Carta Lectores

¿Cabe la impunidad?

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27 de julio de 2020 a las 05:01

Diversos acontecimientos de los últimos días revelan, con inequívocas y públicas evidencias, la configuración de conductas individuales y colectivas incursas en manifiestos atentados contra la vida y la salud de nuestro pueblo.

La simple observación –directa o televisiva– de los escenarios en los que algunos sindicalistas dispusieron formular sus reclamos, al margen de la eventual justicia que pudiera provenir de estos, da prueba suficiente de su flagrante violación a las disposiciones sanitarias publicadas por las autoridades competentes y que un prestigioso colectivo científico del país determinó en prevención de la pandemia.

Así pudo comprobarse que tales sindicalistas, aglomerados unos con otros, ajenos al mínimo y requerido distanciamiento social, sin barbijos (tapabocas) muchos de ellos, reunidos y apretujados en algún caso en locales cerrados, compartiendo objetos de consumo personal en algún otro, atentaban voluntaria e irresponsablemente contra su propia salud y contra la de los habitantes de la tierra en que conviven.

Y aunque no se ha dispuesto ninguna sanción a su respecto, deviene necesario interrogarnos acerca de si estos comportamientos no encuadrarían dentro del ilícito penal tipificado en el artículo 224 de nuestro Código Penal, Título VII, Delitos Contra La Salud Pública, cuyo texto reza: “Violencia de las disposiciones sanitarias. El que violare las disposiciones publicadas por la autoridad competente para impedir la invasión de una enfermedad epidémica o contagiosa, será castigado con tres a veinticuatro meses de prisión.”

Por otra parte y sin perjuicio de lo anterior, al tratarse de conductas dañosas desempeñadas por quienes en su mayoría integran las estructuras institucionales del PIT-CNT como dirigentes y/o afiliados de sus organizaciones sindicales, estas evidencian un total apartamiento e inobservancia de las propias normas estatutarias que les rigen –aprobadas estas con modificaciones resueltas en su II Congreso– en cuanto establecen: “art. 2o., lit. b). Es principio fundamental de la C.N.T. la tutela y constante defensa de los intereses generales y particulares de todos los trabajadores del Uruguay, así como del conjunto de nuestro pueblo.”; “lit. f) Luchará por la eliminación de las armas termonucleares, bacteriológicas, químicas y otros medios de destrucción masiva” (sub. nuestro).

Ante el referido atentado a los intereses generales y particulares “del conjunto de nuestro pueblo”, nada menos que los inherentes a su vida y salud y el favorecimiento a la expansión –que no “eliminación”– de “otros medios de destrucción masiva” de esos mismos intereses, no se ha dado a conocer a su respecto ninguna de las periódicas y públicas declaraciones a que acostumbra la mencionada central de trabajadores. Siquiera una mínima y razonable “justificación”.

Y si bien hubo otros tantos agentes que lamentable e irresponsablemente han incurrido en similares atentados y no han sido objeto de sanción conocida –organizadores de fiestas, partícipes de reuniones en locales cerrados y no habilitados, omisos en el uso y aplicación de instrumentos y medidas preventivas, etc.– ello no debería exculpar y tornar impune la muy grave responsabilidad de quienes, según afirman, representan a gran parte de la población trabajadora y deben estatutariamente “tutelar y defender sus intereses particulares y generales”, así como los del “conjunto de nuestro pueblo”. De ahí la interrogante del título.

Presumiendo que para algún lector el contenido del presente deba ser atribuido a un “facho”, “rosadito”, “de derecha”, “capitalista”, “de la patronal” o mediante similares y despectivos calificativos, propios de la jerga utilizada por dogmáticos, autoritarios o ignorantes para quienes opinan diferente o no comparten sus ideas o conductas, doy cuenta que he sido afiliado y miembro de los gremios estudiantiles existentes en los distintos escalones de mi carrera profesional, presidente y miembro de sindicato integrante del PIT-CNT, defensor y abogado patrocinante de innumerables trabajadores en sus reclamos judiciales y extrajudiciales, fundador del Frente Amplio originario y, por sobre todo, libre pensador.

José Luis Corbo

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