24 de febrero de 2014 17:42 hs

“Capaz que la veía venir (su muerte), a lo mejor se estaba preparando, porque este año me dijo que éstas iban a ser sus últimas Llamadas”, comentó Waldemar Cachila Silva, director de la comparsa Cuareim 1080, con la cual el viernes 14 de febrero Carlos Páez Vilaró desfiló por las calles Carlos Gardel e Isla de Flores, en los barrios Sur y Palermo.

Cachila, tras afirmar con voz bajita que “la tristeza es enorme, realmente es brutal, se fue un gigante de la cultura uruguaya, ya lo extrañamos”, recordó con pena una anéctoda: “él tenía 90 años y desfilar casi 15 cuadras con un gran tambor no es sencillo para nadie, así que cuando iban unas pocas cuadras le dije a Carlitos que dejara, que ya nos había recontra cumplido y muy a su pesar, porque no quería aflojar, se fue con sus hijos. Poco después una señora parada sobre su silla me preguntó por dónde venía Páez Vilaró con su tambor: era lo que más quería ver. Y bueno, Carlitos murió y ni siquiera se lo pude contar. Por un lado mejor, seguro me iba a rezongar, me iba a decir: ¡viste que tenía que seguir por la gente!”.

Sí lo pudo felicitar. Lo llamó expresamente para eso, tras el título que ganó este año C 1080 en las Llamadas, donde fue la mejor de las 40 que desfilaron.

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Páez Vilaró, junto con Juan Ángel El Cacique Silva, patriarca de la cultura afro uruguaya y padre de Cachila, junto con los tíos del hoy director de C 1080 fue quien fundó y nombró Morenada a la que fuera uno de los principales conjuntos de la categoría Sociedad de Negros y Lubolos, ganador varias veces de las Llamadas y 11 veces en el concurso del Teatro de Verano.

“Entre todos le pusieron Morenada porque eran y se sentían así, un conjunto de negros que defendía una cultura, un espíritu”, dijo Cachila. Tras el fallecimiento de El Cacique Silva Cachila formó C 1080, recordando con su nombre al sitio donde estaba el acceso al conventillo Mediomundo.

Páez Vilaró desfiló este año, como era tradicional, con un piano al que le tenía un aprecio enorme, pues se lo obsequió Juan Velorio, histórico artesano constructor de tambores. “Era de los de antes, de roble, muy pesado, un tambor precioso y él lo amaba”, comentó Cachila.

“Nadie se puede imaginar cómo estamos todos acá”, dijo Cachila Silva, quien todavía no salía de su asombro por la noticia que en la mañana de este lunes le había dado un histórico de la cultura carnavalera uruguaya, Nelson Laco Domínguez.

En la noche del domingo C 1080 había realizado su segunda presentación en el concurso del Teatro de Verano, al que seguramente volverá para la Liguilla, con tambores que tienen todos un dibujo creado por Páez Vilaró, el último.

Cachila, quien como un tesoro conserva la maqueta de la última pintura que hizo Páez Vilaró dentro del conventillo del Mediomundo, “donde él empezó a pintar con su magia todo sobre la cultura negra de Uruguay”, destacó que “nunca nos pidió nada y nos dio mucho, pintó los tambores de la comparsa y los mascarones, todo, en Morenada antes y en C 1080 ahora, él nos hizo conocer en el mundo y nos acompañó a muchos viajes incluso”.

Dijo que pese a su muerte Páez Vilaró vivirá por siempre en el espíritu de la comparsa, al final de la charla aportó otro dato que sorprende: “Carlitos y mi viejo eran muy amigos y fijate que hoy, cuando se muere él, era el día de cumpleaños de mi padre, El Cacique”.

“Ya está, no se puede hacer nada ahora, solo seguir queriéndolo. Ahora estamos viendo para ir al velorio, para acompañarlo con los tambores en su marcha al cementerio”, concluyó Cachila Silva, quien acababa de hablar con la hija de Carlos, Ago Páez, para coordinar de esos detalles.

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