2 de agosto 2024 - 8:33hs

Olivier Giraud es un joven comediante que, a partir de una obra teatral, se había fijado una misión: ayudar a los extranjeros a sobrevivir en un entorno hostil, es decir, París. Con humor y sarcasmo, ensayó instrucciones para entender la “arrogancia francesa”. En palabras de Charles de Gaulle: "¿Cómo se puede gobernar un país que tiene 246 variedades de queso?" Reconoce la diversidad y complejidad cultural de Francia, que a menudo se traduce en un sentido de singularidad y, en ocasiones, de superioridad.

Este país, con su rica historia y herencia cultural, trata de mostrar al mundo, desde el arranque de los Juegos Olímpicos 2024, su diversidad y multiculturalidad, sin disimular su potente influencia global y tradiciones variadas. Pero este intento de plasmar una imagen inclusiva y diversa, en especial en la cuestionada ceremonia de apertura, contrasta con la percepción dominante de una cultura única y superior. Esta contradicción entre la intención y la realidad de actitudes percibidas como arrogantes pone de manifiesto un problema más profundo en la percepción internacional de este país.

Conversando en el Centro de Medios Internacionales, en el Carrer de Temple, con un colega español, surgió el tema de los abucheos y silbidos de aficionados franceses hacia otros espectadores extranjeros. “Es muy típico de ellos. En España usamos el término chovinismo, que está directamente relacionado con este país, que tiene un exceso de elogiar o preservar sus intereses nacionales”, nos cuenta. “No deben sorprender los silbidos a los argentinos en materia deportiva, porque un Nadal, ahora aplaudido, hace 10 años era silbado en Roland Garros.”

A pesar de los esfuerzos por disipar este estereotipo, los incidentes durante los Juegos Olímpicos contrastan con las expectativas. El público francés abuchea a atletas de otros países, incluidos competidores argentinos. Estos actos, lejos de ser vistos como expresiones de fervor nacionalista, se interpretan como muestras de soberbia injustificada. Al intentar consultarles, los propios franceses no ofrecen explicaciones convincentes. Algunos incluso han sugerido que los abucheos se originan en el "racismo" argentino. Este debate ha llegado hasta el New York Times, con el título: "¿Por qué los franceses abuchean a los argentinos con tanta pasión en las Olimpiadas?"

Recurrimos nuevamente a la frescura y punzante mirada de nuestro comediante para ilustrarnos con esos “modelos” parisinos. En el metro: “Si una persona mayor te sonríe, no creas que es amable. Ella solo quiere tu asiento. Ignórala”. En una tienda de ropa: “Pruébate todas las tallas, deja todo en el suelo y vete diciendo: lo pensaré”. En la calle: “Si alguien se cae, no lo ayudes, no lo conoces”. En un café: “El parisino obedecerá si el camarero le ordena: ‘Paga ahora, ya terminé mi turno’”. Y si busca un departamento: “Preferiría morir antes que irse a las afueras”.

Estas observaciones son a veces percibidas por los paseantes en una París olímpica. Aunque también es cierto que hay cierta ‘orden’ para que moderen su temperamento. Muchos redescubren la asombrosa verdad de que París es más que sus estereotipos. Más allá de las ratas que se sienten demasiado a gusto en las aceras parisinas y los parques que se ensucian con la llegada del sol, las discusiones entre ciclistas y peatones, y entre ‘patinetes’ y todos los demás, no se discute su belleza.

Pero la arrogancia y antipatía son autoperpetuantes. La arrogancia genera rechazo, y el rechazo refuerza la arrogancia como una forma de defensa. Este círculo vicioso impide apreciar otros aspectos positivos de la cultura y la sociedad francesas, como su contribución a las artes, la ciencia, la gastronomía y la moda. Y a pesar de que la ciudad de París enamore, su temperamento desenfoca a las emociones.

Y aunque París esté olímpicamente afrancesada encuentra poesía en su belleza. Desde la estatua antigua del mariscal Josef Joffre a caballo en el Campo de Marte, ahora integrada en una tribuna en la Judoka Arena, hasta los esgrimistas descendiendo la monumental escalera del Grand Palais como una escena de cine, tal cual describe el diario Le Parisien. La Place de la Concorde se convierte en un cruce donde el Obelisco y las esculturas aparecen mágicamente entre las gradas, ofreciendo vistas "instagrameables" en abundancia.

Al final, este lirismo también será efímero si la provocación francesa ahuyenta a los visitantes. Un dato histórico también interesante es que la Place de la Concorde, hoy escenario de estos eventos espectaculares, fue originalmente un símbolo de la Revolución Francesa, donde se erigió la guillotina y se llevaron a cabo muchas ejecuciones, incluida la de Luis XVI. Esta transformación de un lugar de muerte a uno de celebración refleja la importancia de la evolución.

Esta capacidad de reinvención resalta una característica fundamental de Francia: la creencia de que debe ofrecer al mundo la Ilustración, el Derecho y la Libertad. Esta idea se explora en profundidad en el libro "La arrogancia francesa" de Emmanuel Saint-Martin y Romain Gubert. Los autores argumentan que los franceses consideran que sus líderes llevan un mensaje universal y que ellos mismos, en el extranjero, no son simples viajeros, sino embajadores del talento, el gusto y el encanto franceses. Sin embargo, estas prédicas y vuelos líricos a menudo cansan al mundo. Peor aún, a veces provocan risa. Francia paga un alto precio por esta arrogancia predominante, una enfermedad cultural que puede aislarla en lugar de elevarla.

La ‘audiometría’ de los silbidos estará presente esta noche en el match entre Francia y Argentina en Bordeaux. Concluyo con un par de reflexiones. Dos colegas, uno colombiano y otro mexicano, ensayan ideas sobre el ambiente olímpico en el Centro de Prensa: "El olimpismo y el fútbol no están peleados, pero no suelen ir de la mano. En situaciones con reflectores como el fútbol, se acrecienta una rivalidad... Pero, el olimpismo es hermandad, sí, con rivalidad, pero no debe trascender más allá del deporte”.

Un francés me dio otra clave, “la competencia no debe llegar a la calle, debe quedar como parte del color, pero un multicolor y no un color antipático."

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París 2024

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