4 de marzo 2021 - 14:33hs

Una cuestión es la ideología, el conjunto de creencias sobre cómo debe organizarse y funcionar una sociedad en cuanto a las relaciones económicas, y eso deriva en que, ante un mismo problema, las posibles soluciones que unos y otros postulen sean antagónicas. Otra cuestión es cómo se vuelve periódicamente a reclamar o proponer medidas políticas que ya fueron aplicadas varias veces, y siempre con el mismo resultado: nefasto; cuando ya está demostrado que “buscando el bien”, se cae en “el mal”.

Junté 10 ejemplos de esta naturaleza, y de eso te quiero hablar en esta entrega de Rincón & Misiones.

¡El avión, el avión …!

A fines de los años ´70, la cadena de TV norteamericana ABC comenzó a divulgar una serie llamada “La isla de la fantasía” que se extendió hasta mediados de los ´80 y que se divulgó en Uruguay con relativo éxito. Quedó grabada en la memoria de los televidentes el grito del actor francés que protagonizaba el personaje de “Tattoo”, asistente fiel del anfitrión de la isla, cada vez que veía llegar un avión con pasajeros.

La trama de la serie era sobre el cumplimiento de sueños de los clientes del servicio que daba la misteriosa isla, pero en el fondo apuntaba a mostrar que la gente quería algo, pero no lo sabía bien, y se inclinaba a otra cosa. Los ocasionales huéspedes llegaban con una fantasía para cumplir, pero el anfitrión tenía la capacidad de descubrir lo que realmente quería.

El replanteo periódico de propuestas económicas que ya se saber que son para darse de frente contra una pared, me trajo recuerdos de aquella serie de TV, porque los que proponen medidas que terminan perjudicando al que quieren beneficiar, no asumen esa condición; viven en una isla de la fantasía, a la que llegan con la idea de que se haga algo, pero eso no es lo que aplica al interés que los lleva a eso.
Seguramente se entiende más fácil con ejemplos concretos.
 

  1. Crece la inflación; pongamos topes a los precios.

Es un clásico; a veces con todos o muchos productos, otras veces con algo puntual, como el kilo de asado, el paquete de yerba o cualquier otro producto similar. Desde el imperio romano ya se sabe que eso deriva en desabastecimiento, mercado negro, resignación a la realidad, y una pérdida de tiempo para volver al principio: si hay inflación es necesario entender los motivos y aplicar medidas de política adecuadas.

Uno creyó que la congelación del ´68 había servido de ejemplo para no repetir esas locuras, pero … la historia se repite. Para los argentinos, la tentación de “precios administrados”, “precios cuidados” y todas esas cosas, son como el dulce de leche cremoso: una tentación.
Y en Uruguay, hay muchos adeptos.

  1. Aumenta el desempleo: precisamos crear puestos de trabajo

Es como una consigna, y es un reclamo a cualquier gobierno, como si el Estado tuviera una máquina de generar puestos de trabajo. Si aumenta la plantilla de públicos, para bajar el desempleo, el resultado es más burocracia que genera peso al sector privado que es el que cuando invierte, demanda mano de obra genuina. No se “crea” empleo; se pueden “crear” condiciones para que haya inversión y aumenten los contratos a personas.

  1. Sube la pobreza: hay que dar más dinero a los pobres.

Obviamente que ante fenómenos desgraciados de incremento de indigencia y pobreza, el Estado debe amortiguar eso y queda obligado a más gasto social, pero hay que entender que eso “no baja” la pobreza y para que eso realmente ocurra, las familias deben tener empleo o emprendimientos propios que le permitan obtener un ingreso genuino y no un salvavidas … permanente.

  1. Aumenta la gente con problema de vivienda: congelemos los alquileres y prohibamos los desalojos.

Para que haya viviendas para alquilar, para que los precios sean accesibles, lo que se precisa es que eso, alquilar a otros, deje una ganancia interesante, o sea que valga la pena. Todas las medidas que hacen que el propietario no pueda recuperar su inmueble, o que deba conformarse con una renta menor a la que surge de mercado, deja heridas que perduran con el tiempo. Si no me dejan cobrar lo que corresponde, porque me obligan a subsidiar yo a un inquilino, vendo el apartamento y me compro un par de taxis o coches para Uber. Es simple: congelación de alquileres, suspensión de desalojos, derivan en mercado más chico y menos viviendas para inquilinos.

  1. Hay mucha demanda de dólares: pongamos restricciones a la compra de moneda extranjera.

En Uruguay es cosa del pasado; en Buenos Aires, vive y lucha. En el botiquín peronista, es como un elemento de primer recurso. El resultado es conocido: mercado negro (“blue” para los argentos), corrupción, distorsión de precios y al final … a devaluar, a devaluar …

  1. Las tasas de interés son altas: hay que topear los intereses.

Ideal para los que son generosos con la billetera de otros; quieren que se preste dinero, pero a bajo interés. Quieren que otros presten, y presten barato. De la misma manera que Uruguay consigue dinero más barato que Colombia pero más caro que Perú, a la Argentina nadie le quiere prestar, y si lo hace será a tasa cara. Si le ponen tope de tasa, no le presta nadie. Eso mismo pasa con la gente. Los topes -generosos- dejan a muchos tomadores de préstamos en el mercado informal (les puede prestar uno que da crédito en el casino para ruleta, a una tasa linda, que no está controlada).

  1. El déficit fiscal es alto: hay que poner impuestos a los “grandes capitales”.

Si el déficit es alto, y creciente, hay que ver los motivos y atacarlos. La historieta del súper héroe que grava con tributos a los villanos ricos, ya se sabe lo que da: corre inversiones y recauda monedas.

  1. La inversión privada baja: hay que aumentar la inversión del Estado.

El Estado debe invertir lo necesario y bien: podrá impulsar o acelerar obras como forma de estimular demanda agregada y mover mercado laboral puntualmente, pero no reemplaza la ausencia de inversión. Si los privados no invierten, eso solo se revertirá actuando en las causas del problema y no aliviándolo con algo sustituto. Si no se logra en serio que haya inversión privada, el fisco quedará en un rojo creciente que impedirá seguir invirtiendo, por quedase sin caja, y sin crédito.

  1. Hay un sector económico que crece mucho: pongamos freno para que no perjudique a otros sectores.

Un fantástico ejemplo de querer hacer el bien, haciendo el mal. Y cuando se logra eco con esas cuestiones, el costo es muy duro para los más pobres.

  1. La gente compra muchos productos importados: hay que poner trabas a las importaciones.

¿Por qué será que la gente compra más importados? Hacerse esa pregunta siempre es mejor que ponerse a maquinar fórmulas proteccionistas creativas. Los populismos-nacionalistas tienen la tentación chauvinista a flor de piel. Lo que le pasa a los países que se cierran, está contado en los libros de historia.
***
Todo eso me recuerda a “La isla de la fantasía” y al enredo entre lo que se quiere y lo que cree que se quiere, porque en el fondo ese collar de propuestas, que pese a las experiencias de fracasos reiterados, generan ilusión a muchos dirigentes políticos. Es como volver a ver el filme Titanic, de nuevo varias veces, para esperar al final a ver si Dawson se salva, no se ahoga, y se termina casando con Rose.

Corriendo riesgo que algún despistado acuse de spoiler, digamos que Dawson se muere.

Sí, aunque se vea de nuevo, el muchachito muere.

Soy Nelson Fernández, periodista y analista económico, columnista de El Observador. Hasta aquí esta nueva entrega de Rincón y Misiones, la newsletter exclusiva para suscriptores Member de El Observador para entender mejor la realidad económica y los temas que tocan nuestro bolsillo, y contar con mejor información para tomar decisiones.

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