Es un documental y una ficción, pero en realidad "El castillo", del argentino Martín Benchimol, es un cuento lleno de luz sobre las diferencias de clase y sobre las relaciones humanas que ha aportada luz y naturalidad al Festival de San Sebastián.
25 de septiembre de 2023 4:02 hs
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La madre se emociona hasta las lágrimas y apenas pronuncia unas palabras para decir que sea su hija la que hable en nombre de las dos. Y la hija, a sus 21 años, se expresa con una solidez y una madurez que sorprenden.
Feliz con su nuevo trabajo de tractorista a apenas 10 minutos de donde se ubica su casa, reconoce que hacer la película le ha ayudado a comprender la obsesión de su madre por vivir en la propiedad y no venderla ni abrirla al turismo.
Los últimos 40 kilómetros para acceder a la propiedad son un camino de tierra que se convierte en casi impracticable en los días de lluvia y por eso al principio la joven no quería quedarse a vivir en una casa que conocía muy bien porque desde que nació pasaba allí los fines de semana.
"Yo quería terminar mis estudios e irme otra vez a la ciudad para proyectar los distintos sueños que tenía, como la música, el dibujo... Luego empecé con todo el tema de la mecánica y de las carreras", algo que queda reflejado en la película.
Pero al rodar "El castillo" fue entendiendo el punto de vista de su madre, de querer aferrarse a esa propiedad, de convertirla en su casa. "A principios de año me estaba por ir no a la gran ciudad, sino a Lobos, al pueblo a buscar trabajo, pero finalmente pude conseguir un trabajo ahí en cerca del campo a diez minutos".
Un trabajo de tractorista que le hace muy feliz porque tiene ese lado de mecánica que buscaba. "Conseguí un lugar como que se volvió también un lugar hermoso para mí, el castillo, porque tengo un trabajo hermoso, soñado".
Con su trabajo ha conseguido algo también muy importante, una vía de ingresos que les está permitiendo acondicionar el castillo, una labor ingente en la que les ayudan su familia y en la que colaboró también el equipo de la película.
Porque se creó un vínculo muy fuerte entre ellas y todo el equipo, especialmente con el director, que considera que esa relación permitió darle más capas de profundidad a la película.
Lo que empezó siendo un trabajo de observación de la realidad de Justina y Alexia fue derivando en una ficción de su vida, con escenas que replican cosas que les había pasado y otras que aventuran su futuro.
"Fue como un escenario donde ellas jugaban su vida", explica Benchimol, que fue modificando el guion a medida que conocía mejor a sus protagonistas.
"Entendí que la película finalmente no solo habla de las diferencias de clase, sino de las pertenencias como sentimiento un poco más profundo", recuerda. EFE