado en tonos más rojos, marrones, más cálidos.
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Al verlas todas sobre la mesa, había una que hacía cerrar el círculo a la perfección: era el Lacalle Pou más descontracturado, al aire libre, con la mano en el corazón, en una imagen en la que él tenía el control, era el líder, no había nadie decidiendo por él cómo pararse, cómo sonreir, cómo mostrarse. En la toma de mando, estaba siendo él mismo.
"Una foto con mucha suerte”
Entonces, a Gastón Britos le llegó un mensaje: creían que allí, entre su serie de fotos, podría estar la oficial.
“Ven las cuatro fotos y se quedan con la cuarta. Es después la que todos vimos durante los años siguientes”, señala Britos. Ese momento es el que se exhibió en oficinas públicas, embajadas y representaciones gubernamentales durante cuatro años de gobierno. Ahora el retrato cuelga en una de las paredes del Museo de la Casa de Gobierno y en la sala de la Casa del Partido Nacional junto a la de su padre, Luis Alberto Lacalle Herrera. Una foto que enmarca cinco años de ejercicio de gobierno.
“Para mí fue una foto con mucha suerte”, reconoce Britos cinco años después. Luego de apretar el disparador e incluso después de volver a verla en la pantalla de su computadora, el fotógrafo comenzó a analizar en detalle la composición de la imagen, la simbología de sus elementos, el significado de esa imagen que inmortalizaría al presidente.
Sus manos, su gesto, su mirada. “En ese momento el presidente no me está mirando, justo me paré y atrás mío estaba su familia; estaba su padre, estaba su madre, su hermana, estaban sus hijos. Ahí uno entiende que ese saludo, ese gesto, esa mirada, no era para mi foto, pero esa foto está cargada de ese sentimiento”.
Un retrato oficial, opina el fotógrafo, debe transmitir confianza. Pero, principalmente, la esencia del sujeto fotografiado.
"La foto transmite lo que es la persona, lo que es el presidente en sí. Las fotos de los presidentes no transmiten otra cosa. Acá se mostró un presidente con una mirada –como tienen todos los presidentes– firme, constante, tranquila. Por ese lado transmite seguridad, pero eso lo encontramos, creo que en todas las fotos. Un retrato presidencial debería para mí transmitir confianza principalmente".
Los retratos oficiales de los presidentes uruguayos solían ser una serie de fotos posadas en condiciones controladas. Imágenes capturadas en la privacidad de alguna casa presidencial u oficina pública, lejos de la agitación de la ciudadanía o la carga emotiva del estreno. Sin embargo, la foto del expresidente José Mujica escapó a aquella fórmula y fue elegida de entre las fotografías de su asunción. Y el gobierno de Lacalle Pou lo volvió a hacer: una imagen espontánea, imprevista, documental.
Esa espontaneidad, supone Britos, es lo que hizo que la foto fuera “elegible por el presidente” y una cualidad que le agrega un “valor” extra a la imagen. Una foto, en este caso además, tomada por un fotógrafo que no forma parte del plantel fotográfico de Presidencia. Un reportero gráfico, en su primera cobertura de una asunción presidencial. “Que una foto salga del fotoperiodismo y se convierta en una foto oficial es lo que más valoro. Hay una mirada hacia el trabajo de los fotoperiodistas”, dice Britos.
Un mañana, el reportero estaba haciendo su trabajo junto al resto de la prensa en la puerta de la Torre Ejecutiva. Entre los anuncios de los primeros días de gobierno, el presidente comunicó la decisión: la de Gastón Britos sería la foto oficial.
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Britos, que estaba ahí y no había quitado el ojo del visor ni el índice del disparador, capturó el momento exacto en el que lo escuchó. El reportero se convirtió momentáneamente en la noticia. “Ahí no te das cuenta, pero cuando empezás a caer decís ‘bueno, esa foto quedó como foto oficial, esa foto quedó para la posteridad’. Es mucho. Es muy grande para uno que pasen esas cosas”, dice.
Un hito que, estima, será difícil de igual en el resto de su carrera : “La foto del presidente capaz que sea mi única foto para la historia, posiblemente”.