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¿Para quién habla Mujica?

¿Cómo escucharán el discurso anticonsumista del presidente aquellos que solo pueden consumir lo mínimo?

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01 de octubre de 2013 a las 00:00

Para aquellos que nunca conocieron el mar, la advertencia acerca de lo peligroso que resulta meterse en lo hondo es del todo superflua. Es más, la insistencia en propalar los riegos de esa maniobra acuática resultará propicia para que los advertidos sientan una y otra vez esas ganas de conocer el mar que les resulta lejano.

O, pongamos por caso, quienes sean aconsejados acerca de evitar las avenidas más transitadas de Roma si se desea llegar al centro sin contratiempos, se quedarán con ganas de transitar esas denostadas avenidas si resulta que no tienen la menor posibilidad de acceder ni siquiera a los arrabales de la capital italiana.

Digo esto para decir que las arengas anticonsumistas del presidente José Mujica tienen muchísimo de verdad y, cuando usa como escenario los países desarrollados, sus palabras ganan aún mayor espesor.

Pero ¿para quién habla Mujica cuando habla en un país, el suyo, donde el 800 mil personas gana menos de 14 mil pesos por mes? ¿cómo debe ser entendida su convocatoria a trabajar menos y a dedicar el tiempo libre a leer libros, a compartir con la familia, a hacer el amor?


Aquel que gana 14 mil pesos en el Uruguay de hoy ya está recontravacunado contra la enfermedad consumista. No se la va a poder agarrar ni aunque se revuelque de arriba para abajo por los pasillos del shopping. Y si recorta su horario de trabajo para ganar libertad, va a terminar alquilando abajo de un puente.

Es verdad que las propagandas que buscan acelerar el consumo en las clases medias y media baja pueden tener consecuencias catastróficas en valores morales y sonantes que le serán legados a las siguientes generaciones que, a su vez, engendrarán nuevos consumistas compulsivos.

Pero ¿qué escuchan los más pobres cuando Mujica alerta sobre el consumo excesivo de cosas que ni siquiera pueden consumir en dosis mínimas? ¿sentirán ganas de quedar cara a cara con el riesgo para poder decirle que no, o para decidir correrlo? ¿cómo evitar las profundidades del mar si ni siquiera se les permite llegar a la orilla?

Como sea, es inevitable pensar en ese montón de pobres que, tras escuchar las advertencias de Mujica acerca del exceso de bienes materiales, miran a su alrededor y se preguntan de qué corno está hablando ese hombre de la radio.

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