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4 de enero 2026 - 5:00hs

El día en que murió la madre de Rafael Chinchilla, ninguno de sus hijos pudo despedirla. Fue el último 9 de enero. Rafael y su hermana ya estaban en el exilio. El tercero de los hermanos tenía prohibido el regreso al pueblo, en Los Andes venezolanos, si no quería ser apresado por el régimen chavista. Apenas pudo hacerse presente el viudo de la difunta, quien había sido liberado unas semanas antes tras cinco meses de prisión política por haber intentado defender la democracia en las últimas elecciones. El destino —si es que existe— quiso que al día siguiente fuera la tercera toma de posesión de Nicolás Maduro, uno de los responsables del mayor desplazamiento humano que recuerde América Latina, incluyendo en ese destierro masivo a la familia Chinchilla, y cuya imagen esposado ahora recorre el mundo..

Rafael —fiel a su calidez caribeña pese a venir de una de las zonas más frías y montañosas— busca la dulzura incluso en esa amargura. Apacigua el dolor y las altas temperaturas que aquejan el Centro de Montevideo donde tiene su nueva verdulería, con la afabilidad de una tizana, la auténtica ensalada de frutas venezolana que se bebe con un toque de granadina.

Tizana venezolana

Tizana´s, con un apóstrofe y una “s” al final para darle un toque más chic, fue el nombre que eligieron junto a su pareja —también venezolana— para llamarle a esta verdulería en Mercedes 1430 que incorpora entre sus productos estrella algunas frutas tropicales a la que poco a poco se va abriendo el paladar uruguayo. Pero, tal vez sin pensarlo, la vida misma de Rafael es una auténtica tizana, una mezcla de ingredientes típicos que describen a la reciente inmigración caribeña a la que Uruguay le abrió las puertas.

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Primer ingrediente: la alta calificación

La nariz de Rafael todavía recuerda la picazón que causaban las bombas lacrimógenas que lanzaba la policía militarizada en aquellas protestas estudiantiles de 2017. En el horóscopo chino suelen ponerle un nombre a cada año. Para los venezolanos, el 2017 tuvo un nombre cantado: el año de la escasez.

Rafael era por entonces delegado de los estudiantes, mientras estudiaba Derecho en la prestigiosa Universidad de Los Andes. Fue allí, entre militancia y acampadas, donde conoció a su pareja, la cientista política Nathaly Rivero.

¿Un estudiante avanzado de Derecho y una politóloga trabajando en una verdulería? Las encuestas venías mostrando que la inmigración reciente que llegó a Uruguay está sobrecalificada para las tareas que desempeña. Y los datos del último censo procesados para esta nota muestran que el nivel educativo de quienes llegaron en la última década es (mucho) más alto que la media de los nativos (nacidos en Uruguay).

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Puede que sea que esa calificación no se traduzca en un empleo acorde al estudio, pero Rafael reconoce que fue la base para emprender y para hacer un tránsito lo más seguro una vez que, en el año de la escasez, decidieron huir de Venezuela.

—Aquella formación no valía nada cuando era imposible conseguir un poco de azúcar, de harina de maíz, de la canasta básica.

La militancia estudiantil no les permitía siquiera acceder a puestos públicos, estaban fichados. Y fue entonces que, a través de los puentes, cruzaron a Colombia. La supervivencia allí no fue sencilla, mucho menos en un país que colapsó en la entrega de documentación. Pero otra vez la formación —o mejor dicho los contactos tejidos en aquella universidad venezolana— fueron la clave para la siguiente aventura: Uruguay.

Segundo ingrediente: el aporte multicultural

Los distintos estudios económicos realizados en Uruguay muestran que la inmigración hace un “aporte clave” ante un país con una población en declive y cada vez más envejecida. Más allá de la complementariedad laboral con los lugareños, y que sus inversiones, pagos de impuestos y emprendimientos dan más trabajo.

Los estudios criminológicos refieren a que el inmigrante —al contrario de los que sostiene el mito— tiende a cometer menos delitos que los locales. Y dadas sus ganas de progresar, suelen servir en la pacificación.

Pero rara vez se estudia sobre el aporte cultural de los recién llegados: se aprende en las diferencias. Son palabras, músicas y hasta comidas. Por eso El Observador, aprovechando que Rafael tiene una verdulería, solicitó algunos datos al Observatorio Granjero para saber si la importación de frutas que son base de la dieta caribeña viene creciendo al compás de la inmigración y de la apertura del paladar uruguayo.

El siguiente gráfico confirma la hipótesis:

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—Aunque parezca una obviedad, el sabor de una fruta es capaz de transportarte a tus orígenes. Incluso darte cuenta lo que extrañás, como el jugo frío de maracuyá, una fruta que en estado natural es difícil de conseguir en Uruguay.

Rafael y su pareja instalaron la verdulería en el corazón del Municipio B de Montevideo, donde es mayor la concentración de inmigrantes recientes de Cuba, Venezuela y República Dominicana.

Rafael venezolano 3

—Ellos agradecen encontrarse con un mango, una yuca o una tizana.

Tercer ingrediente: la huida por la supervivencia y la libertad

El político tal dijo que Venezuela es una dictadura (o lo era hasta la captura de Maduro). El otro político lo dio a entender, pero no se animó a usar el término. El tercer político descartó que lo fuera. En Uruguay se discute la terminología como si la vida de las personas dependiera de etiquetas. Pero la huida de Venezuela de Rafael —al igual que la mayoría de sus compatriotas y de los cubanos— no es necesariamente la calidad de la democracia en sentido liberal, sino la democracia en sentido de bienestar.

Rafael y su familia son opositores al chavismo. Su hermano está en la clandestinidad desde que se negó a cederle los dispositivos electrónicos con las actas de la última elección al régimen chavista que quería adulterarlas. Su padre fue preso político. Pero su salida fue motivada también por el hambre, los apagones, la falta de un futuro.

Es libertad, pero libertad más allá de si existe un pluripartidismo y si se cumplen con las garantías electorales.

Cuarto ingrediente: las ganas de quedarse

El padre de Rafael, el mismo que estuvo preso y fue el único que pudo hacerse presente en aquel desolado entierro de enero, acaba de visitar Uruguay. En su viaje contó que algo de la situación económica está mejorando, pero que no hay futuro inmediato. Dijo que le da “algo de esperanza” la intervención de Estados Unidos (incluso antes de saber que de la captura de Maduro). Pero…

¿Por qué no se viene a Uruguay como lo hizo su hijo? Rafael intentó convencerlo y no hubo caso. Su padre es un idealista que considera que, más tarde o más temprano, el pueblo triunfará. Y como devoto católico quiere hacerle una misa por el aniversario de un año de su esposa, en su tierra.

El padre le retrucó a su hijo: “¿Vos te volverías a Venezuela si la cosa mejora?”.

Su respuesta fue la misma que muchos de los inmigrantes recientes: ¡no!

—Ya rehíce mi vida en Uruguay, me hice ciudadano, me siento uruguayo y quiero ver crecer mi negocio.

Tizana´s, como la vida misma de este inmigrante.

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