1 de septiembre de 2026 5:20 hs

El Banco Central del Uruguay (BCU) publicó el lunes el Indicador Mensual de Actividad Económica (IMAE) correspondiente a junio de 2026, un indicador adelantado del Producto Interno Bruto (PIB).

Ese mes, el IMAE registró un crecimiento de 0,7% frente a junio de 2025. En términos desestacionalizados, avanzó 1,4% respecto a mayo, mientras que la medición de tendencia-ciclo mostró una variación de apenas 0,1%.

El economista de Vixion Consultores, Aldo Lema, explicó que durante junio se dio un “previsible rebote”, en parte por efecto calendario, debido al mayor número de días hábiles.

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Pero tomando en cuenta los datos del IMAE de abril y mayo, que registraron caídas, y el rebote de junio, “se confirmó que el PIB de Uruguay revirtió durante el segundo trimestre la recuperación del primero: se contrajo en torno a -0,7% tanto intertrimestral como interanual”, escribió en X.

El IMAE es un indicador sintético que resume la evolución mensual de las distintas ramas de actividad de la economía y permite aproximarse a la trayectoria del PIB en el corto plazo. Su cálculo se basa en múltiples indicadores de oferta, ponderados según la participación de las distintas actividades económicas dentro del PIB.

Los datos de cuentas nacionales correspondientes al período abril-junio se conocerán a mitad de setiembre.

Para el economista Javier de Haedo, el nivel de actividad de la economía se mantiene “planchado” desde comienzos de 2025, más allá de algunas subas y bajas.

A su juicio, difícilmente el PIB registre este año un crecimiento promedio superior a 1%, por lo que, en los dos primeros años del período de gobierno, la economía habría crecido no más de seis décimos de lo previsto en el Presupuesto.

Actualmente, el Ministerio de Economía mantiene una proyección de crecimiento del PIB de 1,6% para este año, más optimista que la mediana de los analistas que participan en la Encuesta de Expectativas Económicas del BCU, que en agosto se ubicó en 1,2%.

Según publicó De Haedo en su blog, entre los tres “motores” de la economía —consumo, exportaciones e inversión—, el consumo ha mostrado mayor dinamismo, mientras que las exportaciones y la inversión registran variaciones exiguas. Ese comportamiento del consumo se apoyó en el aumento del salario real, favorecido por una inflación inferior a la esperada.

De Haedo también destacó la resiliencia del empleo, un comportamiento que, según dijo, lo sorprendió. “Con menos crecimiento y más salario real, cabría esperar su deterioro, pero ello no fue así”, sostuvo. Si bien entre agosto y diciembre del año pasado cayó la cantidad de personas ocupadas, durante el primer semestre de este año se mantuvo cerca del máximo alcanzado en julio de 2025, según las cifras desestacionalizadas.

El economista advirtió, sin embargo, que el retorno de la inflación a la meta y la persistencia del bajo crecimiento ponen en riesgo la continuidad del consumo como motor de la economía.

Por otra parte, De Haedo advirtió sobre el deterioro de los indicadores de confianza empresarial y de los consumidores, que calificó como “malos” y entre los peores en mucho tiempo. El índice de confianza del consumidor se ubicó en 46,3 en junio, dentro de la zona de moderado pesimismo, mientras que las expectativas de los industriales sobre el futuro de la economía registraron un saldo neto de respuestas positivas menos negativas de -9 en mayo. En ambos casos, señaló, se vienen observando los peores registros desde la pospandemia.

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