Soy emprendedor serial. Eso quiere decir que fundé y fundí muchas compañías”. Así se autodefine el argentino Ariel Arrieta, co-fundador y director de NXTP Labs (www.nxtplabs.com/es), la aceleradora de startups tecnológicas de América Latina.
Arrieta estuvo este martes en Uruguay para presentar la labor de NXTP Labs, y dialogó con C&N Emprendedores.
Finalmente, en 2011 fundó NXTP Labs, la aceleradora de empresas que apoya a la comunidad emprendedora para que las start-ups logren triunfar.
NXTP Labs es representado en Uruguay por el fondo de inversión Tokai Ventures, que lidera el empresario Pablo Garfinkel (Life Cinemas), quien además forma parte de la Management Company de NXTPLabs de Latinoamérica.
¿Cómo funciona la aceleradora?
Es un proceso de cuatro meses y se trabaja en cuatro áreas. Primero le damos coaching y consultoría a las compañías. Segundo, entrenamiento. Creemos que todos los emprendedores nacemos como especialistas pero, si querés ser el CEO de tu compañía, te tenés que volver un generalista. Lo que buscamos es que eso pase. A su vez, queremos que los emprendedores no solo aprendan de mentores sino de otros que hacen lo mismo, sus pares. Por eso se les da espacio de oficinas y los ayudamos a que se conecten con otros emprendedores.
Por último –el área más importante para mí–, tenemos una red de mentores armada, en la que hay más de 100 personas que donan su tiempo para ayudar a las compañías.
Se ponen un montón de recursos a disposición de los emprendedores. Ellos toman los que les sirve, pero no tienen la obligación de participar en nada. La idea es trabajar en conjunto para ayudarlos a probar el modelo de negocio. De esta forma, los inversores van a tener la capacidad de invertir en las siguientes rondas.
¿Qué ocurre una vez que termina la aceleración?
Después de finalizar ese proceso, los sentamos frente a un montón de fondos de inversión que pueden brindarles el capital necesario para hacer escalar su proyecto. En nuestro caso, seguimos siendo inversores y vamos a seguir poniendo capital. Arrancamos con US$ 25.000, pero después invertimos hasta llegar a un millón de dólares por compañía. Nuestro negocio no es tanto invertir los primeros US$ 25.000 sino en ser accionistas de entrada, en la ronda inicial, para luego escalar. Pero cuando podemos ganar realmente dinero es cuando llegamos a invertir ese millón en cada compañía.
Ese es nuestro negocio, ya que multiplicamos nuestra inversión entre tres y cuatro veces.
Si un start-up entra en un fondo de inversión, en la segunda ronda puede multiplicar el capital cinco veces. Si hacen eso, nosotros vamos a multiplicarlo entre 20 y 25. Y así sucesivamente con las otras rondas.
¿Hay alguna empresa en la que hayan invertido un millón de dólares?
No, la compañía en la que más invertimos hasta ahora fueron US$ 600 mil.
¿Cuál es el rol en conjunto con el fondo de inversión?
Somos socios. Seguimos adentro de la compañía y vamos a salir cuando los emprendedores vendan su tenencia accionaria.
Mientras más tiempo estemos dentro de una compañía vamos a estar multiplicando más rápidamente nuestro capital.
Hasta ahora vendimos cinco compañías. El promedio de retorno fue de cinco veces.
¿Qué tipo de empresas participan?
Sobre todo de tecnología, porque en este sector podés crear compañías con muy poco capital; estas puedan escalar y crecer rápidamente.
También hay otros modelos de negocios que funcionan, como la biotecnología, pero en ese campo no podemos agregar valor. Como venimos del mundo de tecnología y medios podemos aportar en este tipo de emprendimientos.
¿Tienen algún otro requisito?
Básicamente que sea un equipo. Nosotros invertimos en gente y creemos que la calidad humana es la clave para eso. Queremos un equipo multidisciplinario, que tenga la capacidad de ejecutar.
Para nosotros las ideas valen centavos, lo que valen millones son las implementaciones de esas ideas. Por lo tanto, invertimos en equipos, que puedan hacer esto y las ayudamos a probar su modelo de negocio, y en cuatro meses es algo que creemos que podemos hacer.
¿Tienen un tope de empresas?
Invertimos en alrededor de 25 compañías en cada semestre. Para la última convocatoria recibimos 800 aplicaciones. En mi opinión, esta cantidad de proyectos es porque hay muchas oportunidades dando vueltas.
¿Cuál es su diferencial con otras aceleradoras del mercado?
En primer lugar el conocimiento que tenemos en marketing online, que es clave. Por otro lado, la experiencia de ser emprendedores y no solo inversores. Nosotros pasamos por todas las etapas.
¿Cuáles cree que son las principales dificultades de una start-up?
Primero, armar un equipo. Esa es la decisión más difícil que tienen que tomar. El segundo, es buscar los recursos necesarios para probar el modelo de negocio.
Ahí es donde entramos las aceleradoras. Una vez que tienen su primer beta es el momento en el que a nosotros nos interesa ayudarlos a probar ese modelo de negocios. La primera etapa de esa prueba es tener clientes reales, dispuesto a pagar X por ese servicio. La segunda etapa tiene que ver con la validación de mercado. Adaptar el producto para encontrar el feature (característica) más relevante para esa persona y quitar los feature accesorios.
Después hay que entender cuánto le cuesta a la empresa adquirir un cliente, cuánto tiene que invertir ya sea en medios, publicidad o en tener vendedores en la calle, versus con lo que va a dejar ese cliente en su paso por la empresa. Si cuesta traerlo US$ 10 y te va a dejar US$ 2 por mes, al quinto mes ya recuperaste la inversión y al sexto ya estás ganando dinero.
¿Cómo percibe el ecosistema emprendedor en la región?
Bastante desparejo. Brasil es un mercado muy competitivo. Chile tiene un muy buen ecosistema institucional, pero faltan más emprendedores experimentales. De Uruguay podría decir que los emprendedores tienen que pensar más en grande. Y en ir a buscar más oportunidades regionales y globales.
A veces piensan mucho en el mercado local. Les cuesta pensar en grande; los emprendedores uruguayos son demasiados prolijos y, tal vez, un poco de agresividad les vendría bien. Pero estamos generalizando. Igualamente, si tuviera que aconsejar algo, sería eso: que no fuesen tan prolijos.
¿Qué aprendió de sus fracasos?
Si no me hubiese equivocado, no hubiera aprendido de todos los errores. No me podría haber ido bien sino me hubiese ido mal antes. Los americanos dicen que el éxito es un mal maestro. Y creo que tiene que ver con eso. Se puede aprender mucho más de los fracasos, ya que ayudan a crecer. Los latinos tendríamos que cambiar esa concepción de percibir al fracaso como algo penoso.
Yo siempre arranco mi presentación diciendo que soy un emprendedor serial, que fundé y fundí un montón de empresas. Si investigás la vida de un emprendedor, encontrás que su historia está llena de fracasos y errores para luego alcanzar el éxito. Muchas veces se habla solo del éxito de un emprendimiento y se coloca a los emprendedores exitoso en un pedestal, lejos de las personas “normales”.
Esto tiene más perjuicios que beneficios.
¿No ha evolucionado eso?
No mucho, pero varió un poco. En este último tiempo se derribaron un montón de mitos. Antes se pensaba que el fundador armaba sus empresas para que luego un CEO profesional tomara esas compañías y se hiciera cargo.
Hace un tiempo nos dimos cuenta que un chico de 19 años puede ser el CEO de su empresa. Sonaba increíble hace un tiempo, pero hoy ya ha habido varios casos de éxito.
Esto provoca que se reivindique un poco la figura del fundador como el mejor CEO que puede tener una compañía.