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¿Y si era el Pepe quien llevaba a “el Gucci” a la 609?

Los partidos quieren sumar figuras populares, pero los ajenos a la política vienen con virtudes y defectos; el escándalo innecesario afecta al FA y a su candidato

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17 de agosto de 2019 a las 05:02

Humberto Castro llegó al Frente Amplio con la creación del Encuentro Progresista, como abanderado de una corriente batllista de izquierda, en aquel proceso de ensanchar a la coalición de izquierda con otros grupos de exblancos, excolorados y el reencuentro con demócratas-cristianos.

Sin ocupar puestos de visibilidad masiva, Castro logró ser de confianza de Tabaré Vázquez y se ha mantenido en el Frente con su lista, primero 800 y luego 890, haciendo acuerdos con unos y otros grupos para mantener vigencia.

Su lista no tiene magnitud como para lograr banca en el Parlamento, pero le suma al Frente, y luego siempre hay cargos políticos para tener en cuenta a los que aportaron a la victoria.

Para esta elección, Castro logró una adhesión de una figura popular, conocido como “el Gucci”, que iba a ir en la lista a Diputados. Ni Castro, ni “el Gucci” tenían chance de obtener representación parlamentaria, pero el aporte de popularidad podía sumar votos.

La utilización de figuras populares para respaldar listas es una tradición que no se limita al Uruguay; algunos lo hacen espontáneamente y se manifiestan a favor de un partido o un candidato por su propia voluntad, y otros son convocados.

Todos quieren mostrar que son convocantes al público masivo pero que también son seguidos por figuras de arraigo popular, sean deportistas, escritores, cantantes, bailarines, estrellas de la TV. 

Nadie convoca a símbolos del mal, nadie quiere el apoyo de un narco, de un estafador, de un líder de banda de rapiñeros, de un violador, de alguien que desprecie la democracia, porque justamente cuando se trae a alguien de afuera de la política es para que sume, y no para que reste.

Pero esas figuras, que son ídolos de gran cantidad de gente por los goles que hace, por lo que canta o por lo que escribe, son personas que tienen virtudes y defectos. Seguramente no sean “políticamente correctos” y manejen códigos que en la política no sean de recibo.

Por eso hay un “doble filo” en esos apoyos, porque su lado bueno les ha hecho famosos, pero en muchos casos, hay un “lado feo” que no es visible.

Y hay un tercer espacio, cuando no hay necesariamente “un lado feo” pero hay sospechas o dudas de que lo haya.

La adhesión de “el Gucci” a una lista minoritaria del Frente Amplio generó una ola de indignación entre militantes feministas que consideran que las denuncias que tiempo atrás le habían hecho mujeres a través de redes sociales, tienen asidero y son motivo para rechazar su apoyo y su inclusión en una hoja de votación. Eso, pese a que cuando surgieron esas acusaciones públicas, el cantante se presentó a la Justicia y se puso a disposición para que se lo investigara, por lo que obtuvo una retractación y pedido de disculpas.
El caso tiene varias aristas.

Por un lado, se trata de alguien que logró movilidad social ascendente, con un origen humilde y acotadas posibilidades de progreso, el canto le abrió una puerta a una nueva vida, que no sólo tenía confort sino que además le daba una exposición pública masiva, no fácil de manejar.

De un día para otro dejó de ser el muchacho de una barra de club de basquet barrial para estar en Rio de Janeiro junto a una de las mujeres más famosas del país, filmando un spot publicitario que vería todo el Uruguay. Y una cadena de shows, viajes, dinero, fama.

Nada justifica que eso derivara en acciones de abuso sobre otras personas, como tampoco que hubiera tenido una infancia como víctima de bulling o que su ascenso social fuera sin escalas. Pero vayamos a los hechos.

En sede judicial, tanto cuando lo acusaron en redes, como en otro caso en el que él denunció a una expareja que le había robado bienes, el personaje de la polémica no fue sometido a proceso ni tuvo acusación.

También es cierto que para rechazar a un candidato o a una figura de respaldo, los dirigentes de un partido no necesitan pronunciamiento judicial sino que lo pueden hacer por considerar que no es conveniente quedar asociados. 

Como ejemplo reciente está el criterio que impulso Talvi para los “referentes” de cada departamento, que fueron analizados por criterios de ética y que eso llevó a rechazar varios casos de posibles postulantes.

¿Pero quien puede asegurar que entre los cientos de nombres que hay en las listas no haya varias personas con motivos para avergonzar al votante o al líder de esa agrupación?

El caso de las figuras populares, que los partidos utilizan para exhibir capacidad de convocatoria y para aprovecharse de una fama desarrollada en áreas de fuera de la política, en su plan de conquista de votantes, implica riesgos. Los riesgos vienen con la figura popular, y puede ser por adicciones, por estilo de vida, por desapego a formalidades, por desorden en el pago de impuestos, por varios motivos.

En rechazo a este cantante popular tuvo otro problema, que se convirtió en una especie de juicio público sin garantías, y lo perjudica en su trabajo, en su forma de ganarse la vida haciendo shows.

El cuestionamiento al candidato presidencial es otro off side de algunos dirigentes del Frente Amplio. ¿Qué tenía que haber hecho Martínez?

¿Tomar en cuenta lo que dijo gente en redes sociales o un pronunciamiento judicial?

¿El candidato es el que debe decir a cada sector quien puede poner o sacar de una lista?

El Gucci no iba a tener cargo alguno y si se quería bajar el perfil de su participación, eso se lograba fácilmente, se preservaba la imagen del candidato y no se afectaba al cantante, que termina “castigado” con una “pena de facto”, más severa de lo que podía haber sido si la justicia lo encontrara culpable. 

Los partidos no tienen un scanner para evitar que “gente mala” entre a sus listas y cuando eso pasa siempre hay una forma de resolver el problema, en forma más civilizada que la de una tribuna de fiscales sin reglas ni derecho a la defensa.

Nadie sabe si este escándalo moverá votos, pero sí se sabe que no es bueno para un partido que tiene una elección compleja perder una semana en un enredo de esta naturaleza.

Y queda una duda, no menor.

Cuando el Frente precisaba crecer en votos para ganar la elección, “Pepe” Mujica defendió su peculiar política de alianzas con aquel dicho sobre tragarse sapos y abrazarse a culebras. Muchos le festejaron la ocurrencia. Ahora, ¿si Pepe hubiera llevado a “el Gucci” al Espacio 609 como hizo antes con diversas figuras polémicas, le hubiesen hecho bajar el postulante?

Probablemente las redes sociales se hubieran agitado, pero no sería lo mismo.

A poco de dos meses de ir a las urnas, lo que pudo ser una anécdota terminó en un sainete que expuso mal al candidato del oficialismo.  Y así, es difícil. 

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