Los fertilizantes utilizados por el sector agroindustrial para hacer siembra directa, que contienen nitrógeno y fósforo, son arrastrados por la lluvia a los cursos de agua y terminan en los embalses. La eutrofización, como denominan los expertos a la concentración de nutrientes, “sumado al estancamiento del agua y el calor de la zona” de las represas, conforman un ambiente ideal para el crecimiento de las cianobacterias, explicó Aubriot.
Por su parte, la máster en biología y licenciada en Ciencias Ambientales, Sylvia Bonilla, dijo este lunes en el programa Todo Pasa de Océano FM que hay “enorme cantidad de fósforo y nitrógeno” en los ríos uruguayos y que la aplicación de la ley de riego “puede empeorar” la situación. A su vez, Bonilla manifestó que en estudios preliminares se ha constatado que en algunas cuencas de zonas donde ha crecido la agricultura intensiva se ha encontrado un aumento en la carga de esos nutrientes.
“Tenemos un río. El agua corre por un río que tiene grandes cantidades de nutrientes, de fósforo. Si se embalsa y se detiene el cauce de ese río, acumulando agua, voy a tener un lago artificial en el que estos organismos van a contar con gran cantidad de nutrientes, teniendo tiempo de crecer al no ser arrastrados y disparar así una floración de cianobacterias. Hay temas del manejo del agua en el que sería importante reflexionar”, alertó la profesional.
El fósforo es un nutriente que alimenta a las cianobacterias, unas algas a las que se las reconoce por haber traído el oxígeno al planeta, pero que a la vez son tóxicas. Crecen en agua dulce o con muy baja salinidad. No se desarrollan en aguas oceánicas. Las temperaturas altas del verano y los días más largos favorecen su crecimiento.
Sobre este punto, Bonilla dijo que la ley de riego permitiría hacer una cantidad de embalses en aguas que ya tienen alto contenido de nutrientes –fósforo y nitrógeno-, por lo que se va a favorecer el crecimiento de “bacterias tóxicas”.
Ya en 2016, los profesores de la sección Limnología de la Facultad de Ciencias se pronunciaron en contra de la iniciativa del gobierno. “Este proyecto no considera el impacto ambiental de la construcción de represas a gran escala”, se sostuvo en una carta difundida.
Para los catedráticos, la construcción de represas implica la pérdida de biodiversidad de flora y fauna. Además, esas construcciones aumentan el tiempo de residencia del agua, y con ello su temperatura y transparencia y esto puede llevar a que aumente el riesgo de que se desarrollen “floraciones algales y de cianobacterias potencialmente tóxicas”.
La visión de gobierno
El director de Recursos Naturales del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), Fernando García, dijo con respecto a la ley que los aprovechamientos de agua están permitidos desde siempre, y que la norma promulgada en octubre de 2017 “ni prohíbe ni pone límite, lo único que cambia es que permite la asociación de productores entre sí para pedir permiso de explotación de agua”.
Uno de los cambios que también propuso la ley fue que dentro de la asociación puedan invertir terceros que no sean necesariamente regantes, para cobrar por brindar un servicio.
"La ley de riego va a implicar embalses menores sobre algunas cuencas que pueden tener efectos particulares sobre algunos ríos y arroyos con riesgo de formación de cianobacterias en esos lugares. El agua que vierten puede ir a parar luego a poblados o a una planta de tratamiento de agua potable. Pueden involucrarse en cursos de agua estratégicos utilizados para la potabilización del agua", señaló Aubriot en diálogo con El Observador.
Mientras los biólogos argumentan que la ley traerá aparejada la construcción de más represas perjudicando desde el punto de vista ambiental, García sostiene que el espíritu de la reforma es que se construyan menor cantidad, aunque de mayor tamaño para evitar que se genere una nueva proliferación de represas de mediano y pequeño porte que “desparramen los supuestos riesgos de contaminación en un montón de lugares”. El aumento en la cantidad de represas se dio hasta 2014, cuando el precio de la soja llegó a estar por encima de los US$ 500 por tonelada.
“El desarrollo del riego va a depender del mercado de granos, por lo que actualmente puede haber algún caso que aproveche el beneficio de la ley, pero no son muchos. Lo que hay detrás de esto es una diferencia ideológica en lo que tiene que ver con el desarrollo de la agricultura, en particular, con la que se venía haciendo que de todas formas ahora el mercado paró significativamente. Si hay otro boom de la agricultura puede viralizar al país de represitas en todos lados, como ya pasó”, dijo García en referencia a los años en que se cultivó principalmente soja en el país
En Uruguay hay en la actualidad 1.300 represas autorizadas funcionando.
A diferencia de lo expresado por García, Aubriot sostuvo que aunque conoce el criterio utilizado por el MGAP, “no tiene mucho fundamento que una grande sea mejor que varias represas chicas”. De hecho, Aubriot agregó que los mayores problemas están siendo causados por los grandes embalses, no por los pequeños. El especialista indicó que algunos "son tan grandes que son prácticamente inmanejables”.
“La ley de riego va a implicar embalses menores sobre algunas cuencas que pueden tener efectos particulares sobre algunos ríos y arroyos con riesgo de formación de cianobacterias en esos lugares. El agua que vierten puede ir a parar luego a poblados o una planta de tratamiento de agua potable. Pueden involucrarse en cursos de agua estratégicos utilizados para la potabilización del agua”, señaló Aubriot.
Por su parte, el doctor en Ciencias Agrarias y docente investigador , Gerardo Echeverría, dijo a El Observador que "lo que hay que tener en cuenta es que todo lo que se produce a nivel agrario, así como toda actividad humana es contaminante de una forma u otra". Echeverría sostuvo que aunque ahora se hable mucho de la soja, cuando se realizaba la siembra o labranza convencional, "esa erosión del suelo también llevaba fósforo a los cauces de agua, siendo una causa de eutrofización".
"Lo hace tanto la ganadería como la papa, que nadie habla de la papa, pero es un cultivo que lleva muchas curas, fertilización y pesticidas. Pese a esto la papa no tiene tan mala prensa como la soja -que por supuesto también trae sus problemas-. Lo importante es lograr equilibrios y evitar los fundamentalismos", graficó.
Afectación al turismo
La ministra de Turismo, Liliam Kechichián, señaló este lunes una vez terminado el Consejo de Ministros que “las cianobacterias y la lluvia de los primeros días de enero siempre, indudablemente cuando lo que se promociona es el turismo de sol y playa afecta. La gente mira las condiciones y alquila y no alquila, en ese sentido, para disfrutar de la playa".
En la misma línea opinó el asesor de los Centro de Hoteles de Punta del Este, Héctor Araujo, que señaló que "evidentemente influyó y quizás mucha gente que al ver por las redes sociales que no se puede ir a la playa terminó no yendo, sobre todo en el caso del turismo interno".
"Igual en enero el clima influyó muchísimo. Por más que se diga que no somos sol y playa y que hay otras cosas para hacer, en enero a Punta del Este se va a hacer playa. Aunque obviamente el 70% 80% de la caída de turistas respondió a la situación que está ocurriendo Argentina", comentó.
Las cianobacterias en el Río de la Plata
Según explicaron los académicos especializados, a partir de las altas precipitaciones se generó una acumulación de agua dulce en el Río de la Plata que avanzó sobre Montevideo, Canelones y parte de Rocha. Con esa agua dulce venían arrastrados organismos desde el interior del país, esas cianobacterias generalmente se producen en los grandes embalses, que descargaron agua por los elevados niveles de lluvias. Al ser vertidos, esos organismos se incorporaron a los cauces principales del Río Negro, Río Uruguay y después Río de la Plata. También la cuenca en lo alto del río Uruguay se cruza con el río Paraná y el arrastre de agua puede de venir de regiones más al norte. Los fenómenos de La Niña y El Niño pueden hacer que estos episodios sean más o menos intensos durante el verano. Entre 2005-2006 y 2015-2016 la presencia en las costas uruguayas de cianobacterias -casos detectados- se multiplicó por 13.