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“Las visitas a los hogares de ancianos deben prohibirse sin excepciones”

Empresario español líder del sector de residenciales habló de las medidas que se tienen que tomar para evitar contagios en este sector tan vulnerable

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18 de mayo de 2020 a las 05:00

El español Francisco Guarner se ha destacado como inversor y asesor de empresas en el sector de cuidados al adulto mayor. Fue cofundador de Sarquavitae, el mayor grupo del rubro en España, y hoy es patrono de la fundación Sarquavitae, propiedad del mismo conglomerado.

-¿Desde hace cuándo trabaja en el sector de las residencias de ancianos?

- Empezamos de cero en los años 90. Yo le pagaba a los trabajadores de mi bolsillo, le hablo de los años 94, 95 y 96. Luego la empresa creció, hoy tiene más de 15.000 empleados. En aquel momento creamos un sector nuevo, porque creímos que había que profesionalizar la atención a los ancianos. Lo que había en España hasta ese momento, como pasa en muchos otros países, eran pequeños asilos, casas de retiro, muchas de ellas de entidades religiosas y obras de caridad. A los ancianos se los tenía en las casas de familia, y las familias que no podían hacerlo, los enviaban a estos asilos, básicamente religiosos. Nosotros nos dimos cuenta que había que profesionalizar al sector. Que a un anciano había que tratarlo con respeto, con dignidad y darle lo que necesita. El primer paso fue diferenciar los grados de dependencia. No es lo mismo una persona que solo está mayor, que uno que tiene una demencia senil o un Alzheimer, u otro que se quebró una cadera. A todos hay que tratarlos con respeto y cariño, pero lo que necesitan no es lo mismo. El cariño de una familia está muy buen, pero zapatero a tus zapatos.

-¿Por dónde pasa ese profesionalismo?

-Hay tareas que son para profesionales. Hay que tener enfermeras, médicos, cuidadores, psicólogos. Hay que hacer un seguimiento del anciano. Algunos necesitarán que le corten las uñas, otros que los ayuden a andar.

-¿Qué pasó en España durante la pandemia? Hemos visto imágenes dramáticas de ancianos abandonados a su suerte en algunas residencias.

-Ha habido muchísimos muertos, muchísimos. Pero el ratio de muertes en las residencias de ancianos es de 3,7% sobre el total de 380.000 ancianos que viven en ellas. Y en un año normal muere el 3%. A lo que voy es que ese fenómeno tan dramático fue de algunas pocas residencias, no de todo el sector. En Madrid el ratio llegó a un 7% o un 8%, pero en Andalucía ha sido 1,3%. En nuestro grupo apenas ha habido algún muerto. ¿Por qué? Porque tenemos buenos cuidados, practicamos el aislamiento social, ha habido mucha higiene. Y protocolos. En algunas residencias del sector público ha habido problemas. El sector público tiene dos problemas: cobra poco y controla poco, mira para otro lado. Yo veo residencias de 40, de 32 huéspedes. ¡Apenas pueden tener un médico! Para dar una buena atención tú necesitas un mínimo de plazas. Tú no pueden sostener un médico, un psicólogo, un terapeuta y varias enfermeras para 20 personas. No puedes, no te alcanza.

-¿Cuál es la solución?

-Tener más plazas y sectorizar. Un grupo con los que tienen demencia senil, los que tienen discapacidad física. Separarlos.

-¿Qué se hace con esa gran cantidad de residenciales pequeños que funcionan en casas de familia reconvertidas o en hogares donde sobran tres o cuatro dormitorios?

-¿Tu creés que ese señor le puede dar un tratamiento a los ancianos? ¿Les puede poner un médico? ¿Les puede poner una enfermera? ¿Les puede poner un ayudante que los haga caminar y rehabilitar? No es que no quiera, que no tenga buena voluntad y que no quiera a los ancianos. ¡Es que no puede! En España también pasa. Y te da pena. Porque los ancianos que están en esos lugares no tienen un tratamiento acorde a lo que necesitan, específico. Cuando una persona está muy mayor pero está bien, quizás lo tengas que ayudar a ducharse. Pero luego come sola. Y tiene que tener entretenimiento para no caer en el aislamiento social. Tiene que haber un cierto volumen mínimo de personas para que se puedan poner todos los servicios..

-¿Cómo se financia eso?

-Los centros tienen que hacerlos los privados. El sector público no tiene que invertir en estas infraestructuras porque no tiene dinero. El estado tiene que pagarle el servicio a las personas que no pueden pagárselo por sí mismos, por la vía de pagarle un complemento en su pensión para que puedan costearse un residencial digno. El Estado paga una parte por cuenta del anciano. Y el Estado también tiene que controlar que los protocolos se cumplan, que los ratios de personal se cumplan, que las residencias estén bien preparadas, para que no pasen las cosas que hemos visto que ocurrieron en algunos residenciales de España. Los casos críticos en este país ocurrieron en residencias con poco control, con instalaciones muy defectuosos y con muy bajos ratios de personal. Y por ellos hemos tenido este escándalo.

-¿Cuál sería el mínimo de plazas para poder ofrecer un servicio digno?

-Unos 70 u 75. Más de 100 o 125 pasan a ser demasiado grandes. Esta es la tendencia mundial.

-¿Cómo entró el coronavirus a las residencias españolas a las que entró?

-No se sabe con certeza, pero es de pensar que por las familias, los niños, los jóvenes, y también los proveedores.

-¿Las visitas deben ser prohibidas sin excepciones?

-Sí, sí, cero. Absolutamente prohibidas. En nuestras residencias, cuando podemos, cada anciano está en su habitación absolutamente aislado, no salen de su habitación

-¿No se hacen ningún tipo de excepciones? Si un anciano tiene una enfermedad terminal, le quedan pocas horas de vida…

-No se puede, no se puede. Es muy duro, pero no hay visitas. Algunas de nuestras residencias tienen salas de terminales, pero en las que hay, por desgracia, las familias no se pueden despedir.

-¿Cómo respondió el personal de los residenciales? Hemos visto imágenes de hogares donde los ancianos quedaron solos, sin atención, incluso entre cadáveres…

-Eso pasó solo en algunas pocas, que han sido multadas y hoy están bajo supervisión. El estado ha tomado posesión de esas residencias y se ha llevado a sus residentes a hospitales o a otros sitios, o han tenido que enviar equipos sanitarios. ¡Es que hay gente que es muy irresponsable! Son esos que dicen, tengo un piso libre, acomodo 20 acá, 40, los pongo, cobro, me gano mi dinero… Pero son pocos, la inmensa mayoría de los que se dedican a esto son muy vocacionales. Habrá pasado en 20 o 25 residencias, que alojarían a unas 800 personas de un total de 380.000. Pero siempre salían esas en televisión.

-¿Qué consejo le daría a alguien que dirige un residencial en Uruguay?

-Muchísima limpieza e higiene. Aislamiento de los ancianos en sus habitaciones. Si tienen que compartir una habitación, que pongan mamparas. A los residentes se les toma la temperatura todos los días. Y se hace un riguroso control de todo lo que entra. Que no exista el más mínimo contacto con el exterior. Sin excepciones. Cero. El personal médico cuando entre, se tiene que duchar, cambiar la ropa. Absolutamente. Y todos los días haciendo test a todo el mundo que entra. Hay que ser muy riguroso en el acatamiento de las medidas.

-¿Quién paga los test?

-Ese ha sido un gran problema de España. Apenas se han hecho test. Ha sido la gran diferencia con Alemania. Solo algunos laboratorios privados las hacían y costaban 150 euros, eso es un dineral. Las residencias más potentes podían hacerlo, pero las más pequeñas y la gente no lo hacían.

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