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12 de junio 2024 - 5:00hs

Está sentado en la silla del consultorio, pero quiere huir. Mueve la pierna incesante al tiempo que tamborilea con los dedos de las manos. Cada tanto frena, se lleva la diestra al bolsillo del pantalón, y chequea que su celular está donde tiene que estar. No aguanta. Saca el teléfono y escucha el último mensaje de Whatsapp en velocidad duplicada. Es un recordatorio de que tiene que saldar una deuda. Pero antes tiene que pedirle perdón a su madre por haberle vaciado la tarjeta de crédito. O antes hacer unos últimos ingresos en los sitios de apuestas en un partido de fútbol de escasa monta. O…

Este joven de 17 años está en el consultorio de la psicóloga Débora Blanca, pero en realidad no está. Su mente —como sucede cada vez más con otros adolescentes— está presa en las apuestas deportivas online. Es un caso verídico, pero para nada exótico. Es un ejemplo de lo que está pasando en Argentina, sobre todo desde la legalización de estas apuestas, y que, advierten, empieza a hacer mella en Uruguay.

La argentina Blanca, autora de cuatro libros sobre ludopatía y quien empezó a abordar esta adicción hace 20 años cuando ni siquiera existían las billeteras online, visitó Uruguay invitada por la Banca de Quinielas para proponer que se prohíban las apuestas entre menores, que haya más regulación —que es diferente a la simple legalización— y que se eleve la percepción del riesgo: porque las apuestas online “son la nueva droga que aqueja a los adolescentes”, dice en entrevista con El Observador.

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¿El juego de apuestas online es, como dice su nombre, un juego?

Cuando los que apuestan son menores de 18 años, no es un juego. Porque, por definición, estos “juegos” intentan que quedes atrapado en la necesidad de destinar más dinero y tiempo del que estás dispuesto a destinar desde un principio. En Argentina hemos visto que desde que se legalizó el juego online viene en aumento el juego patológico y el endeudamiento de adolescentes, a veces de apenas 12 o 13 años. Con esto no se juega… es la salud de los chicos.

¿En qué cambia que la modalidad de juego sea online?

Este lunes estuve con una paciente que me lo describió clarito: la presencialidad demanda tiempo, el esfuerzo de vestirse para la ocasión, disponer de dinero en efectivo. El mundo online está en cada bolsillo, en cada casa. Basta unos clics y el dinero que ni siquiera se cuenta con las manos. Insisto en que el problema no está en quien entra una vez y listo sino en aquel que deja de hacer cosas por el juego, en aquel que cada vez le destina más dinero y más tiempo. Ese adolescente que empieza a bajar las calificaciones, a veces está distraído, no va a la mesa a cenar cuando se lo llama…

¿Cuál es el perfil de adolescente adicto que están percibiendo?

Varones mucho más que mujeres.

¿Eso se debe a que las apuestas están vinculadas a deportes muy masculinizados?

Sí. No es solo que el deporte esté mucho más masculinizado, sino que todo va rodeado de una publicidad muy enfocada en el adolescente futbolero. Hace poco atendí a un paciente que era futbolista. El juego lo complicó tanto que no podía ver un partido de fútbol sin apostar. Le perdió el gusto al deporte como juego, y su única motivación era la adrenalina de ganar o perder la apuesta. Lo otro que vemos, posiblemente asociado a la extensión del uso de internet y dispositivos, es que cada vez encontramos adolescentes más chicos que empiezan con signos patológicos. Muchos de ellos de niño tenían algún tipo de conflicto con el uso de consolas: pasaban muchas horas o dormían poco por quedarse jugando. Les cuesta poner un freno.

Los expertos en adicciones hablan cada vez con más frecuencia sobre la necesidad de regularizar el mercado de sustancias. ¿Por qué cuando Argentina regularizó el juego online ustedes advirtieron que vino el desbarranque?

Porque Argentina no regularizó, sino que legalizó. Recién ahora la clase política empezó a darse cuenta de que es necesario que el Estado intervenga. Es el Estado quien debe proteger al ciudadano. Es quien debe fijar las reglas de publicidad. Es quien debe intentar limitar el acceso de los menores. Las empresas, como los influencers, quieren vender. El Estado tiene que poner las condiciones para que esa venta no sea a costo de la salud de la población.

¿El juego online es equiparable a las drogas?

Es la nueva droga que aqueja a los adolescentes. La droga no es siempre una sustancia, sino es aquello que narcotiza. Es llenar un vacío. Los chicos con las apuestas tienen muchas veces los mismos efectos que si consumen alcohol o un porro.

Uruguay está en una posición económica un tanto distinta a la Argentina, ¿eso lo blinda de este fenómeno de adicción al juego online?

Existe un debate sobre si las crisis económicas incrementan, o no, las apuestas. Está la idea de que la gente apuesta a la lotería o la quiniela porque es su manera de salir de la miseria. Pero en realidad no está comprobada esa linealidad. Lo que sí vemos producto de la crisis es la aparición de roles de intermediarios, como cajeros o prestamistas truchos, con quienes los adolescentes terminan endeudándose. Uruguay, a diferencia de Argentina, está en un debate interesante de regulación (un proyecto de ley en el Parlamento), del que tengo entendido que hay cuestionamiento sobre la capacidad fiscalizadora del Estado y qué rol cumplirá el Estado.

¿Lo que atrapa al joven es la posibilidad de ganar un dinero extra?

Ese es el primer gancho. Pero luego hay un tema patológico, porque el dinero ganado no se invierte en otra cosa, sino en más apuestas. Está tan extendido el mercado que desde un celular, desde el Whatsapp, con una billetera online, se puede apostar las 24 horas, los siete días de la semana, en los deportes más variados, en las ligas más variadas. No hay manera de aburrirse.

¿Los padres están percibiendo el riesgo al que se exponen sus hijos?

Creo que no. Faltan campañas de sensibilización y desnaturalizar esta práctica. No solo porque es ilegal la apuesta en menores de 18 años, sino por el espiral de destrucción que viene asociado. Es mucho más lo que se pierde que lo que se gana. Un paciente tuvo que pedirle a su padre que le diera billetes en lugar de transferencias, para intentar poner un freno a su incapacidad de valorar el dinero que movía para las apuestas. Insisto: tenemos casos extremos que llegan a intentos o concreción de suicidios. No es un juego.

Hay quienes dicen: “Cada uno se mata como quiere, el Estado no tiene que intervenir”. ¿Qué le responde?

En las adicciones hay que pedir la presencia del Estado. No es un tema ideológico. El libre mercado no tiene la capacidad de ponerle un freno a las adicciones. En Argentina demoró un tiempo darse cuenta y recién ahora los políticos están dando el paso de cambiar. Esa presencia del Estado, ese rol cuidador, tiene que ser todavía más potente ante el riesgo que supone lo online.

Por más regulación y controles, ¿las normas no irán siempre atrás del avance tecnológico y la capacidad del joven de encontrar los atajos para apostar?

La mátrix siempre va a intentar la trampita, estar por delante. Pero por más perdida que parezca la batalla, no nos podemos quedar de brazos cruzados viendo cómo nuestros chicos sufren y se rompen. Los juegos de apuestas tienen características que, desde su génesis, son peligrosos: están vinculados al lugar que el dinero tiene para la sociedad, es fácil quedar enganchado. El Estado, por tanto, es quien tiene que poner los límites y exigir.

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