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“Portarse mal”: estrategias para evitarlo y mejorar comportamiento de los niños

El llamado “tiempo fuera” o las penitencias cortas suelen ser efectivas

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06 de septiembre de 2020 a las 05:03

Por Lucy (Kathleen) McGoron* 

Debido a la pandemia de covid-19, ahora la mayoría de los padres pasan o han pasado más tiempo de lo habitual con sus hijos, por lo que necesitan más que nunca que la disciplina en casa funcione. Afortunadamente, existen algunas técnicas que pueden ser muy efectivas.

Como psicólogo del desarrollo considero que cualquier persona que eduque a niños pequeños debe aprender a aplicar el “tiempo fuera”. Esta técnica de modificación del comportamiento es una de las mejores estrategias para erradicar las conductas frustrantes en el niño, como el hecho de que no escuche, trasgreda las normas familiares o actúe de manera agresiva.

Información incorrecta e incompleta

Desde la década de 1960, los psicólogos recomiendan a los padres, tutores y cuidadores habituales aplicar la técnica del tiempo fuera o “penitencia” corta, apropiada para niños de entre 2 y 5 años.

Para su aplicación, los padres o tutores deben sentar a su hijo en silencio en un sitio tranquilo y no prestarle atención durante un breve período hasta que se calme. La técnica tiene como objetivo erradicar las malas conductas y evitar que el niño las repita en el futuro.

Los investigadores han comprobado que el tiempo fuera suele funcionar bien, siempre que los padres y cuidadores primarios sigan cinco pasos específicos.

El problema es que gran parte de la información disponible en Internet y a través de otros canales es inexacta o incompleta.

Cuando un equipo de académicos revisó alrededor de 100 sitios web descubrieron que ninguno incluía todos los pasos esenciales. Por tanto, era de esperar que otros investigadores descubrieran que la mayoría de los padres que aplican el tiempo fuera no siguen todos los pasos.

Otro problema es que la técnica del tiempo fuera no es apropiada para erradicar todas las conductas negativas. Funciona mejor en los niños que se comportan de manera agresiva, como cuando rompen cosas o se niegan a seguir órdenes y se ponen en riesgo. Por ejemplo, podrías aplicar el tiempo fuera si tu hijo agrede a su hermano o hermana. Sin embargo, las rabietas, los llantos y las contestaciones no son motivo suficiente para aplicar esta técnica. En estos casos los padres deben probar otras estrategias, como ignorar el comportamiento del niño.

Además, no recomiendo aplicar esta técnica en el colegio, ya que considero que existen otras estrategias que funcionan mejor, aunque no hay investigaciones concluyentes en este sentido.

En lugar de usar el tiempo fuera cada vez que un niño actúa de manera negativa, los adultos deben probar otras técnicas, como ignorar el mal comportamiento y valorar si pueden mejorar su reacción ante una mala conducta.

Vale destacar que para los padres y tutores eso significa asegurarse de que sus hijos disfruten cada día de un “tiempo” de diversión y alegría. Pueden conseguirlo dedicando al menos 10 minutos cada jornada a jugar con los niños. También es importante estar atentos a los buenos comportamientos infantiles y elogiar a los niños por todo lo que hacen bien.

Los niños deben conocer qué tipo de malas conductas conducirán al tiempo fuera, dónde tendrán que estar durante ese tiempo y cuánto durará. Los padres deben explicarles lo que sucederá durante el tiempo fuera aprovechando una ocasión en la que todos estén calmados y felices. Para que los niños lo entiendan, se puede usar un peluche para demostrar cada paso.

Pasos clave

Se supone que el tiempo fuera es aburrido, no da miedo ni es extremadamente punitivo. Durante su aplicación los padres deben mantener la calma en todo momento y contarles a los niños solo lo necesario de cada paso.

Por eso, antes de aplicarlo con tu hijo, explicale claramente por qué tiene que hacerlo. Por ejemplo, podés decirle: “Golpeaste a tu hermana, por eso vas a hacer el tiempo fuera”.

Luego llevá al niño a la silla de pensar. Recomiendo apostar por un lugar tranquilo y aburrido en lugar de una habitación con muchos juguetes, llena de personas o donde esté encendido un televisor u otro dispositivo que distraiga su atención. Lo ideal es usar una silla robusta de adultos en lugar de una diseñada para niños, ya que las sillas infantiles son más ligeras y los niños pueden empujarlas o incluso lanzarlas cuando están enfadados.

El tiempo que los niños pasen en la silla debe ser proporcional a su edad, un minuto por cada año de vida. No hay evidencia de que prolongar el tiempo fuera funcione mejor.

No hay problema si se levantan de la silla, lo cual sucede a menudo. Ante esta situación los padres deben mantener la calma y pedirle al niño que regrese a la silla. Es importante tener en cuenta que esto podría suceder más de una vez porque la propia concepción de la técnica radica en que sea aburrida y no todos los niños lidian bien con el aburrimiento.

Si al inicio, el niño solo puede permanecer sentado 30 segundos, pon fin al tiempo fuera tras esos 30 segundos. No obstante, es fundamental que la decisión de cuándo se termina el tiempo fuera la tome el adulto a cargo y no el niño. Cuando adultos y niños aprendan a aplicar el tiempo fuera de manera correcta, se puede ir extendiendo el tiempo de manera gradual. Si tu hijo muestra una actitud cooperativa, agradéceselo después.

Una vez que finalice el tiempo fuera, retoma el vínculo con el niño. Puedes hacerlo sentándote en el suelo para jugar juntos. Los padres, tutores y cuidadores habituales también deben estar atentos a las conductas positivas del niño que quieren que se repitan con más frecuencia y alabar ese comportamiento.

Tanto los padres como los niños deben seguir todos estos pasos para que el tiempo fuera funcione. Si tienes problemas para controlar tu temperamento, probá con otra técnica. Además, tené en cuenta que el tiempo fuera no es apropiado para todos los pequeños.

En cualquier caso, en la mayoría de las familias la técnica del tiempo fuera funciona, ya que los niños se dan cuenta de que golpear a los demás y comportarse mal implica dejar de divertirse durante un tiempo.

*Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. 

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