16 de julio de 2026 14:49 hs

La IA ya forma parte de la vida cotidiana. Redacta correos electrónicos, resume documentos, responde preguntas complejas, genera imágenes e incluso ayuda a resolver problemas estratégicos en pocos segundos. Sin embargo, esa comodidad también abre un interrogante: ¿qué sucede cuando empezamos a delegar parte de nuestro pensamiento en estas herramientas?

Ese fue el eje del séptimo episodio de la segunda temporada de MP Talks, el ciclo de entrevistas impulsado por Medicina Personalizada (MP) junto a El Observador. Bajo el concepto de sedentarismo cognitivo, el programa reunió a Ignacio Amorín, neurólogo y docente de Neurología de la Facultad de Medicina de la Udelar; Álvaro Moré, presidente de VML y WPP Production; y Eduardo Mangarelli, decano de la Facultad de Ingeniería de la Universidad ORT Uruguay, para analizar cómo la IA está modificando la manera de aprender, crear y razonar.

Amorín explicó que el sedentarismo cognitivo puede entenderse como el desuso de determinadas funciones cerebrales por delegarlas de forma excesiva en herramientas tecnológicas. Sin embargo, aclaró que el cerebro también necesita momentos de descanso.

"Hay que ver si ser perezoso o aburrirse es tan malo siempre. El cerebro necesita descansar y esos momentos muchas veces son los más creativos", señaló.

El especialista recordó investigaciones que muestran cómo el uso permanente del GPS puede generar cambios en el hipocampo, una región cerebral vinculada con la memoria espacial. Según explicó, quienes dependen constantemente de estas aplicaciones ejercitan menos esa capacidad de orientación y terminan utilizando menos determinadas redes neuronales.

A partir de ese ejemplo, planteó una pregunta que hoy comienza a trasladarse a otras actividades: ¿qué ocurre si dejamos que la inteligencia artificial escriba nuestros textos, resuelva cálculos o piense por nosotros?

Para Amorín, el riesgo aparece cuando se deja de ejercitar el pensamiento crítico, la creatividad, la planificación y la capacidad de resolver problemas. "Si delegamos absolutamente esas funciones a la inteligencia artificial, ahí sí estamos cayendo en un desuso que nos puede perjudicar cognitivamente", afirmó.

Otro de los puntos abordados fue el efecto que generan las respuestas inmediatas. El neurólogo sostuvo que recibir soluciones instantáneas activa pequeños circuitos de recompensa en el cerebro, asociados a la dopamina, pero advirtió que esa gratificación rápida no necesariamente se traduce en mayor bienestar ni favorece procesos de aprendizaje más profundos.

Desde una perspectiva diferente, pero complementaria, Moré sostuvo que la IA no debería utilizarse como un reemplazo del razonamiento, sino como una herramienta para potenciarlo.

Como ejemplo, contó que mientras leía un libro sobre el universo recurrió a un modelo de IA para que le explicara un concepto complejo utilizando únicamente la mecánica newtoniana. Una vez comprendida esa base, volvió al libro para continuar con la lectura.

Para el publicista, ese tipo de interacción demuestra el potencial de estas herramientas cuando ayudan a comprender mejor un tema, en lugar de sustituir el proceso de aprendizaje.

Moré también remarcó que la calidad de los resultados depende en gran medida de la calidad de las instrucciones que reciben los modelos. "No hay que tener miedo de escribir prompts largos", afirmó, y agregó que la innovación no surge de una única pregunta simple, sino de un proceso de diálogo, iteración y cuestionamiento.

En el ámbito creativo, explicó que la inteligencia artificial ya está transformando procesos de producción audiovisual, generación de imágenes y desarrollo de campañas publicitarias. Incluso contó que en su empresa utilizan un agente de IA especializado en revisar guiones desde una perspectiva de equidad, diversidad e inclusión para detectar posibles sesgos antes de su publicación.

No obstante, insistió en que la decisión final siempre seguirá siendo humana. "Lo que no podemos delegar es el criterio", resumió.

Por su parte, Mangarelli planteó que el impacto de la IA depende completamente del uso que cada persona haga de ella.

Para ilustrarlo, comparó dos formas de estudiar un mismo libro. Una consiste en pedirle a la IA un resumen y limitarse a leerlo; la otra implica utilizar la herramienta para generar preguntas, ejemplos, ejercicios y guías de estudio que permitan construir conocimiento de forma activa.

"La misma herramienta puede servir para aprender o para dejar de aprender. La diferencia está en cómo la usamos", destacó.

Mangarelli también propuso cambiar la lógica tradicional de interacción con la inteligencia artificial. En lugar de utilizarla únicamente para hacer preguntas y obtener respuestas, sugirió emplearla como un editor o un crítico capaz de analizar un trabajo propio, detectar inconsistencias y desafiar ideas.

"Lo importante no es que la inteligencia artificial haga la crítica. Lo importante es qué genera en nosotros leer ese análisis y cómo eso mejora nuestro razonamiento", sostuvo.

Respecto a la creatividad, el decano consideró que el verdadero debate no pasa por determinar si la inteligencia artificial es creativa, sino por preguntarse si puede ayudar a las personas a ser más creativas.

En ese sentido, indicó que generar múltiples propuestas o perspectivas puede ampliar el abanico de ideas disponibles y servir como punto de partida para desarrollar soluciones originales, siempre que exista una intervención humana que seleccione, cuestione y construya sobre esas propuestas.

A lo largo del episodio, los tres invitados coincidieron en una idea central: la IA representa una herramienta de enorme valor, pero su verdadero potencial depende del papel que asuman las personas.

Utilizada para desafiar el pensamiento, enriquecer el aprendizaje y ampliar las capacidades humanas, puede convertirse en un aliado. Pero cuando sustituye de forma permanente el esfuerzo intelectual, la reflexión y el pensamiento crítico, aparece el riesgo del sedentarismo cognitivo, un concepto que comienza a ganar espacio en el debate científico y tecnológico sobre el futuro de la relación entre las personas y la inteligencia artificial.

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