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Economía y Empresas > NEGOCIACIÓN

Amenaza de Trump para acabar con el Nafta puede concretarse

Presidente admitió que es posible que no se alcance un acuerdo

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16 de octubre de 2017 a las 05:00

* Ana Swanson
New York Times News Service

El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Tlcan o Nafta por su sigla en inglés), que lleva tiempo siendo un saco de boxeo para el presidente Donald Trump, se estará acercando al colapso en las reuniones para la cuarta ronda de negociaciones.

En las últimas semanas, aseguran los negociadores de México y Canadá, la Casa Blanca de Trump se enfrentó con las empresas estadounidenses que respaldan el Nafta y presionó para que haya cambios drásticos que son imposibles de cumplir. Mientras tanto, Trump siguió con las amenazas de retirar a Estados Unidos del acuerdo comercial, al que calificó como el peor de la historia.

"Si lo vamos a hacer bien, yo creo que el Nafta debe terminar. De otra manera, no creo que se pueda negociar un buen acuerdo", afirmó Trump en una entrevista con Forbes que se publicó el 10 de octubre.
"Es posible que no alcancemos un acuerdo y es posible que lo hagamos", dijo Trump después de una reunión con el primer ministro canadiense Justin Trudeau. "Entonces veremos qué pasa con el Tlcan", comentó.

Consecuencias globales

El fin del acuerdo comercial de 1994 enviaría ondas sísmicas por toda la economía global, pues provocaría un daño económico mucho más allá de México, Canadá y Estados Unidos, e impactaría a varias industrias: desde la manufacturera hasta la energética, pasando por la agrícola. Al menos en el corto plazo, también sembraría el caos en las empresas –incluidas las de la industria automotriz— que organizaron sus cadenas de suministro en América del Norte alrededor de los términos del acuerdo, lo que provocaría una disminución del crecimiento y el aumento del desempleo.

La reacción en cadena también podría obstaculizar otros aspectos de la agenda presidencial estadounidense; por ejemplo, solidificar la oposición política entre los republicanos de estados agrícolas que apoyan el pacto, lo cual pondría en peligro prioridades legislativas como la reforma fiscal.
Además, podría tener consecuencias políticas de mayor alcance, desde las elecciones generales de México en julio de 2018 hasta la propia reelección de Trump hacia 2020.

El medio empresarial se atemorizó pues cada vez hay más posibilidades de que desaparezca el acuerdo comercial. El pasado lunes 9, más de 310 cámaras de comercio estatales y locales enviaron una carta a la Casa Blanca en la que la exhortaban a permanecer en el Nafta.
El martes 10, desde México, Tom Donohue, el presidente de la Cámara de Comercio de Estados Unidos, afirmó, preocupado, que las negociaciones habían "alcanzado un momento crítico, y la cámara de comercio no tiene otra opción más que tocar las campanas de alarma".

"Permítanme ser contundente y directo. Todavía hay sobre la mesa varias propuestas que son 'veneno puro' y que podrían hundir todo el acuerdo", señaló Donohue.
Si el acuerdo sucumbe, Estados Unidos, Canadá y México volverían a tarifas arancelarias promedio, que son relativamente bajas: apenas unos puntos porcentuales en la mayoría de los casos.

Sin embargo, varios productos agrícolas enfrentarían aranceles mucho más altos. Para enviar sus productos a México, los agricultores estadounidenses tendrían que pagar 25% de impuestos por la carne vacuna; 45% por el pavo y algunos productos lácteos, y 75% por el pollo, las papas y el jarabe de maíz de alta fructosa.

Durante meses, algunos de los líderes empresariales más poderosos de los países involucrados –y los cabilderos y políticos que los representan– habían esperado que la retórica del presidente estadounidense fuera más una táctica de negociación que una amenaza verdadera y pensaban que al final aceptaría su agenda de modernización.

Necesidad de actualizarse

El Nafta tiene casi un cuarto de siglo de vida y la gente de todo el espectro político asegura que debería actualizarse para el siglo XXI y preservar el sistema de libre comercio que vinculó la economía de Norteamérica.

El pacto permitió que las industrias reorganicen sus cadenas de suministro en toda la región para aprovechar los recursos y fortalezas distintivas de los tres países, lo cual estimuló las economías del área y generó un incremento de más del triple en el comercio de Estados Unidos con Canadá y México desde sus inicios. Los economistas sostienen que estos cambios beneficiaron a muchos trabajadores ofreciéndoles salarios más altos y más empleos, pero muchos trabajadores quedaron sin trabajo cuando las fábricas se reubicaron en México o Canadá, y esto provocó que el Nafta se volviera el blanco de ataque de sindicatos, muchos demócratas y algunas industrias.

No obstante, la mayoría de los líderes empresariales mantenían la esperanza de que Trump, quien criticó el Nafta de forma constante, quedaría satisfecho con supervisar modificaciones para modernizar el acuerdo y después proclamar el resultado como una "transformación política".
Hubo ocasiones en que parecía que así iba a ser.

El nombramiento de Robert Lighthizer como representante comercial de Estados Unidos, quien en su audiencia de confirmación prometió que "no dañaría" el Nafta, reconfortó a muchos en el Capitolio, donde Lighthizer trabajó durante mucho tiempo. Y cuando la administración divulgó sus metas de negociación para el acuerdo en julio, hicieron eco muchas de las prioridades de administraciones pasadas.
Con todo, después de ocho semanas de conversaciones sobre el acuerdo –las cuales en un inicio iban a concluir a finales de año–, la administración Trump continúa presionando para que se hagan concesiones que en esencia socavarían el pacto, según advierten los círculos empresariales, y que pocos observadores creen que Canadá y México podrían aceptar políticamente.

"Todos saben que una gran parte de lo que se está proponiendo en áreas clave es en realidad imposible de lograr, lo cual genera la siguiente pregunta: ¿qué está intentando obtener la administración de Trump exactamente?", mencionó en un correo electrónico Michael Camunez, quien fue asistente del secretario de Comercio de Estados Unidos durante la presidencia de Barack Obama.
No es descabellado pensar que al admitir las posturas más extremas del actual presidente, los negociadores estadounidenses estén "simplemente dando espacio a Trump para que haga lo que en verdad quiere hacer: retirarse del acuerdo", afirmó Camunez.

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