24 de octubre de 2026 5:00 hs

Jorge Batlle murió el 24 de octubre de 2016, el día antes de cumplir 89 años. Murió como vivió: haciendo política. Si bien su deceso se produjo en un centro asistencial en Montevideo, unos días antes se había desvanecido en una reunión con correligionarios en Tacuarembó y nunca logró recuperarse.

Algunos de los contertulios de aquella velada contaron después que, cuando estaba por retirarse de la reunión, miró la luna y comentó lo linda que estaba la noche estrellada. Luego se cayó, se golpeó en la cabeza y fue internado de urgencia. Pocos días después murió en Montevideo.

Había llegado a Tacuarembó en un ómnibus de línea. A los 88 años, y lejos de pensar en un futuro electoral, Batlle seguía haciendo lo que más le gustaba: hablar de política. Recorría el país, se juntaba con jóvenes, conversaba con gente de pie o correligionarios, como los que lo acompañaron en aquella última reunión.

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El Partido Colorado tiene previstos varios homenajes para recordarlo. El principal se realizará hoy sábado a partir de las 10 de la mañana, con un acto en el Cementerio Central, que tendrá como principal orador a quien fuese su vicepresidente, Luis Hierro.

“Compromiso por el país”

Batlle fue el último presidente del Partido Colorado, e integró la dinastía política más importante de la historia uruguaya, que cuenta con cuatro presidentes en su árbol genealógico.

Liberal a ultranza, explosivo, persistente hasta la terquedad, de llanto fácil, carismático, de memoria envidiable, culto y formado como pocos, con la inmensa capacidad de adaptarse de la misma manera al trato de los líderes más encumbrados y al vínculo con los más humildes, la figura de Batlle en buena medida quedó opacada por la crisis de 2002 y la posterior debacle del Partido Colorado.

Sus defensores aseguran que si Uruguay logró reponerse de aquel cataclismo fue gracias a que estaba Batlle al frente del gobierno. Sin embargo, esa visión nunca conformó a los miles de compatriotas que perdieron su trabajo, tuvieron que emigrar o cayeron en la pobreza.

Luego de dejar el gobierno, en plena euforia frenteamplista, Batlle se mantuvo alejado de la vida pública. Su nombre era prácticamente sinónimo de crisis. Con el correr de los meses y de los años, de a poco fue reapareciendo, y con su estilo cercano, campechano y republicano, poco a poco fue logrando aceptación y hasta un cierto reconocimiento por lo actuado, en sectores que antes le tenían especial encono.

Durante su velorio, el entonces presidente Tabaré Vázquez, dijo: “Lamentablemente, tenemos que despedir a una de las personas más inteligentes que he conocido en mi vida. Venimos a despedirlo con enorme respeto y con un sentimiento de honor real que parte de lo más profundo de nuestro ser”, dijo Vázquez.

También lo definió como “un hombre liberal, convencido de sus ideas”. “Fue un provocador del pensamiento y, más allá de los acuerdos o discrepancias que con él se pudiera tener, pautaba y marcaba distancias muy definidas en cada una de sus expresiones” agregó.

El gobierno encabezado por Vázquez difundió, además, un comunicando, destacando “la defensa de los valores democráticos” de Batlle y “su compromiso por el país”.

A diez años de su muerte, El Observador repasa diez momentos icónicos de su amplia trayectoria.

1) El diablo colorado

“Mi tía Elvirita me ha contado que cuando nací, mi padre le preguntó muy amable al médico: ‘Dígame la verdad, ¿es normal?’”, contó Batlle entre risas, en una entrevista que le realizó el periodista César di Candia, publicada en el semanario Búsqueda, el 11 de junio de 1987. Nunca quedó claro qué vio en ese momento su padre, Luis Batlle Berres, en el primero de los tres hijos que tuvo con Matilde Ibáñez. Durante años, la frase de Batlle Berres fue utilizada en tono de broma para hablar de las características de Jorge, el cuarto integrante de su familia en presidir el Uruguay. Primero fue Lorenzo Batlle (1868-1872), luego José Batlle y Ordoñez en dos oportunidades (1903-1907 y 1911-1915) y luego su padre, Luis Batlle Berres (1947-1951).

Cuando Luis era niño, quedó huérfano y prácticamente fue criado por su tío Batlle y Ordoñez, que lo metió de lleno en el mundo de la política. Batlle Berres se casó con Matilde Ibáñez en 1925, luego de un noviazgo de dos años que, de acuerdo a distintos relatos, surgió después de que se vieran por primera vez en la esquina de Suárez y Reyes, donde se encuentra la residencia presidencial. En la familia Batlle se rememora una oportunidad en la que estuvieron juntos tres de los cuatro presidentes Batlle. Fue durante el Carnaval de 1929, cuando Luis llevó a Jorge a visitar a Batlle y Ordoñez a su chacra de Piedras Blancas. Jorge todavía no había cumplido los dos años y estaba disfrazado de diablo colorado.

Luis Batlle Berres junto a su hijo mayor Jorge.

Luis Batlle Berres junto a su hijo mayor Jorge.

2) “Sentimos que no estés con nosotros”

Durante la dictadura de Gabriel Terra (1933-1938), Luis Batlle Berres estuvo exiliado en Argentina y en Brasil, porque era uno de los dirigentes colorados más opositores al régimen. Matilde Ibañez y sus hijos Jorge, Luis y Matilde lo acompañaron en esa peripecia, si bien luego su familia volvió a Uruguay y fueron instalándose en distintas etapas en casas de amigos que les abrieron las puertas. El 10 de noviembre de 1938, cuando tenía 10 años, Jorge le envió una carta a su padre.

El Observador accedió a copia del texto, en poder de Gustavo Toledo, profesor de Historia y estudioso de la obra de Jorge Batlle, que dice así: “Mi Querido Papito. Acabamos de recibir tu carta y lo primero que hice fué cumplir lo que me pedistes, de modo que la felicité y abrazé a mamá en tú nombre y en el de mis hermanitos. Mamá está bien, mis hermanitos tambien, lo que sentimos es que tú no estés con nosotros.

Aquí hacemos un poco de todo pues con Luisito estuvimos con la azada agrandando el cauce de un arroyo. En estos dias hemos ido dos veces por dia a bañarnos al río, pues ha hecho mucho calór. Nosotros estamos todo el dia jugando con Margot y Abuelito se lo pasa cachando a Luisito. Así que va a perder la costumbre de enojarse por todo. Pronto volveré a escribirte.

A Tía dale cariños de todos nosotros, para ti querido Papito un abrazo muy fuerte de tu hijito Jorge”.

Carta enviada por Jorge Batlle, cuando tenía 10 años, a su padre Luis Batlle.

Carta enviada por Jorge Batlle, cuando tenía 10 años, a su padre Luis Batlle.

3) “Fui yo quien se tiró al agua”

Poco después de que Luis Batlle Berres asumiera la Presidencia, su hijo Jorge, acompañado de su primo José Luis, viajó a Londres. El objetivo de su padre era que su primogénito conociese la Europa de la posguerra. A su regreso, además de avanzar en sus estudios para convertirse en un abogado, a pesar de que casi no ejerció, también estuvo al frente de Diario Acción y Radio Ariel, pertenecientes al grupo de su padre.

En 1958 y 1963 resultó electo diputado y para las elecciones de 1966 se candidateó por primera vez a la Presidencia, intentado encabezar el legado de su padre, fallecido dos años antes. No fue sencillo, porque tuvo que enfrentar a otros grupos colorados con dirigentes de más trayectoria. Además, su forma de ver el mundo, en muchos sentidos tenía matices y hasta posición distantes con la visión de Luis. “Cuando hubo que tirarse al agua después del fallecimiento del señor Batlle Berres enfrentando la idea del colegiado integral, yo me tiré al agua (fue uno de los redactores de la propuesta para eliminar el colegiado) y tenía los pantalones cortos en materia política”, dijo Batlle en la entrevista con Di Candia. “Y cuando hubo que tirarse al agua para reordenar o contribuir (vamos a emplear la palabra contribuir) a reorientar el partido para que tuviera otro sesgo en su apreciación de los hechos económicos, fui yo quien se tiró al agua también. Como yo perdí la elección del 66 y después la del 71 y como algunas ideas que yo preconicé fueron asumidas por el partido, la gente puede tener una idea equivocada de lo que ha sido mi conducta”, agregó en 1987.

En la visión liberal que Batlle cultivó a lo largo de su vida, incidieron dos figuras claves de esa corriente de pensamiento: los austríacos Frederick Hayek y Ludvwing Von Mises. A este último Batlle lo conoció de cerca en Buenos Aires, gracias al industrial argentino Raúl Lamuraglia, padre de quien fuese su primera esposa y madre de sus dos hijos, Raúl y Beatriz. “A mi abuelo (Lamuraglia), si hay que atribuirle algo fue haber introducido a mi padre en el pensamiento de los economistas liberales austríacos”, recordó Raúl Batlle en una entrevista concedida a la revista Galería el 15 de noviembre de 2019.

Jorge Batlle junto a sus hijos Raúl y Beatriz Batlle. Raúl Lamuraglia, el primer suegro del expresidente, fue quien lo vinculó a los pensadores liberales.

Jorge Batlle junto a sus hijos Raúl y Beatriz Batlle. Raúl Lamuraglia, el primer suegro del expresidente, fue quien lo vinculó a los pensadores liberales.

4) “Indigno de los uruguayos”

En las elecciones de 1971, donde el Partido Colorado retuvo el gobierno y Juan María Bordaberry se convirtió en presidente, Batlle quedó en segundo lugar con unos 240 mil votos con su histórica Lista 15. Fue una elección convulsa, con acusaciones de fraude por parte de sectores blancos y el desembarco del Frente Amplio por primera vez como partido político.

Al año siguiente, el día que cumplía 45 años, Batlle pronunció un recordado discurso que se emitió en cadena de radio y televisión donde denunció que, semanas antes, un grupo de soldados había concurrido hasta la casa del actuario que llevó adelante la investigación sobre el caso de “la infidencia”, un episodio ocurrido en 1968, en el que se lo acusó falsamente de haberse beneficiado de una especulación financiera, que se comprobó en distintos ámbitos que era mentira. El hecho persiguió a Batlle por varios años y aquella noche de 1972 dijo: “Al que tenga que decir, que lo diga claramente, ahora, sea civil o militar, y que lo diga donde quiera decirlo. Y si hay que juzgarme a mí, a condenarme a mí, echarme de la República por indigno, pues el que tenga pruebas, que hable y que lo diga. Pero permitir que se siga así, manoseando a la gente y destruyendo el sistema a través del manoseo, es indigno de los uruguayos que no somos así”, dijo Batlle, según consignó el historiador Lincoln Maiztegui Casas en su libro Orientales. Una historia política del Uruguay.

Esa noche Batlle -que no era senador y por lo tanto no tenía fueros- fue detenido y trasladado en una camioneta rodeada de seguidores que coreaban su nombre. Pocos después, los ministros de su lista 15 al gobierno de Bordaberry. Estuvo hasta el 20 de noviembre detenido en una unidad militar y solo podía comunicarse con sus abogados Adela Reta, Julio Sanguinetti y Santiago Rompani. Sanguinetti recordaría años después en su libro La agonía de una democracia que Batlle “se entretenía leyendo comentarios sobre la Guerra de las Galias de Julio César”. Fue procesado por la Justicia militar por “ataque a la fuerza moral del Ejército”, con agravante de “situación de peligro”.

Batlle fue un férreo opositor de la dictadura militar y en 1976 fue proscripto por el gobierno de la época. Pudo retornar a la actividad política en 1983, luego de las elecciones internas. En las nacionales de 1984 respaldó la fórmula Sanguinetti y Enrique Tarigo y resultó senador.

Jorge Batlle fue un férreo opositor a la dictadura de Juan María Bordaberry. En 1976 fue proscripto y volvió a la vida política como senador en 1984.

Jorge Batlle fue un férreo opositor a la dictadura de Juan María Bordaberry. En 1976 fue proscripto y volvió a la vida política como senador en 1984.

5) El brazo arrancado

En 1988 Uruguay atravesaba su primer gobierno luego de la dictadura y los partidos comenzaban a definir sus candidatos para la próxima contienda. Batlle, confiaba que al año siguiente podría concretar su aspiración que tenía en mente desde 1966, pero el entonces presidente Sanguinetti tenía otra idea en mente: su sucesor sería el entonces vicepresidente Tarigo. La situación provocó una abrupta ruptura en la interna del Partido Colorado; Batlle daba por descontado el respaldo de Sanguinetti, no solo por su cercanía personal, sino por el vínculo que había mantenido el entonces mandatario con su padre.

Los colorados fueron a una elección interna voluntaria -en ese entonces no era parte de la Constitución, como ocurre ahora- y Batlle superó a Tarigo. El aparato de gobierno sanguinettista no pudo convencer a los considerados colorados “de a pie”. El carisma y las ideas renovadoras de Batlle se impusieron ante el continuismo y la sobriedad de Tarigo, un destacado abogado y hombre de confianza de Sanguinetti.

El 24 de noviembre de 1988, Matilde, la madre de Batlle, se despachó contra Sanguinetti en una entrevista con el periodista César di Candia, cuando fue consultada por la elección de Tarigo frente a su hijo. “¿Será que Sanguinetti cree que puede manejar a Tarigo y a Jorge no? Es la vieja explicación de los presidentes cuando eligen a su sucesor, sobre todo cuando quieren volver (…). Esto es lo que le hace mal a las democracias: las decepciones de los hombres (…). Tengo una tristeza enorme. No hubiera querido que el que estuviera en el medio fuera mi hijo. Desde que conocí a mi marido, aprendí que la política es un apostolado en el que tenés que servir al país hasta morirte”, agregó.

Al año siguiente, Batlle fue derrotado en las elecciones nacionales por el blanco Luis Alberto Lacalle Herrera. En esa época, todos los candidatos concurrían al programa de televisión Hablemos, conducido por el reconocido periodista Jorge Traverso, hoy fallecido. En tono distendido, sentados en un living, Traverso volvió al episodio previo a la interna y le preguntó qué había sentido cuando Sanguinetti respaldó a Tarigo. “Siento como si me hubieran arrancado un brazo sin anestesia”, respondió Batlle, en una frase que pasó a ser parte de las más recordadas de la política uruguaya.

Jorge Batlle, junto a su segunda esposa Mercedes Menafra, con quien se casó antes de las elecciones de 1989 y con quien continuó casado hasta el momento de su muerte.

Jorge Batlle, junto a su segunda esposa Mercedes Menafra, con quien se casó antes de las elecciones de 1989 y con quien continuó casado hasta el momento de su muerte.

6) La reapertura de Maroñas

El 29 de junio de 2003, mientras el país sufría los coletazos de la crisis del año anterior, Batlle participó de lo que, probablemente, haya sido uno de los momentos más felices de su gobierno: la reapertura del Hipódromo de Maroñas. Burrero de ley desde joven, figura presente tanto en los palcos como en los sectores populares, Batlle fue un apasionado de los caballos durante toda su vida.

“Me nace porque mi abuelo era socio del coronel Belinson, ya tenía caballo de carrera, y el coronel Belinson le dio los colores que son los que uso yo (en el stud Flanqueadores), lo mismo pasó con mi padre, con todos mis tíos, con mi primo hermano, Marcos, conmigo, y supongo que con mis hijos y con mis nietos”, dijo el entonces presidente en declaraciones a la prensa. Conocedor como poco de jockeys, caballos y cuidadores, Batlle apelaba a metáforas vinculadas al turf en su vida cotidiana. Era frecuente verlo en caballerizas y en las prácticas de Maroñas, antes de las carreras, hasta que el hipódromo cerró sus puertas en 1997. Hoy, un premio que se disputa en Maroñas, lleva el nombre Presidente Batlle.

En 2003, pocos meses después de que estallara la peor crisis en la historia del país, Jorge Batlle junto su esposa Mercedes Menafra, el vicepresidente Luis Hierro y su esposa Ligia Almitrán, encabezó la reapertura del Hipódromo de Maroñas.

En 2003, pocos meses después de que estallara la peor crisis en la historia del país, Jorge Batlle junto su esposa Mercedes Menafra, el vicepresidente Luis Hierro y su esposa Ligia Almitrán, encabezó la reapertura del Hipódromo de Maroñas.

7) El día más esperado

El 28 de noviembre de 1999, con el 54,13% de los votos, Batlle derrotó al frenteamplista Tabaré Vázquez en el primer ballotage de la historia. “Llegó la hora de votar juntos” había sido el lema de la fórmula de Batlle y su vice, Luis Hierro, porque era un momento bisagra en la historia del país: el Partido Nacional había salido en un lejano tercer lugar. El líder blanco, Lacalle Herrera, respaldó la candidatura de Batlle. Era una época donde la palabra coalición no tenía ni por asomo el valor que tiene hoy, y con las diferencias históricas de blancos y colorados todavía a flor de piel.

Batlle tendió la mano a los blancos, visitó clubes nacionalistas y recorrió el país en busca de votos. Hubo blancos que, a pesar de los intentos de las cúpulas partidarias, no lo votaron: la historia de las divisas todavía estaba latente en veteranos nacionalistas que, bajo ningún concepto, podían votar a una persona que portase el apellido Batlle. A pesar de esas rebeldías, Batlle ganó las elecciones e integró a los blancos al gobierno.

El 1° de marzo de 2000 asumió el gobierno, como antes lo había hecho su padre y otros antepasados. Su estilo relajado, lejos de protocolos, quedó plasmado ese mismo día, cuando salió del Palacio Estévez y se subió a un taxi, cumpliendo una vieja promesa que le había realizado a Julián Gardiarán, en 1999, un fiel votante suyo desde 1966.

Ya convertido en presidente, después de haber despedido a los visitantes extranjeros y con la banda presidencial cruzada en el pecho, fue a visitar a su madre al apartamento de la calle Ponce. Doña Matilde, como se la conocía, veía a su hijo en el mismo lugar en el que antes había visto a su marido. En horas de la noche, fue hasta su apartamento en el Puerto del Buceo a descansar. Poco después se mudaría a la residencia de Suárez y Reyes, frente a la esquina en que sus padres se habían visto por primera vez.

El 1° de marzo de 2000, Jorge Batlle se convirtió en el cuarto integrante de su familia en llegar a la Presidencia.

El 1° de marzo de 2000, Jorge Batlle se convirtió en el cuarto integrante de su familia en llegar a la Presidencia.

8) Sellar la paz para siempre

Durante su discurso de asunción el 1° de marzo, Batlle planteó un punto que estaba en sus prioridades al momento de llegar al gobierno, relacionado con el destino de los detenidos desaparecidos durante la última dictadura militar (1973-1985).

El 31 de marzo, a menos de un mes de asumir, dio una noticia sobre ese punto que sacudió a la opinión pública tanto en Uruguay como en Argentina: habían encontrado a la nieta del poeta argentino Juan Gelman.

Gelman, un destacado escritor argentino, llevaba años tratando de saber qué había pasado con su nuera, secuestrada mientras se encontraba embarazada, y con su nieta, que se presumía que había nacido en cautiverio. Los restos de su hijo habían sido hallados en Buenos Aires a fines de los 80, pero no se sabía qué había pasado con ellas.

Durante años Gelman llevó adelante una intensa campaña internacional para encontrar a su nieta, e incluso le había enviado una carta abierta al entonces presidente Sanguinetti, con quien polemizó.

El hallazgo de Macarena -que años después cambió su apellido por Gelman y fue electa diputada por el Frente Amplio- fue un punto alto en la imagen pública de Batlle. Poco después, se supo que un hombre de su confianza, el abogado Carlos Ramela, estaba trabajando en temas de pasado reciente con el también abogado Gonzalo Fernández, designado por Tabaré Vázquez.

En abril de 2020, Batlle convirtió en el primer presidente en recibir en su despacho a Familiares de detenidos desaparecidos. “A la orden”, le dijo a Luisa Cuestas, “en mi casa manda mi madre, acá manda usted”.

Durante su gobierno, Batlle instaló una Comisión para la paz, presidida por el arzobispo de Montevideo, Nicolás Cotugno. Además de Ramela y Fernández, estaban el sacerdote Luis Pérez Aguirre en representación de familiares, el nacionalista Claudio Williman y el histórico dirigente sindical José D’Elía. El grupo de trabajo recibió distintos testimonios de presuntos testigos, presos y militares y se elaboró un informe que con el tiempo ha generado algunas críticas por la veracidad de los contenidos que allí aparecen.

Desde su discurso de asunción, Jorge Batlle demostró su voluntad en temas vinculados a derechos humanos y fue el primer presidente en recibir a familiares de detenidos desaparecidos en la sede de gobierno.

Desde su discurso de asunción, Jorge Batlle demostró su voluntad en temas vinculados a derechos humanos y fue el primer presidente en recibir a familiares de detenidos desaparecidos en la sede de gobierno.

9) La genética del llanto

“Lo que me pasa a mí es que no se disimular, ni me preocupa disimular. Si estoy enojado, salgo enojado y si estoy triste salgo triste. Se me nota todo. Si lo que me dicen está bien o está mal se me nota. La familia Batlle es una familia emotiva y llorona y eso también se me nota”, admitió el entonces senador Batlle en la entrevista que le concedió a Di Candia en 1987.

Durante su gobierno, esa tendencia al llanto la confirmó en más de una ocasión. El 12 de mayo de 2002, con el país en medio de una inmensa incertidumbre, Batlle utilizó la cadena nacional de radio y televisión para dirigirse al a ciudadanía y explicar la situación. Con la voz entrecortada, se refirió a la situación que estaba pasando el país, las medidas que se estaban adoptando y pidió un esfuerzo más a la población. La imagen de un presidente en esa situación, afligido y lloroso, estuvo lejos de aplacar a la ciudadanía y a los sectores financieros. Qué se podía esperar de lo que venía, si el capitán del barco se mostraba así, era un concepto que sobrevolaba.

Pero si de llanto se trata, Batlle fue el protagonista de uno de los más notorios de la política uruguaya: el que protagonizó el día que fue a pedirle disculpas al presidente argentino Eduardo Duhalde.

El detonador fue una entrevista que le realizó un periodista argentino para la cadena Bloomberg, hablando de la situación de país y su vínculo con Argentina. En determinado momento, Batlle -que según dijo después le habían transmitido que ese tramo no estaba siendo grabado- le dijo al periodista que no comparase a Uruguay con Argentina, porque se trataba de dos contextos diferentes. Y agregó: “los argentinos son una manga de ladrones, del primero hasta el último”.

A pesar de que en teoría se trataba de un off the record -lo que en la jerga periodística se conoce como un comentario que se hace al periodista, que no puede ser publicado-, Bloomberg difundió el video con un exaltado Batlle pronunciando esa frase, que enseguida se reprodujo en los dos países por todas las vías posibles, en la era previa a las redes sociales. Canales argentinos salieron a la calle a consultar a sus compatriotas sobre lo ocurrido y la respuesta era casi unánime: el presidente uruguayo tenía razón.

Batlle también hizo valoraciones críticas sobre la falta de respaldo del presidente argentino Eduardo Duhalde. Fue tan inmensa la difusión que Batlle viajó a Argentina a laudar la situación. Entre lágrimas, pidió disculpas a Duhalde y al pueblo argentino, dijo que su madre le había -argentina de nacimiento- le había reprochado sus comentarios y destacó los fuertes vínculos que tenía con ese país. El llanto de Batlle en Buenos Aires coincidió con uno de los peores momentos de su Presidencia tanto a nivel económico como social.

Después de calificar a los argentinos como

Después de calificar a los argentinos como "una manga de ladrones", Jorge Batlle viajó a pedirle disculpas al presidente Eduardo Duhalde.

10) “Sendero del crecimiento”

El 1° de marzo de 2005 amaneció soleado y desde la noche anterior las banderas frenteamplistas inundaban Montevideo. Por primera vez desde su creación en 1971, el Frente Amplio con Tabaré Vázquez a la cabeza accedía al gobierno, luego de haber ganado las elecciones en la primera vuelta de octubre del año anterior.

Era el último día de gobierno de Batlle. Los colorados todavía no lograban reponerse del revolcón electoral que les permitió captar apenas el 10% de las adhesiones, luego de la crisis del 2002. Sin embargo, al momento del cambio de gobierno, la situación había empezado a modificarse.

Las secuelas sociales de la crisis estaban latentes y persistieron durante varios años más. Pero había indicadores alentadores: Uruguay había recuperado la confianza de los mercados y la economía de a poco había empezado un crecimiento que llegó a su punto más alto en los años siguientes.

La asunción presidencial era muy distinta a la de ahora. Vázquez y su compañero, Rodolfo Nin Novoa, se trasladaron por Avenida Libertador y 18 de Julio hasta el Palacio Estévez, donde puertas adentro estaba Batlle con su equipo para entregarle la banda presidencial. Según recordó el propio Vázquez años más tarde, se confundió y se la colocó al revés.

En la memoria presentada al Parlamento, Batlle afirmó que entregaba un país “sólido” y en el “sendero del crecimiento”.

El presidente saliente concluyó: “El gobierno ha procedido, en acuerdo con las nuevas autoridades, a llevar adelante la transición a la futura administración en términos y formas, que no registra antecedentes. De manera ordenada, se ha entregado a las nuevas autoridades, toda la información solicitada, en todas las áreas”.

El 1° de  marzo de 2005 Jorge Batlle le colocó la banda presidencial a Tabaré Vázquez.

El 1° de marzo de 2005 Jorge Batlle le colocó la banda presidencial a Tabaré Vázquez.

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