20 de enero de 2012 22:12 hs

De un día para el otro, Silvia Ibarra –profesora de Biología de 32 años– se convirtió en un ejemplo para cientos de uruguayos, tuvo un grupo de Facebook con 3.000 seguidores y hasta hubo quien la llamó “heroína ciudadana posmoderna”. La raíz de su tan celebrada hazaña no fue otra que filmar y hacer frente a unos inspectores de tránsito de Montevideo que iban en exceso de velocidad y que, al verse sometidos al escrutinio de la cámara de un celular, decidieron multarla por infracciones que ella alegó inexistentes: no llevar matrícula y no tener puesto el cinturón de seguridad.

Las repercusiones del video –emitido en televisión en 2010– no se hicieron esperar. Quien fuera la intendenta de Montevideo, Hyara Rodríguez, manifestó que las imágenes le causaron “indignación” y que iniciaría un sumario a los funcionarios implicados. Finalmente, los inspectores fueron suspendidos durante un mes y medio, a excepción del jefe, que recibió tres meses. La Intendencia no solo no se disculpó con la docente sino que procedió a cobrarle las dos multas.

A simple vista, Silvia Ibarra –piel muy blanca, cabello entre castaño y rojizo, un tatuaje en forma de espiral en cada hombro– conjuga una mezcla de decisión y reserva, de energía y timidez. Accede a la entrevista, aunque repite una y otra vez que quiere dejar atrás el suceso que la convirtió en una persona pública y pide por favor que El Observador no le saque fotos. “Tener tal grado de exposición me afectaba en mi trabajo, no sé si lo hubiera hecho si lo hubiera sabido”, reflexiona.

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Sin embargo, luego no puede con su genio y añade: ”Si hay algo que está mal o siento que le hace daño a alguien, yo me voy a parar. Esto me trajo una cola de repercusiones que no pensaba y, en la vida, esa actitud también me las trae. Pero soy así”.

Todo comenzó cuando Ibarra y su pareja circulaban en un auto –ella iba al volante– por la calle Batlle y Ordoñez y vieron pasar a un vehículo de tránsito traspasando el límite de velocidad admitido. La docente comentó la infracción a los inspectores. Al ver que los municipales no les prestaban atención, comenzaron a filmarlos, a lo que estos optaron por hacerles detener el vehículo.

“Nosotros somos la ley y podemos hacer lo que se nos antoje mientras no molestemos a nadie”, le espetó uno de los inspectores. Ibarra recuerda que uno de ellos la “trató de estúpida” cuando le pidió sacar la libreta de propiedad y le dijo: “¿Usted sabe leer señora? Acá dice use cinto”. Eso no salió en el video porque el celular se quedó sin batería.

La sobreexposición que tanto preocupa a Ibarra vino de la mano no solo de muestras de afecto. El presidente de Adeom hizo públicas informaciones supuestamente privadas relativas a Ibarra, como que la conductora del auto mantenía deudas con el departamento de Canelones o que estaba requerida por la Justicia por no pagar la patente. Se la acusó, además, de filmar mientras conducía y de editar el video.

Ibarra cree que el problema se magnificó porque no había “algo más fuerte” y debido a que “en el ideario popular los inspectores de tránsito son todos perversos”.

Mientras tanto, la docente se sigue indignando por otros aspectos de la sociedad uruguaya, como “que se criminalice a los chiquilines”. Y por si queda alguna duda de su intención de despegarse de las etiquetas de la fama inusitada, afirma: “Yo soy una persona más común que el pasto. Lo que me sucedió es una anécdota”.

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