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Ahora, ¿es inevitable cancelar brexit?

Entre seguir y cancelarse 

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24 de enero de 2019 a las 05:03

Anatole Kaletsky                                                  

En tiempos de agitación política, los eventos pueden pasar de ser algo imposible a convertirse en algo inevitable, sin ni siquiera pasar por lo improbable. A principios del año 2016, la idea de una salida de Gran Bretaña de la Unión Europea parecía casi tan absurda como la idea de que el próximo presidente estadounidense llegaría a ser Donald Trump, quien se había declarado en quiebra en seis oportunidades  y se comportaba como una plaga sexual constante. Unos meses más tarde, brexit y la presidencia de Trump recibían reconocimiento universal como la consecuencia inevitable de una reacción negativa en contra de la globalización y las élites, misma que pudo pronosticarse con décadas de anterioridad.

Fue esta sensación de inevitabilidad  la que tuvo mayor influencia – mucha más influencia que una auténtica convicción antieuropea – en el cúmulo de factores que desalentó a Gran Bretaña con respecto a cambiar de opinión acerca de una política inútil y autodestructiva que fue la preocupación de muy pocos votantes hasta el año 2016. El mensaje proveniente de las encuestas y grupos focales posteriores al brexit fue: “Todos sabemos que el brexit tiene que suceder, entonces, ¿por qué los políticos simplemente no se ponen a trabajar para que ocurra?”

Sin embargo, ahora que el proceso de brexit se desplaza con dirección a su clímax, otro resultado se está desplazando desde lo imposible a lo inevitable: Gran Bretaña pronto podría cambiar de opinión y decidir quedarse en la UE. Este vuelco del destino podría comenzar el próximo mes, momento en el que se provee  que la primera ministra Theresa May pierda la votación parlamentaria decisiva sobre el acuerdo brexit que negociado por ella.

En caso de que esto suceda, y cuando realmente suceda, May se enfrentará ante dos opciones desagradables. Ella podría presidir una ruptura “Sin Acuerdo” con Europa – equivalente a una declaración de guerra económica contra la UE – y arriesgarse a hacer frente a una crisis económica del nivel de la del año 2008 acompañada de un trastorno fronterizo en Irlanda que podría reavivar los “problemas” allí ocurridos. O, podría romper sus promesas extravagantes relativas a honrar las “instrucciones del pueblo” dadas en el referéndum del año 2016 y permitir una nueva votación popular que podría anular el brexit.

Para evitar esta decisión ingrata, May podría intentar, por última vez, presionar para que sus propuestas sean aprobadas en el Parlamento después de perder la votación programada para la semana del 14 de enero. Pero, si ese último esfuerzo falla, sus opciones se reducirán a una ruptura Sin Acuerdo y a un nuevo referéndum. 

Con las opciones así reducidas, los riesgos y los sacrificios que significan el “horror” – que es la palabra que ahora usan los principales cabilderos de negocios de Gran Bretaña  para describir públicamente la opción Sin Acuerdo – llegarán rápidamente a constituirse en el foco de atención, y una mayoría parlamentaria bipartidista seguramente convergerá para bloquear ese resultado. Varios parlamentarios conservadores ya han prometido renunciar al partido si May desplaza su posición y da su apoyo a la opción Sin Acuerdo; y, sin lugar a dudas la cantidad de parlamentarios rebeldes podría aumentar lo suficiente como para derrocar a su gobierno.

A medida que la imposibilidad de legislar ya sea la opción Sin Acuerdo o la opción del Acuerdo de May se ha puesto en evidencia, el aura de inevitabilidad que protegió a brexit ante un desafío serio desde el año 2016 se está desvaneciendo, y muy pronto la sensación de inevitabilidad puede oscilar a favor de un nuevo referéndum. Este desplazamiento ya ha comenzado en los medios de comunicación británicos. Después de haber pasado los últimos dos años denunciando a cualquier persona que desafió a Brexit como “enemigo del pueblo” y un traidor a la democracia, la BBC, The Times y otros órganos de comunicación influyentes han recordado repentinamente que un principio esencial de la democracia es que los votantes tienen el derecho a cambiar de opinión.

Pero, al igual que las objeciones “basadas en principios” a un nuevo referéndum están desapareciendo, ha surgido un problema mucho más práctico: ¿Qué pregunta debería formularse en una “Votación Popular” definitiva? ¿Deberían los votantes elegir entre permanecer en la UE o aceptar el Acuerdo de May? O, ¿deberían elegir entre las opciones No brexit versus Sin Acuerdo? O, ¿se consideraría elegir entre las opciones más estrechas que son el Acuerdo de May o Sin Acuerdo?, esta última es la opción exigida por los fanáticos del brexit, quienes sostienen que la posibilidad de continuar como miembro de la UE fue eliminada por el referéndum del año 2016.

La respuesta obvia sería presentar a los votantes las tres opciones – salida Sin Acuerdo, salida siguiendo el Acuerdo de May, o No brexit. Pero entonces surge el problema de cómo deben contarse los votos si ninguna de estas opciones tiene una mayoría clara. Bajo el sistema en el que la opción que obtiene la mayoría de los votos gana, que se la que se utiliza en las elecciones británicas y estadounidenses, la opción apoyada por la mayoría de los votos ganaría. Pero eso sería totalmente inaceptable para los partidarios del brexit, a quienes se les garantizaría perder si sus votantes se dividieran entre salida siguiendo el Acuerdo de May y salida Sin Acuerdo.

Por lo tanto, para ganar legitimidad democrática, los votos deberían ser contados ya sea a través de un sistema preferencial, que pida a los votantes su primera y su segunda opción, o mediante un proceso de dos etapas. Por ejemplo, la papeleta electoral podría pedir primero a los votantes que declaren si aceptan la propuesta brexit del gobierno, y luego pedirles que respondan una segunda pregunta condicional: si el acuerdo del gobierno no obtiene el apoyo de la mayoría, ¿preferiría una salida Sin Acuerdo o preferiría permanecer en la UE? Alternativamente, se podría preguntar primero a los votantes, si desean permanecer en la UE o seguir adelante con brexit, y luego, en el caso de que brexit gane, si preferirían el Acuerdo de May o una salida Sin Acuerdo.

La objeción más fuerte a la celebración de un segundo referéndum es que los diferentes sistemas de conteo podrían arrojar resultados muy distintos, al menos en teoría, socavando por lo tanto la legitimidad de todo el proceso. Pero, esta objeción resulta ser teóricamente válida únicamente en caso que la opinión pública esté dividida de manera bastante equitativa entre los tres resultados posibles. En la práctica, la opinión pública en la actualidad parece estar desplazándose hasta llegar al punto en que es probable que se obtengan respuestas claras, independientemente de cómo se formulen las preguntas.

En la primera encuesta detallada sobre las tres opciones brexit, que fue llevada a cabo por YouGov a principios de diciembre, una votación estándar en la cual gana la opción con más votos arrojaría un resultado en la que ganaría la opción Permanecer en la UE por una gran mayoría absoluta del 54%, en contra del 28% de apoyo que obtendría la opción de salida Sin Acuerdo y el 18% a favor del Acuerdo de May. En una votación más simple que enfrentaría la opción Permanecer frente a la opción del Acuerdo de May, la mayoría de quienes desearían Permanecer en la UE sería aún mayor, ya que obtendría un 62%. Y, en un recuento de votos preferencial que redistribuya las segundas preferencias de los partidarios de May, la opción Permanecer aún continuaría como la ganadora, por un margen decisivo de 57% a 43%.

Por supuesto, los votantes podrían cambiar de opinión en una campaña previa a la celebración de un referéndum. Pero, tal como están las cosas hoy, un nuevo referéndum produciría una mayoría clara a favor de que Gran Bretaña continúe como miembro de la UE, independientemente de la forma como se contabilicen los votos o de las preguntas que se formulen. Esto sugiere que la fuerza de la inevitabilidad está comenzando a moverse contra brexit. Pronto los votantes podrían decir: “Todos sabemos que brexit tiene que cancelarse”, por lo tanto, ¿por qué los políticos simplemente no se ponen a trabajar para que ocurra?”

 

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