L os uruguayos gozamos internacionalmente de buena fama: cumplimos los tratados y los contratos –o al menos casi todos–, no entramos en default, pagamos nuestras deudas soberanas y gozamos de buen crédito en los mercados internacionales. Aparecemos en lugares de privilegio en cuanto Índice de Transparencia Internacional o de Baja Corrupción circula por el mundo (aunque no ocurre lo mismo en los índices de libertad económica). También salimos bien posicionados en los índices sobre funcionamiento del Poder Judicial (excepto por lo que refiere al proceso penal, donde aún no nos hemos quitado de encima un proceso penal que da vergüenza y que es violatorio de todas las garantías individuales y constitucionales).
¿Somos tan correctos como dicen?
Aceptemos con buena cara las advertencias o los consejos que no nos elogian pero nos dicen la verdad o nos aproximan a ella