Por la rambla de Punta Carretas, a la altura de Bulevar Artigas, van llegando variopintos grupos, con banderas, de uniformes variados, con carteles con la cara del papa León XIV. Unos cantan, otros siguen atentos las indicaciones de sus profesores y coordinadores mientras cruzan de la vereda al pasto, rumbo a la incipiente multitud que se congrega. Voluntarios de la Asociación Uruguaya de Educación Católica (Audec), grupo que nuclea a 157 colegios y otras 170 instituciones no educativas, les entregan vinchas con la leyenda “educación católica”.
Una decena de estudiantes pasan gritando, animados, por delante de Marta y Asís, que están sentados a la sombra de un árbol pequeño, al lado de la Ancap, aguardando, rosario en mano los dos, la llegada del papa. El matrimonio viene de Porto Alegre y llegó ayer en auto para la visita del pontífice. “Cuando confirmó (que venía) ya teníamos hotel confirmado”, dice Asís, que cuenta que tiene ganas de ver pasar al papa por la Rambla, ya que no pudieron ver a Francisco cuando visitó Brasil. En su tercer viaje a Uruguay, el brasileño opina que la visita papal al país va a traer “una renovación de la iglesia y el evangelio en el pueblo uruguayo”, ya que vio que “el 32% de la población son practicantes”.
Son las 15:00, León XIV sigue aún en vuelo y desde un pequeño escenario que da las espaldas al mar, un par de animadores hablan al grupo que se va formando, compuesto por niños, adolescentes y adultos que los acompañan.
La dupla de conductores de esa “fiesta de la educación católica” —como definen al evento— hacen chistes, saludan a los jóvenes, que siguen llegando de a tropillas y cuando el número ya es relevante, pasan revista, preguntando al público de qué colegio vienen: “Del Jesús María”, “del San José de Las Piedras”, “de Talleres Don Bosco”, “Santa Elena por allá”, “bien ahí el Misericordista”, “San Juan Bautista”, “Club de Niños Nuestra Señora de la Esperanza”.
Ignacio Cassi, director académico de Audec, destaca el “ambiente de alegría y las ganas de participar en esta fiesta de la Iglesia”. Dice que la previa de la visita se ha vivido en los colegios con “mucha ilusión y esperanza”, que varios niños prepararon dibujos y que la idea de la institución es dárselos, como regalo, si la oportunidad se presta y León XIV baja del papamóvil.
“Está el papa en espacio aéreo uruguayo”, anuncian desde el escenario por micrófono, causando vítores. “No, ese no es”, agrega la animadora, señalando un avión que justo pasaba. “Es ese, es ese”, la contradice seguro, muy a lo lejos, un niño de unos 6 años, hablando con su amigo, ambos de uniforme.
El propio papa zanjaría minutos después la cuestión, cuando el vuelo de ITA Airlines que lo trae al país pasa volando bajito, muy cerca del punto de congregación. La gente lo saluda contenta, desde niños a ancianos agitan banderas, de colegios, uruguayas o vaticanas, para dar la bienvenida al avión papal.
Al preguntársele cómo se vivió desde un colegio católico uruguayo la previa a la venida del sucesor de Pedro al país, el director de Pastoral del Colegio Seminario, el sacerdote Agustín Borba, cuenta: “Por un lado con la sorpresa de la posibilidad de que venga, después con esto de la enfermedad del papa quedamos un poco inciertos pero siempre es una oportunidad para renovarnos en la fe, de querer ser discípulos de Jesús, pasa por ahí. Y lo otro que me parece precioso es la experiencia eclesial que se va generando, esto que vemos acá distintos colegios, distintos carismas, todos reunidos en torno al papa”.
Diego Melano, creador de la canción dedicada a la visita del papa, está arriba del escenario, comienza su toque con un “no se vayan, viene el papa”, como César Banana Pueyrredón en 1989, cuando Sting vino al Centenario.
“Hoy se ilumina el pago, nos anuncia una gran alegría”, suena por los parlantes el tema oficial hecho para la bienvenida al papa. Son las 16:30, comienza a nublarse el cielo y el viento sopla más fuerte.
Los grupos de niños y jóvenes, conducidos por sus referentes, ya se van yendo a la vereda de la Rambla, a sumarse a algunos veteranos que con sus sillas de playa aguardan hace rato el paso del papamóvil. La gente agrupada, que espera con ansias, ya se cuenta de a centenas.
Comienzan a pasar motos policiales, luego la primer comitiva de coches oficiales que vienen del aeropuerto rumbo a la Plaza Independencia. Pasa la segunda. Y como dice el trillado refrán, la tercera es la vencida: pasadas las 17:30, el papa León XIV pasa frente a los fieles católicos que lo fueron a esperar a Punta Carretas.
Pero León no pasa en el papamóvil. Viaja en una camioneta negra, cerrada, sentado en el asiento de atrás junto a otro sacerdote. Y no pasa lento, ni para, como esperaban quienes querían darle regalos. El convoy que lleva al pontífice cruza la zona con mucha rapidez, demasiada, para algunos que apenas lo ven pasar. Los afortunados que sí se percataron de que ese coche llevaba al sumo pontífice o bien por la bandera del Vaticano sobre el capó, o bien por la fugaz visión de la muceta roja que viste León.
El flamante papamóvil fabricado en Uruguay recién sería utilizado por el jefe de la Iglesia Católica unas cuadras después, en el Parque Rodó, para trasladarse en él hasta la Ciudad Vieja.
Pasaje de la comitiva del Papa León XIV por la zona de Punta Carretas, donde se habían congregado varios colegios católicos a recibirlo.
Crédito: Federico Pereira
Caras de confusión, frustración, comentarios negativos, arrancan a verse entre algunos asistentes. Un matrimonio mayor pliega sus sillas de playa, para dar por zanjado el asunto y se van. La gente se mueve y comienza a irse.
“Cabía la posibilidad de que pasara eso, pero muy emocionados de haberlo visto. Obviamente queríamos verlo un poco más, pero re bien”, comenta Paulina, alumna de sexto de liceo del colegio Santa Elena de Lagomar, que cuenta que ella y sus compañeros vivirán con “mucha emoción” este fin de semana.
María Jesús y Lilia, madre e hija, comparten con la adolescente que vivieron una tarde “hermosa”, pero no tanto su optimismo respecto al paso papal. “Teníamos muchas más expectativas de lo que vimos, no vimos nada”.
“Una decepción, queríamos verlo”, concluye María Jesús, al subirse al 17 Casabó en Bulevar Artigas. A esa altura, el papa ya está junto a Yamandú Orsi en Plaza Independencia.