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AMLO mete la política en el refranero popular

Expertos analizan el discurso del presidente mexicano con el que, a la vez, se acerca al pueblo y polariza el debate público.

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07 de septiembre de 2019 a las 05:01

De un lado, los opositores “fifís”, del otro, los “chairos”, seguidores del presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador, quien con su particular estilo de gobernar ha implantado una nueva jerga política que permea en una sociedad que muestra ya síntomas de polarización.

Luis Antonio Espino, especialista en discurso político, en un artículo  en Letras Libres, en marzo pasado, escribió que “AMLO tiene una comunicación centrada en la narrativa, los sentimientos y los símbolos”, que explica, entre otras cosas, “el uso magistral del lenguaje popular con fines de comunicación política”.

El pejelagarto

Con palabras como machuchón, camaján, señoritingo o pirruris, algunas en desuso o copiadas de programas televisivos, el izquierdista de 65 años llegó en diciembre de 2018 a la presidencia de México rompiendo el acartonado molde del ejercicio del poder.

Renunció a aviones y vehículos oficiales, prescindió de guardias presidenciales y su cotidiana conferencia de prensa “mañanera” es su tribuna tanto para gobernar como para responder a sus críticos, haciendo gala de particulares vocablos.

Desde su época de alcalde (2000-2006), a López Obrador se le apodó El Peje por el pez pejelagarto, especie abundante en el sureño Tabasco, su estado natal.

“Lo que caracteriza a López Obrador es el uso de un vocabulario coloquial y popular que le permite estar más cerca de la gente, tiene un acervo personal tradicional que saca constantemente”, dice el lingüista Luis Fernando Lara.

Fifí es la palabra más mentada por el presidente, dedicada principalmente a la prensa crítica hacia su gobierno, pero también a empresarios u opositores.

Lara, autor del Diccionario del Español en México, explica la definición: “Estaba casi en desuso. Es un adjetivo para comentar la elegancia en el vestir. Si uno anda muy elegante, te dicen ‘qué fifí te ves’”.

“Me canso ganso” 

Cuando el intercambio verbal deriva en confrontación, los “fifís” acusan despectivamente a los seguidores de López Obrador de “chairos”.
Todo un “fenómeno” el vocablo de chairo, dice Lara, pues surge del hablar entre carpinteros y carniceros que utilizan la “chaira”, una barra dentada, para afilar sus instrumentos.

“Luego la ‘chaira’ se usa para llamar metafóricamente al falo, y el ‘chairo’ es el que se masturba. Y políticamente, un ‘chairo’ es un izquierdista que digamos se masturba mentalmente pues no es de izquierda en los hechos. Tuvo mucho éxito”, añade.

Y el insulto mayor: pejezombie.

En la red surgió un sitio web que se presenta como Diccionario de Pejismos para definir términos coloquiales utilizados por El Peje.
“Son camajanes”, les dedicó el presidente alguna vez a los empresarios para tacharlos de “holgazanes”, mientras todo lujo excesivo lo etiqueta de “machuchón”.

“Es modelo machuchón, ni Trump lo tiene”, dijo hace unos días para describir el avión presidencial que puso en venta, un Boeing 787 Dreamliner cotizado en US$ 120 millones.

Las etiquetas de “señoritingo” y “pirruris”, de viejas películas y programas televisivos, se las suele colgar a empresarios o políticos de familias acomodadas.

Uno de los rasgos del veterano político, reconocido por él mismo, es su terquedad, que corona con una frase elevada a sello personal: “Me canso ganso”.

“Es un juego verbal de rima consonante, muy popular entre los mexicanos, para decir ‘estoy determinado’”, explica Lara.

Polarización política

Con una dosis de ironía, Lara describe a López Obrador como “un poeta popular” que con un vocabulario coloquial “insulta a los demás”.
El politólogo e historiador José Antonio Crespo observa que con la llegada de López Obrador a la presidencia se palpa ya una polarización política que alcanza muchos sectores de la sociedad.

“Mantiene este discurso maniqueo de buenos contra malos”, explica Crespo, una de las plumas más críticas del presidente.
“No recuerdo una situación de fanatismo tan fuerte”, resume.

Pero para Hernán Gómez Bruera, analista político que se reconoce seguidor del presidente, son sanos estos debates.
“Estos términos como fifí, que a veces son muy reduccionistas, también sirven para posicionar en el debate público una discusión que tenemos que tener en México sobre la desigualdad”, subraya.

El mismo presidente se mofa de los motes que le endilgan: “¡Me pueden decir Peje, pero no lagarto!”, clama en sus mítines para sostener que es incorruptible. (En base a Agence France-Presse)

 

Jerga presidencial
Estos son algunos de los términos utilizados cotidianamente por el presidente, que se caracteriza por el uso de un lenguaje coloquial “vintage”.
Me canso ganso: Uno de los tantos juegos verbales del mexicano que expresa una determinación que raya en la terquedad. Es su frase insignia. Fue popularizada por el cómico mexicano Germán Valdés “Tin Tán” en una película de 1947. El presidente se ha ganado el mote despectivo de “El Ganso” o hay quienes hablan de sus “políticas ganso”. Durante una crisis de desabastecimiento de gasolina, abundaron los memes que referían a la “gansolina”.
Fifí: Según la RAE, describe a una “persona presumida y que se ocupa de seguir las modas”. En México era de uso común hace poco más de un siglo, en plena Revolución, para referirse despectivamente a las clases acomodadas. López Obrador se la dedica cotidianamente lo mismo a la prensa crítica que a empresarios.
Mañanera: Así se conoce su conferencia matutina que patentó cuando fue alcalde de la capital (2000-2006) y que deriva de “mañanero”, el coito sexual del amanecer.
Machuchón: Aparece en un sitio sobre regionalismos de La Rioja, España, para describir a una persona lenta o pesada. El izquierdista la utiliza para describir lujos excesivos, sean camionetas blindadas o el avión presidencial que puso en venta.
Camaján: De origen cubano, define a una persona “holgazana” que se las ingenia para vivir de los demás. Se la dedica tanto a opositores como a empresarios.
Piquete de ojo: Dícese coloquialmente de la ayudas sociales gubernamentales que por pasar por intermediarios no llegan completas. El beneficiario siempre es el último en enterarse.
Moche: Equivalente a soborno.
Pirruris: Popular personaje televisivo de finales de los 1970 encarnado por el cómico Luis de Alba, quien aparecía como un joven elitista y clasista pero de nula inteligencia.
Señoritingo: Despreciativo de “señorito” y se la dedica a personas, sean políticos, empresarios o intelectuales, de familias acaudaladas. (AFP)

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