13 de noviembre de 2012 19:02 hs

Para Lisandro Aristimuño, su quinto disco, Mundo anfibio, trasciende lo musical. Es un concepto. Simboliza la transformación del hombre desde su primer hábitat acuático hacia su nacimiento a la tierra. Pero también es su adaptación al mundo tecnológico.
Con la ayuda de un sonido más roquero que en sus antecesores, Mundo anfibio lleva con más intensidad su mensaje y para eso tuvo invitados muy especiales. Ricardo Mollo, líder de Divididos, prestó su voz y guitarra, así como también Hilda Lizarazu y Boom Boom Kid.
Lisandro Aristimuño habló con El Observador sobre su show, la creación de su mundo y la nominación a los premios Grammy.

¿Cómo fue la creación de su mundo anfibio?
Siempre me gustó trabajar los discos bajo un concepto o, si se quiere, un guión, algo que uniera a todo el disco y fuera una idea en conjunto. El anfibio surgió primero porque soy padre hace siete meses y saber que estaba mi niña dentro de la panza de su mamá me hizo pensar que realmente somos anfibios. Salimos del agua a la tierra.

¿Es una especie de metamorfosis también?
Claro. Pero cuando el disco creció más me di cuenta de que no solo define esa etapa de nuestra vida. No solo tiene que ver con el cambio del agua a la tierra, sino también con modificaciones que tenemos frente al mundo que nos da todo el tiempo nuevas tecnologías, nuevas formas de vivir. Nos adaptamos a algo que la vida nos da. Estamos todo el tiempo en mutación. Y me pareció interesante para hacer un disco con esa temática.

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Y el arte de tapa también refleja eso. ¿Cómo fue su creación?
Fue hermoso. Tener a tu disposición un pintor de la talla de Gabriel Sainz es algo impresionante. Así como también contar con Ricardo Mollo. Me tocó trabajar con mucha gente que admiro. Me puse a trabajar un poco y le mandé a Gabriel fotos de antenas, ciudades. Cuando viajaba iba sacando ideas. Y se creó un imaginario con gente arriba de reptiles, también un poco deformes.

¿Este es un mundo posapocalíptico?
Lo que quiero mostrar es positivo, en realidad. Si seguimos así vamos a llegar a esto. Es al revés el mensaje: hay que tener un poco más de conciencia. Incluso creo que el disco es así y tiene que ver mucho con mi hija. Inconscientemente ya estoy siendo un padre sobreprotector. Antes que entre en razón ya le estoy diciendo lo que puede llegar a ocurrir.

¿Y esta metamorfosis también llega a su música, al incluir más rock a la ecuación?
El rock siempre estuvo en mi vida, sobre todo en mi etapa adolescente. Toqué en una banda de covers. Aprendí a tocar la guitarra escuchando a Soda Stereo, Sumo, Fito Páez, Spinetta, Charly. Siempre tuve ese costado, pero nunca se había mostrado tanto. También por esta temática que decía, el rock sirve para ser más frontal y directo con el mensaje. Me pareció que estaba bueno sacar ese estilo a la cancha, una vez que me sentí más maduro. El rock es muy crudo y muy directo y tenés que tener qué decir.

Va más entonces por la necesidad de transmitir un mensaje que por el hecho de hacer rock en sí.
Exactamente. Pienso la obra en general, no solo musicalmente. Y la idea fue seguir manteniendo la esencia de los discos. Antes no era solo un CD y una tapa, sino que tenían una historia y te llevaban a lo que el artista estaba pensando en ese momento. Eso es lo que intenté buscar con Mundo anfibio.

Es un mensaje que atraviesa todos los niveles. ¿Llega incluso al espectáculo en vivo?
Sí, el vivo es todavía mucho más fuerte. Porque uno está de frente al público y está desnudo. Es increíble porque el disco toma mucho más protagonismo. Al hacer un disco más roquero creo que en la grabación le faltó la gente. Si hubiera podido, hubiera llenado de gente el estudio. Porque te da más humanidad, más sangre.

¿Y este show como será?
En este concierto va a ser la primera vez que puedo llevar a todo mi staff. Siempre trabajan conmigo, pero en las giras no se podía llevar a toda la banda por una cuestión económica y yo tenía que reducir mi set. Ahora que va mucha gente a los shows y se están agotando las entradas, tengo esa posibilidad. Somos ocho personas en el escenario, un cuarteto de cuerdas y mi banda estable. Además, tengo una especie de corralito de DJ, donde tengo toda la parte electrónica. Está bueno porque cuando están las cuerdas suena a música clásica y cuando estoy con los juguetes electrónicos se vuelve más moderno. El show mismo va mutando.

La misma noche de su show en el Teatro Solís es la ceremonia de los premios Grammy, donde está nominado como mejor álbum de música alternativa. ¿Cómo va a seguir la premiación?
¡Espero que los uruguayos me traigan suerte! Pero voy a estar pensando en el concierto. Calculo que, cuando termine el show, preguntaré qué pasó o alguien me contará. La verdad es que no lo tengo muy en la cabeza. Ya el hecho de estar nominado me parece sumamente valioso. El saber que ese medio se fija también en artistas independientes y autogestionados es interesante. Es también un empujón para los que estamos en otro camino. También podemos ganar premios importantes.

Hace un tiempo comentó que la posibilidad de descargar música había ayudado a darlo a conocer en un país como Uruguay, donde inicialmente no llegaban sus discos. ¿Qué opina ahora de la
piratería?
No es que esté a favor de la piratería. Creo que la música es música y no tiene ningún formato. Para mí es un medio que está bueno. A mí me sirve para aprender cosas de otros artistas de afuera que, si yo quisiera tener sus discos, tendría que esperar a que a alguien de una multinacional decidiera editar el disco en Argentina. Si no se edita, me lo pierdo y eso es injusto. Me gusta la idea de poder abrir el campo. Me parece que la música es de todos y todos tienen derecho a consumirla.

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