Mayor de tres hermanos y criada en un hogar católico, relató que recién a los 20 años, mientras se preparaba para la confirmación, experimentó un vínculo personal con la fe. Aunque al principio ese sentimiento dependía de retiros o misiones puntuales, luego se integró a una comunidad donde aprendió a llevar la religión a su vida cotidiana, atravesando etapas "de luz y de alegría, pero también momentos de desierto y de dolor".
En su intervención ante el Papa, puso el foco en las frustraciones generacionales de quienes rondan los 30 años frente a las expectativas no cumplidas: carreras universitarias que se alargan más de lo previsto, la falta de un trabajo estable, el deseo postergado de formar una pareja o la espera por la llegada de los hijos.
"¿Qué consejo nos puede dar para aprender a confiar en Dios cuando su plan no se parece a lo que nos imaginábamos, y para vivir los tiempos de espera e incertidumbre como parte de nuestro llamado a la santidad?", le preguntó al pontífice.
- El testimonio completo de Federica Ortiz de Taranco:
"Buenas noches, Santo Padre. Gracias por su visita. Me llamo Federica, tengo 31 años, soy psicopedagoga y trabajo en un colegio católico. Actualmente participo en un grupo de jóvenes de la Asociación San Juan Apóstol, donde nos formamos y compartimos la fe, y ayudo a coordinar un grupo de catequesis para madres.
Nací en una familia católica. Soy la mayor de tres hermanos y en mi casa siempre nos hablaron de Dios y nos transmitieron la fe. A los 20 años, preparándome para la confirmación, experimenté por primera vez el amor de Dios y empecé a entender lo que mis padres me habían transmitido. Sentía su presencia en retiros, en misiones, pero Jesús no era parte de mi vida cotidiana y mi fe dependía mucho de lo que sentía en esos momentos.
Al tiempo conocí una comunidad donde me enseñaron a encontrarme con Jesús en mi día a día, a rezar, a compartir mi fe con los demás. Y ahí fue que conocí a un Dios vivo, que me hablaba, caminaba conmigo; era parte de mi vida aún cuando yo no lo sentía, y empecé a darle un lugar cada vez más grande en mi corazón. Desde entonces, mi fe ha atravesado momentos de luz y de alegría, pero también momentos de desierto y de dolor, en los que se me hizo difícil confiar en Dios.
Y mi pregunta tiene que ver con esto: estoy atravesando una edad en la que muchos jóvenes nos enfrentamos a que hay aspectos de nuestra vida que no salieron como esperábamos. Algunos cuyos estudios se alargaron más de lo previsto; otros que no han logrado encontrar un trabajo estable; algunos que pensábamos ya haber formado una familia; otros que hace mucho esperan la llegada de los hijos, y otras situaciones que nos hacen cuestionar el plan de Dios para nosotros. ¿Qué consejo nos puede dar para aprender a confiar en Dios cuando su plan no se parece a lo que nos imaginábamos, y para vivir los tiempos de espera e incertidumbre como parte de nuestro llamado a la santidad?"
Giovanni Occelli: del colegio laico y las artes marciales mixtas a bautizarse "a contracorriente"
El segundo testimonio estuvo a cargo de Giovanni Occelli, quien creció sin ser bautizado, asistió a un colegio laico y no tuvo acercamiento a la religión hasta los 20 años, más allá de escuchar sobre Dios a través de su abuela, que rezaba por él.
Su historia dio un giro en 2023 cuando se cambió a la Universidad de Montevideo y, por sugerencia de un amigo, conversó por primera vez con el capellán en la capilla del centro de estudios. Tras un año y medio de preparación en catequesis, recibió el bautismo el 11 de mayo de 2024 y la confirmación un mes después, el 22 de junio.
Occelli describió ese camino como "un proceso solitario" y "a contracorriente": en su familia no había interés por el tema y se distanció de amigos que le decían que estaba "desperdiciando" su vida. En medio de ese aislamiento, encontró un sostén en el entrenamiento de artes marciales mixtas (MMA), disciplina que practica desde hace casi dos años. "A algunos les parece poco católico, pero encontré un deporte que me llena, donde llevo a Jesús conmigo y que me fortaleció frente a la soledad. Sé que Jesús alguna vez me estuvo sosteniendo la bolsa o mirándome desde el tatami", relató en el Centenario.
Al cerrar su historia, le planteó dos preguntas a León XIV: "¿Cómo vivir la fe cuando, aun habiendo recibido ese don de Dios, uno se siente solo? ¿Y cómo seguir buscando ser un buen católico en una realidad que muchas veces parece dejarme solo?".
- El testimonio completo de Giovanni Occelli:
"No me bautizaron y fui a un colegio laico. No tuve un encuentro personal con Dios hasta los 20 años. Siempre sentí un vacío que intentaba llenar con cosas pasajeras. Solo escuchaba de Dios por mi abuela, que rezaba mucho a la Virgen por mí, haciendo que creciera en mí un deseo que no entendía.
En el 2023 me cambié a la Universidad de Montevideo y, por primera vez, me encontré con una capilla y un sacerdote. Un amigo me animó a hablar con el capellán, y ahí me di cuenta que lo que siempre había buscado estaba muy cerca: era Dios. Después de un año y medio de catequesis, recibí mi bautismo el 11 de mayo y mi confirmación el 22 de junio del 2024.
Fue un proceso solitario; en mi familia a nadie le interesaba. Me distancié de mis amigos y muchos me repetían que estaba desperdiciando mi vida. Aun así, a contracorriente, tomé la decisión más importante de mi vida. Pero mi nueva vida chocaba con todo lo que me rodeaba y no tenía con quién hablar; pensé que quizás esta era mi cruz.
Hace casi dos años entreno artes marciales mixtas. A algunos les parece poco católico, pero encontré un deporte que me llena, donde llevo a Jesús conmigo y que me fortaleció frente a la soledad. Sé que Jesús alguna vez me estuvo sosteniendo la bolsa o mirándome desde el tatami. Me toca caminar solo, pero ese amigo nunca me dejó. Por eso, Santo Padre, quisiera preguntarle: ¿cómo vivir la fe cuando aun habiendo recibido ese don de Dios, uno se siente solo? ¿Y cómo seguir buscando ser un buen católico en una realidad que muchas veces parece dejarme solo? Muchas gracias."
La familia Gutiérrez: el reclamo por las realidades que "golpean" al país y una pregunta en "clave futbolera"
El tercer momento de preguntas estuvo protagonizado por la familia Gutiérrez, encabezada por un matrimonio con 30 años de casados. Durante su presentación, la madre mencionó a sus hijos Simón, Fátima, Faustina, Carmela y Jeremías, y recordó también el dolor por la pérdida gestacional de otro de sus hijos, Bautista, "a quien abrazaremos en el cielo".
En su mensaje ante el Papa, la mujer planteó un diagnóstico crudo sobre las problemáticas demográficas, sociales y legislativas del país: "En Uruguay hay pocos matrimonios, nacen menos niños. Aborto, eutanasia, suicidio, enfermedades mentales, adicciones, violencias y el sinsentido golpean a nuestras familias. Leyes y corrientes ideológicas cuestionan el valor de la vida, el matrimonio y la familia". También expresó dolor por "la angustia económica de tantas familias y las fracturas familiares que hieren el desarrollo de nuestros niños" en un contexto marcado por el consumo, las pantallas y las redes sociales.
A continuación, el padre de la familia tomó la palabra para señalar que la vida familiar necesita recuperar el tiempo —para rezar, educar, cuidar a los hijos, ancianos y enfermos— y, aprovechando el escenario del monumento histórico del fútbol mundial, le formuló la pregunta al pontífice apelando a una metáfora deportiva: "Hoy, en este Estadio Centenario, le preguntamos en clave futbolera: en el partido de nuestra vida, ¿cómo podemos parar la pelota, levantar la mirada, aprender a vivir el tiempo como un don de Dios y jugarnos la camiseta por la familia?".
Al cierre de la intervención familiar, Simón, uno de los hijos del matrimonio que próximamente será ordenado diácono, se acercó a León XIV para entregarle una remera firmada por todos los seminaristas del Uruguay con el pedido de que rece por ellos y por el aumento de las vocaciones sacerdotales en el país.
- El testimonio completo de la familia Gutiérrez:
- Madre: "El Señor, en su infinita misericordia, nos ha regalado 30 años de matrimonio y nos confió como hijos a Simón, Fátima, Faustina, Carmela y Jeremías. También vivimos el dolor de la pérdida gestacional de Bautista, a quien abrazaremos en el cielo. Con alegrías, combates y entrega, hemos cuidado y amado. Nos hemos equivocado y caído. Hemos experimentado nuestra fragilidad y a la vez el llamado a seguirle a Él como pequeña iglesia doméstica. Queremos hacer y ser hogar."
- "Hoy queremos también ser la voz de muchas de las familias que vivimos en esta patria y que necesitamos su palabra. En Uruguay hay pocos matrimonios, nacen menos niños. Aborto, eutanasia, suicidio, enfermedades mentales, adicciones, violencias y el sinsentido golpean a nuestras familias. Leyes y corrientes ideológicas cuestionan el valor de la vida, el matrimonio y la familia. Nos duelen la angustia económica de tantas familias y las fracturas familiares que hieren el desarrollo de nuestros niños. Entre trabajo, consumo, urgencias, pantallas y redes, vivimos acelerados, ocupados y preocupados, divididos entre lo que pasó y lo que aún no llegó."
- Padre: "La buena noticia de la familia necesita aquello que el mundo parece quitarnos: tiempo. Tiempo para rezar, tiempo para educar y transmitir la fe, cuidar el matrimonio, a los hijos, a los nietos, a los ancianos, enfermos, amigos y quienes están solos. Tiempo para mirarnos, encontrarnos, salir de nosotros mismos y servir. Hoy, en este Estadio Centenario, le preguntamos en clave futbolera: en el partido de nuestra vida, ¿cómo podemos parar la pelota, levantar la mirada, aprender a vivir el tiempo como un don de Dios y jugarnos la camiseta por la familia?"