Hablar de obesidad implica mucho más que hablar de peso. La enfermedad puede atravesar la autoestima, los vínculos, la movilidad, la vida social y la relación que cada persona construye con la comida. Por eso, mirar qué sucede más allá de la balanza permite entender una realidad que muchas veces permanece en silencio.
Ese fue el eje del quinto episodio de “Más allá de la balanza”, el videopodcast de El Observador junto a Cliba, que bajo el título “La vida que queda fuera de la balanza” reunió dos miradas sobre esta problemática. Por un lado, Inés Fassi, paciente de Cliba, compartió su experiencia tras atravesar un proceso de transformación que incluyó una cirugía bariátrica. Por otro, Belén Mazzilli, cocinera y coach en salud, reflexionó sobre el vínculo con la alimentación y la importancia de entender la salud desde una perspectiva integral.
Fassi convivió con la obesidad desde su infancia. A los 12 años pesaba 98 kilos y creció en una familia donde la obesidad estaba presente en buena parte de sus integrantes. La alimentación casera y abundante formaba parte de la vida cotidiana y, durante años, su peso fue visto como algo natural dentro de su entorno.
El conflicto con su cuerpo comenzó a hacerse más evidente durante la adolescencia. Las dificultades para realizar determinadas actividades y la incomodidad con su apariencia hicieron que comenzara a alejarse de situaciones sociales. “Yo elegí quedarme en vez de ir a una fiesta. Yo elegí estar en casa”, recordó.
En ese período, el teatro se convirtió en un espacio de refugio. Allí encontró vínculos, pudo sentirse cómoda y dejó de percibirse como alguien diferente. “Me sentía feliz y ahí era el único momento que no me sentía distinta”, contó.
Una decisión después de años de intentos
A lo largo de su vida, Fassi probó diferentes dietas y tratamientos. En varias oportunidades consiguió bajar de peso, pero no logró mantener los resultados en el tiempo. Además, comenzó a observar en su propia familia las consecuencias que la obesidad podía tener sobre la movilidad.
Aunque sus análisis clínicos eran normales, decidió no esperar a desarrollar problemas de salud y comenzó a buscar una alternativa que pudiera abordar su situación de forma sostenida. Después de informarse sobre la cirugía bariátrica y consultar distintas opciones, encontró en Cliba la posibilidad de avanzar con el tratamiento.
La intervención se realizó el 23 de marzo. Si bien la operación tuvo un buen resultado inicial, diez días después apareció una complicación que derivó en una internación de 15 días por un problema hepático. Según relató, fue una situación poco frecuente que, después de distintos estudios y controles, se resolvió.
Dos años después de la cirugía, Fassi continúa con controles médicos y asegura que la transformación no se limita a los kilos que perdió. También cambió su movilidad, su manera de relacionarse con los demás y, especialmente, su vínculo con la comida.
“Es la primera vez que me siento que no estoy haciendo dieta en mi vida”, afirmó. Para ella, esa sensación de tranquilidad representa uno de los principales cambios del proceso. Poder comer un trozo de torta en un cumpleaños o compartir un bizcocho con compañeros de trabajo sin sentir culpa significó recuperar espacios de disfrute que durante años había asociado con restricciones.
“Esa tranquilidad que siento ahora es paz conmigo misma”, resumió.
La transformación también se refleja en acciones cotidianas. Caminar, subir una escalera o levantarse son actividades que ahora puede realizar con mayor facilidad. Pero, además, siente que recuperó un lugar en situaciones sociales de las que antes tendía a excluirse.
Una mirada integral sobre la salud
Desde su experiencia como cocinera y coach en salud, Mazzilli planteó que hablar de obesidad implica ir mucho más allá de qué alimentos consume una persona. Para ella, la salud debe entenderse como un concepto multidimensional que incluye los vínculos, la actividad física, la espiritualidad, el bienestar emocional y la forma en que cada persona transita su vida cotidiana.
“La salud no es ausencia de enfermedad”, sostuvo durante el episodio, al señalar que muchas veces las personas comienzan a prestar atención a su salud recién cuando aparecen síntomas o limitaciones.
En esa mirada integral, el equilibrio no significa alcanzar un estado perfecto y permanente, sino revisar de manera consciente las distintas áreas de la vida y las decisiones que se toman en cada momento. “El éxito total no existe”, señaló.
Mazzilli también puso el foco en cómo la obesidad puede naturalizarse dentro de las familias y los entornos cercanos. Explicó que expresiones como “los gorditos” pueden terminar instalando la idea de que determinadas limitaciones forman parte de la identidad de una persona, cuando detrás de esa situación puede existir sufrimiento.
El vínculo con la comida
Otro de los ejes del episodio fue la relación entre alimentación y emociones. Mazzilli explicó que comer no responde únicamente a una necesidad nutricional y que, en determinadas circunstancias, la comida puede convertirse en una forma de afrontar emociones como la tristeza o el estrés.
A esto se suma un escenario de sobreinformación, donde las personas reciben constantemente mensajes sobre qué deberían comer, qué alimentos engordan o cuáles son “buenos” o “malos”.
Frente a esa realidad, planteó la necesidad de recuperar una relación más consciente con la comida y prestar atención a aspectos como la saciedad y el bienestar, en lugar de concentrarse exclusivamente en las calorías o en la apariencia física.
También remarcó que comer de manera saludable no debería convertirse en una tarea imposible de sostener. La organización, la planificación y la búsqueda de alternativas prácticas pueden ayudar a tomar mejores decisiones incluso cuando falta tiempo.
Así, el quinto episodio de “Más allá de la balanza” propone mirar la obesidad desde una perspectiva que no se limite al número que aparece en una balanza, sino que contemple la calidad de vida, los vínculos, las emociones y la posibilidad de recuperar espacios cotidianos de bienestar y disfrute.