2 de enero de 2014 17:08 hs

En Montevideo se producen granos ecológicos de trigo y maíz, de máxima calidad, en un emprendimiento rentable que seduce a los jóvenes y brinda una solución a gente muy mayor con pequeñas quintas que fueron abandonando, destacó Mauricio Vives, presidente de la Granelera Ecológica Cooperativa (Graneco).

Vives, quien curiosamente es constructor naval, se vinculó a la producción ecológica hace 15 años, primero como horticultor, produciendo ahora harinas de trigo y maíz para consumo humano.

Graneco surgió “porque todos éramos productores familiares, con un problema de escala, para lograr un volumen de granos que hiciera sustentable el proyecto”.

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En 2012 empezaron cuatro y plantaron seis hectáreas de trigo y cinco de maíz. Hoy son 14 y en apenas un año avanzaron a 30 hectáreas de trigo y 30 de maíz. Y con los volúmenes productivos actuales ni siquiera logran abastecer la demanda de harina de consumidores que les adquieren en forma directa y de una cantidad de comercios interesados en vender harinas ecológicas.

Los 14 son todos del área rural de Montevideo, pero hay interés de extender la participación en la experiencia a productores de todo el país, para lo cual se considera fundamental ir creciendo en cada eslabón de la cadena, “desarrollando los cultivos, la industrialización y la comercialización; los 14 somos la cadena, hacemos todo”, resaltó, orgullo de ello.

Esos 14 productores accionan en el oeste de la capital, en La Colorada, Rincón del Cerro, Pajas Blancas y Punta Espinillo, por ejemplo. Tiene de 30 a 70 años y un promedio de tres hectáreas. De los 14 seis son mujeres y dos de ellas son directivas de Graneco en un comando conformada por cinco personas, una es la administradora y otra es la encargada del área de comunicación. “Ocupan cargos de decisión”, indicó.

Graneco produce granos en forma ecológica “porque el mercado lo pide; si quisieramos plantar trigo convencional para vendérselo al molino San José no seríamos competitivos, pero sí en la modalidad ecológica y al integrar toda la cadena”, explicó luego.

“No somos fundamentalistas”

Del no uso de agroquímicos, “acá intentamos producir con la naturaleza, no contra la naturaleza, respetando los equilibrios de los ecosistemas, para alterarlos lo menos posible. Creemos mucho en la producción ecológica, pero no somos fundamentalistas”, dijo Vives. “Endentemos que el mundo debe alimentarse, que las necesidades de consumo son muy grandes, concientes que no podríamos abastecer a esa tremenda demanda, y si no podemos no tenemos derecho a señalar a nadie con el dedo”, concluyó.

El Observador Agropecuario realizó una recorrida por un par de áreas de trabajo de Graneco. En una quinta hortícola abandonada seis años se cosechaba trigo. En 2012 se lograron 1.200 kg/ha y en la zafra actual 1.800 kg/ha. Culminada la trilla estaba previsto hacer un abono verde, plantando moa: “Vamos a cosechar la semilla incorporando el rastrojo al suelo como materia orgánica, no dejamos ese suelo descubierto”.

En otro terreno, abandonado en el año 2000, donde había un viñedo, se sembraba maíz, con la expectativa de lograr 3.500 kg/ha, tras una mala experiencia al inicio de 2013 culpa del granizo de fin de enero “que nos dejó solo las cañitas paradas”, recordó.

“Son maíces tardíos, pero se puede regar y después del maíz haremos chicharo o algún tipo de leguminosa rescatando la semilla e incorporando el rastrojo como abono verde”, explicó.

Sobre una incorporación a estos sistemas productivos de la producción animal, sonriendo advirtió que “sería soñado, pero descartado: si quisieramos tener animales tendríamos que tener un ejército cuidándolos, lamentablemente es imposible acá por el tema de los robos”.

Cómo arrancó todo

En 2012 se presentó un proyecto a la Unidad de Montevideo Rural de la intendencia, solicitando apoyo. “Nos aportaron un agrónomo para asesorarnos, una sembradora de directa y una pequeña cosechadora, por eso arrancamos con seis hectáreas de trigo”, recordó.

“En lugar de glifosato previo a la siembra hicimos un laboreo mecánico para matar las malezas y sembramos con la directa. Si se hacen las cuenta bien habría que añadirle al modelo agroquímico el costo ambiental, así el costo en ese modelo subiría muchísimo porque hay que considerar ese costo oculto que lo pagamos todos, el de la contaminación de las cuencas hídricas, el calentamiento global, el cambio climático”, por lo tanto, entiende Vives, en el modelo ecológico se obtienen menos kilos por hectárea, no obstante “nos brinda unas ventajas comparativas muy sensibles”.

En relación a la semilla, “la de maíz la producimos nosotros, hay una red de más de 200 productores de semillas en el país, nos mandan muestras que analizamos para comprobar que no estén contaminadas con transgénicos y decidimos cuáles usar. Este año tuvimos ofertas desde ocho lugares del país y curiosamente la única que estaba contaminada procedía de la Quebrada de los Cuervos, en Treinta y Tres”.

En trigo, “usamos material del INIA, sus variedades comerciales en manos del Instituto Nacional de Semillas o algún semillerista, este año fue Calprose. Hacemos es un acuerdo para que no la curen”.

En herramientas, se dispone de una cosechadora Massey Ferguson de 1975, se la eligió porque tiene un tamaño autorizado para circular por los caminos rurales de Montevideo y es ideal para trabajar en predios chicos. La sembradora es una John Deere de tres surcos cuyo año de fabricación cuesta detectar, tirada por un añejo tractor Massey Ferguson de 30 caballos. Ahora están reconstruyendo una sembradora más moderna, de cinco surcos. También se vio un tractor Valmet 885 tirando de la tolva en la que se depositaba el grano de trigo.

Industria y comercio

En el predio de un cooperativista hay un galpón donde se deposita el grano en silos de malla, separado según la procedencia. Recién luego del análisis que lo identifica como apto para consumo humano, identificadas las cualidades panaderas mediante análisis en el INIA, el LATU o la Facultad de Agronomía, “sabemos cuáles granos mezclar para lograr el contenido de gluten y la calidad de harina que queremos”.

Como se avizoró un aumento de la producción Graneco se presentó a un llamado del Ministerio de Industria para cooperativas “y nos apoyaron para financiar la construcción de silos para 40 toneladas, tecnología brasileña, con sistema de sensores que miden temperatura y humedad y una tecnología que incluye un software que permite tomar decisiones sin realizar tratamiento químico al grano”, destacó.

Los silos estarán listos para guardar el maíz de 2014. La inversión es de US$ 15.000. “El Ministerio de Industria aportó para la compra de los silos y nuestra contrapartida es la obra civil”, indicó.

Del eslabón comercial, Vives sonriendo contó que “no salimos a vender harina, tenemos que escondernos de los que quieren comprar, no damos abasto, dada la calidad del producto. Realmente hacemos harina integral, molemos el grano con cáscara, con zarandas muy finas que la deja como una harina blanca. Tiene una aceptación muy grande, no solo por ser ecológica, también porque su máxima calidad”.

La comercialización es en la Ecotienda de Maldonado y Santiago de Chile, en la feria de los domingos del Parque Rodó y en comercios que venden productos para naturistas y vegetarianos, a $ 50 el kilo al público, y en bolsas de de cinco y 10 kilos para gente que elabora pastas y panes. Son 14 los productores, pero hay más de 20 personas que en forma directa o indirecta se ven beneficiados.

Un ejemplo es el del predio en el que se apreció la cosecha de trigo: no pertenece a ninguno de los integrantes de Graneco, son seis hectáreas de un jubilado que no puede producir ya –algo cada vez más frecuente en el área rural capitalina–, quien por poner su campo a disposición recibe un 10% del rendimiento de la cosecha y, además, deja de ver su campo abandonado, lo cual le daba tristeza. “Poner a producir una tierra con seis años de abandono tiene un costo elevado, pero si creemos en nuestro modelo debemos ser capaces de ser eficientes en ese campo”, aseveró Vives.

5.000 ha sin uso del suelo en el área rural

El 60% de la superficie de Montevideo es área rural. De ese 60%, precisó Mauricio Vives, hay 5.000 hectáreas sin uso aparente del suelo, son tierras que no están dedicadas a la producción.

“No están en producción porque la gente no tenga interés en trabajarlas, no están en producción porque no se aprecia una alternativa rentable, incluso si esa superficie estuviera toda plantada con rubros como lechuga, acelga o frutas, tendríamos que tirar la producción porque no habría acá una demanda para toda esa producción”, explicó.

Con el desarrollo en tecnología disponible hoy, recurriendo a la producción intensiva en los invernáculos, “la realidad es que se necesita mucho menos tierra para producir más que antes, así las tierras van quedando abandonadas y allí es que entramos nosotros con la idea de aprovecharlas produciendo granos en forma ecológica”.

Molino propio en el Pagro

La primera experiencia entre Graneco y la Unidad de Montevideo Rural de la intendencia “fue tan buena que el apoyo se amplió y nos dieron en el Parque de Actividades Agropecuarias (Pagro) un lugar que estaba abandonado, lo restauramos e instalamos un molino habilitado por Bromatología –se inauguró el 16 de diciembre–, para la etapa industrial que hacíamos en el predio de uno cooperativista”, informó Mauricio Vives. Es un molino chico, pero muy útil hasta que se disponga de uno mayor. Llegada esa instancia, el molino chico del Pagro se usará a producir harinas para celíacos.

El nuevo molino estará en el predio de uno de los cooperativistas, en un galpón que fue bodega, sobre Cno. O’Higgins. Es un proyecto para el cual se buscarán nuevos apoyos.

“Muchas veces se dice que el ministerio no hace nada, que la intendencia no ayuda… no es verdad, cuando hay buenas intenciones y buenos proyectos, realmente sustentables, los apoyos están”, afirmó Vives.

El Ministerio de Ganadería “está ejecutando 300 proyectos de fortalecimiento institucional a organizaciones de productores, tenemos ese apoyo con US$ 61 mil y por 18 meses, que mucho valoramos. Nos permitirá tener una oficina, una computadora para organizar la comercialización y distribución, acceder a capacitación, contratar un técnico en alimentación que dirigirá la parte técnica en la industria y a un contador, hacer difusión para llegar a más productores y consumidores, establecer convenios con INIA y Agronomía... habrá un gran desarrollo gracias a ese apoyo”.

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