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¿Quién le teme a las Afap?

El régimen previsional que rige desde 1996 ha sido exitoso para los futuros jubilados quienes tienen un control total sobre sus aportes a las Afap´s.

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29 de agosto de 2012 a las 00:00

Otra vez las Afap's en el candelero. Como el sistema previsional de cuentas individuales no pudo ser eliminado en su momento, cada pocos años vuelve una embestida contra el régimen de pensiones, disfrazada de razones "sensibles".

Ahora la propuesta de algunos sectores de izquierda es permitir la desafiliación y el pasaje al BPS. ¿En nombre de qué? En nombre de que cada afiliado a las Afap que gana menos de $28.067 nominales (unos 800.000 aportantes) pueda decidir si le conviene más quedarse en su Afap o irse al BPS.

Difícil decisión, sin duda, por todos los cálculos que hay que hacer en función de ingresos pasados y de expectativas de ingresos futuros.

Pero más allá de las cuestiones numéricas, difíciles de dilucidar hoy y ahora, en esta iniciativa se observa una nueva ofensiva no ya para “eliminar” el régimen de cuentas personales, sino para “vaciarlo” de aportantes y quitarle el sentido a todo el sistema.

Hasta el momento el régimen mixto iniciado en 1996 ha funcionado muy bien y los rendimientos de los fondos previsionales han sido del 8% anual acumulativo, tasa superior a la tasa natural de interés que podría situarse en el 3% en el largo plazo.

Tan buena ha sido la rentabilidad, que hoy el fondo previsional de cada afiliado está compuesto en un 34% de aportes de los trabajadores y un 66% de la rentabilidad obtenida.

Aparte de esto, se tiene la ventaja de que el fondo generado por cada afiliado es propio, es claramente identificable, no puede ser tocado y sí puede ser transferido a un familiar. Es decir, el trabajador es dueño de su fondo del mismo modo que lo sería de una cuenta corriente en un banco, en la cual mes a mes fuera aportando un porcentaje de su salario.

Esto es probablemente una de las dos cosas que más molestan a quienes se oponen al sistema: los fondos son intocables por el sistema político y no se diluyen por inflación como ocurrió durante décadas en el país. Cada uno es dueño de sus aportes, aunque en una porción contribuye a financiar pensiones más bajas. Por ello se llama sistema mixto: coexiste el apoyo a los trabajadores de menores ingresos con una cuenta personal intocable.

El otro punto que genera molestia es el tema de la administración de los fondos. Se dice que la “seguridad social no debe ser negocio”. Y eso es una falacia. La seguridad social no es un negocio. Lo que es negocio es la “administración de los fondos previsionales”.

Y es razonable que así sea. Por administrar los fondos para maximizar su rendimiento, empresas especializadas y bajo supervisión del BCU, cobran una comisión con la cual pagan sus gastos y obtienen un beneficio. Algo totalmente lógico y razonable.

No se trata de negociar o jugar a la ruleta con la seguridad social ni con el futuro de los pensionistas. Se trata de realizar un trabajo profesional que si no lo hiciera una entidad dedicada a ello sería un banco o una compañía de seguros, públicas o privadas, que administraran una cuenta personal y pagaran luego la pensión.

Solo en un sistema de seguridad social estatal no se cobraría comisión porque no estaría administrando nada. Y tampoco se sabría cuánto dinero tiene cada uno acumulado y hasta se correría el riesgo, que mucha gente vivió en este país, de que su pensión nada tuviera que ver con los aportes realizados a lo largo de la vida laboral.

De modo que nada hay que temer de las Afaps's pero sí de quienes desean tener bajo su control el cuantioso fondo previsional acumulado e invertirlo en riesgosas operaciones o dilapidarlo. En Argentina, el gobierno de los Kirchner eliminó el sistema previsional, expropió sus fondos y los destinó a financiar el déficit fiscal. No sigamos, ni de cerca, ese nefasto ejemplo que solo conduce a pensiones más bajas para las futuras generaciones.

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