La mayor preocupación en Colombia es el posible impacto en la construcción de la línea 1 del Metro de Bogotá, actualmente en ejecución. El proyecto, financiado por el BID, el Banco Mundial y el Banco Europeo de Inversiones, está a cargo de un consorcio integrado por las empresas chinas China Harbour Engineering Company Limited y Xi’An Metro Company Limited.
La Alcaldía de Bogotá emitió un comunicado en el que expresó confianza en que la construcción del metro no se verá afectada. Destacó que en abril de este año, el alcalde Carlos Galán viajó a Washington, donde el presidente del BID y directivos del Banco Mundial ratificaron su respaldo a la obra. Además, aseguró que “Bogotá cuenta con todo el soporte financiero que el proyecto necesita para continuar ejecutándose”.
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Las obras de la línea 1 del metro de Bogotá
Dado que la Línea 1 ya es un proyecto aprobado y en ejecución, resulta difícil que Estados Unidos pueda frenar los desembolsos del BID. En futuros proyectos, su capacidad de bloqueo tampoco es absoluta, ya que, aunque aporta el 30% de los recursos del Banco, no cuenta con poder de veto. No obstante, su influencia podría inclinar la balanza al momento de las decisiones.
Colombia también enfrenta el riesgo de represalias comerciales, como insinuó Mauricio Claver-Carone, enviado especial del Departamento de Estado para América Latina, horas antes de que Petro viajara a China, el pasado 12 de mayo.
"El acercamiento del presidente Petro con China es una gran oportunidad para las rosas de Ecuador y el café de Centroamérica”, dijo Claver-Carone. Estados Unidos es el mercado al que Colombia destina 30% de sus exportaciones y las flores y el café tienen un peso relevante en la cesta de productos. Un descenso en las ventas impactaría el ingreso y el empleo de los colombianos.
La respuesta de Petro
Tras el anuncio de Washington, Petro contestó desde Pekín a través de su cuenta en X que mira sin sobresalto el posible impacto en el financiamiento: "Me parece correcto que la banca financiada por EEUU no financie proyectos de lo que considera su competencia".
"Mi gobierno respetará ese principio. El gobierno de los EEUU debe esmerarse en que las empresas estadounidenses liciten en los proyectos que el gobierno nacional va a abrir. Mi deber es garantizar transparencia", agregó.
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Además, el mandatario inició el proceso para que Colombia forme parte del Banco Nacional de Desarrollo (BND), una institución financiera creada en 2014 por los países fundadores del grupo BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), pero que cuenta entre sus socios con otras naciones como Egipto, Emiratos Árabes y Bangladesh.
La mano dura de Washington
A través de la Franja y la Ruta, China ha concedido préstamos por 120.000 millones de dólares en América Latina y ha desarrollado más de 200 proyectos de infraestructura, mientras que el comercio bilateral ha alcanzado un récord de 500.000 millones de dólares. Como resultado, Pekín ha asegurado mercados para sus empresas, acceso a materias primas y una creciente influencia geopolítica en la periferia de Estados Unidos.
La administración de Donald Trump no solo tomó represalias contra Colombia en su intento por frenar la expansión china. También presionó a Panamá para que abandonara la Franja y la Ruta, intentó disuadir al gobierno mexicano de aceptar nuevas inversiones de China y promovió un acuerdo para que empresas con sede en Hong Kong vendieran su participación en dos de los cinco puertos del Canal de Panamá. Además, Claver-Carone cuestionó públicamente un swap de monedas entre los bancos centrales de Argentina y China.
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Manuel Camilo González, profesor de Relaciones Exteriores de la Universidad Javeriana, explica que Estados Unidos busca “un alineamiento activo a través de la fuerza, de la coerción de tipo económica, mientras que China busca influenciar de manera suave, no coercitiva”.
“Hay un caso muy ilustrativo. Siguiendo la idea de la fuerza, de la coerción económica, Estados Unidos obligó a Panamá a salirse de la iniciativa de la Ruta y eso es un ejemplo de cómo va a tratar de sacarle jugadores del campo a China”, dice el especialista.
Desde su punto de vista, Estados Unidos debería considerar lo que el académico Joseph Nye denominó el poder inteligente, es decir, “combinar los recursos duros como la amenaza y la coerción con instrumentos blandos: cultura, instituciones” o programas como los que tenía la agencia USAID antes de ser desmantelada “que promueven a Estados Unidos como un aliado confiable para el desarrollo de los países”.
China responde con firmeza
China ha tomado nota de los intentos de Estados Unidos por frenar su avance en Latinoamérica y responde con una mezcla de apoyo económico y confrontación con Washington.
El presidente chino, Xi Jinping, anunció el martes pasado en el Foro China-Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) una nueva línea de crédito por 9.000 millones de dólares y aseguró que su país “importará más productos de calidad desde América Latina, y animará a sus empresas a aumentar las inversiones”.
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Xi Jinping en el foro con Celac
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Al mismo tiempo, el ministro de relaciones exteriores de China, Wang Yi, afirmó en un comunicado oficial, en clara alusión a Estados Unidos, que “cierto país grande, aplicando 'mi país primero', intenta saquear los frutos de desarrollo de los países del Sur Global como China y América Latina, y procura postergar e incluso interrumpir el proceso de modernización de China y la región”.
Agregó que “la modernización es un derecho legítimo de todos los pueblos, en vez de un derecho especial reservado a pocos países. Dar marcha atrás en la historia no gana el apoyo popular, y las prácticas intimidatorias y la política de la fuerza no tienen futuro”.
En el foro con la Celac, el presidente Xi, también en clara alusión a EEUU, señaló que “la intimidación o el hegemonismo sólo conducen al autoaislamiento. China y los países de América Latina son miembros importantes del Sur Global. La independencia y la autonomía son nuestra gloriosa tradición”.
Además, la embajada de China en Argentina rechazó los cuestionamientos al acuerdo para intercambio de monedas y advirtió que “fue decidida en forma autónoma por dos naciones soberanas, por lo que la parte estadounidense no tiene derecho a cuestionarlo”.
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Carlos Piña, politólogo y miembro de la Red Académica China América Latina, explica en un análisis que Pekín ya no tiene reparos en confrontar como otra gran potencia a Estados Unidos en América Latina y se muestra dispuesta a emplear su capacidad económica y “la extensa red de conexiones políticas que ha cultivado durante los últimos 25 años”.
En su opinión, esta estrategia tiene una buena probabilidad de éxito “porque muchos países de la región apoyan a Pekín como potencia alternativa a Estados Unidos”. Agrega que “comienza una nueva etapa en la historia de América Latina, en la que el liderazgo indiscutido de Estados Unidos puede estar entrando en sus últimos años”.
“El compromiso de China con el desarrollo y el fortalecimiento de las relaciones con los países del Sur Global le ha dado resultados tangibles en el escenario mundial. Más que una crisis, la guerra comercial ha presentado a Pekín una oportunidad para acelerar su establecimiento como una gran potencia en el escenario internacional”, sostiene Piña.
El vínculo de China con Brasil, Perú y Chile
En la actualidad, un 39,1% de las exportaciones de Chile van hacia China, mientras que en el caso de Brasil representan el 31,7% y de Perú el 29,2%, según cifras del holding financiero Credicorp.
Brasil mantiene una fuerte relación comercial con China, aunque el país nunca tuvo una política de Estado que priorizara al gigante asiático como socio, ni una que fuera contraria a los intereses de Estados Unidos. De hecho Brasil no tiene firmado un acuerdo de libre comercio con China, como ya lo hicieron Chile y Perú. Y el gigante sudamericano tampoco se ha sumado a la iniciativa de la Franja y la Ruta.
El acercamiento de Chile a Chile se basa en factores como la complementariedad económica, teniendo en cuenta la exportación de materias primas que posee, especialmente de cobre, frutas, vino y productos del mar.
El acuerdo de libre comercio (TLC) de 2006 de Chile fue el primero de un país latinoamericano con China, lo que ha ayudado a ampliar y profundizar el comercio bilateral, permitiendo que las barreras arancelarias sean menores y que eso se traduzca en un mercado mucho más abierto.
En 2019, Perú se sumó a la iniciativa de la Nueva Ruta de la Seda de China, afianzando aún más relaciones con la potencia asiática, dado que en 2009 ya habían pactado un acuerdo de libre comercio. De acuerdo con información del Ministerio de Comercio Exterior y Turismo de Perú, publicada en noviembre del año pasado, en los 14 años de vigencia del TLC el valor de las exportaciones peruanas a ese país creció a un promedio anual de 12,8%.
Proyectos recientes que se enmarcan dentro de la Ruta de la Seda incluyen en Perú el megapuerto de Chancay, que fue inaugurado en 2024 por la empresa estatal china Cosco Shipping. Esta obra contó con una inversión de US$3.500 millones que fueron financiados en el marco de la iniciativa de la Franja y la Ruta de China.