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El juicio del bandido australiano

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“Así es la vida”: Las últimas palabras de Ned Kelly, el bandido australiano

Edward “Ned” Kelly se convirtió en el prototipo de bandido popular, en el Robin Hood australiano

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19 de noviembre de 2021 a las 15:47

Nació para ser leyenda y murió como tal. Edward “Ned” Kelly se convirtió en el prototipo de bandido popular, en el Robin Hood australiano, una víctima de la sociedad opresora británica a la que desafió constantemente hasta su precoz muerte en 1880, apenas cumplidos los 28 años.

El mayor de los 8 hijos del matrimonio entre John Kelly y Ellen Quinn quedó huérfano de padre a los 12 años. Su primer arresto fue dos años más tarde.

A los 15 ya era buscado por ser miembro de la banda Harry Power. En abril de 1878 hirió a un policía que intentó arrestar a su hermano, acusado de robar caballos. Su madre, Ellen, también atacó al agente llamado Fitzpatrick. Por esta razón fue apresada, acusada de intento de homicidio y condenada a tres años de prisión. Ned pasó a la clandestinidad, pero juró vengar el honor de la familia y denunciar lo que consideraba los excesos de las autoridades.

En Stringybark Creek, la banda de Kelly fue atacada por policías, pero los redujeron matando a los tres agentes del orden. El Parlamento australiano intimó a la banda para que se rindiera y subió la recompensa a £ 2.000. Pronto ofrecerían £ 8.000 por su captura. En diciembre de 1878 robaron el banco de Eorsa. El dinero del botín fue distribuido entre sus simpatizantes y Kelly envió un mensaje a miembros del Parlamento denunciando la corrupción policial. El gobierno apresó a varios conocidos de los Kelly para obtener información, intimidándolos, pero los debieron soltar por falta de pruebas y sin datos concluyentes sobre el paradero de la banda.

Más de 200 policías perseguían a Ned Kelly que decidió robar un banco en Jerilderie. En la ocasión se vistieron de agentes del orden para reducir a la guardia. No solo robaron dinero y joyas, sino documentos, hipotecas y letras de cambio que quemaron para evitar que el banco cobrase los préstamos de sus deudores. En la oportunidad hizo pública otra carta de 8000 caracteres (The Jerilderie letter) en la que explicaba el porqué de sus actos, la persecución de la que había sido objeto su familia e invocaba la “tradición mítica de la rebeldía irlandesa contra la tiranía y yugo inglés”. El texto fue censurado y recién conocido en su totalidad en 1930. “Es parte de mi vida”,  expresó el mismo Kelly.

Sus planes eran cada vez más audaces y ambiciosos; en el que sería su último golpe, pretendía atacar un tren con policías, descarrilarlo, matar a los sobrevivientes y así poder robar el banco de Benalla. Como suponían que las fuerzas del orden estarían fuertemente armadas, usaron armaduras hechas con arados para repeler la lluvia de balas que deberían soportar. Un delator advirtió a los policías de las intenciones del grupo y éstos atacaron a la banda de Kelly por el lado que menos esperaban. A lo largo de 15 minutos, las fuerzas gubernamentales (que sumaban 40 agentes), intercambiaron más de 150 balas con los 4 miembros de la banda. El último en rendirse fue el mismo Kelly, herido en la pierna que no estaba cubierta. En su armadura contaron 20 impactos de bala. Los demás miembros murieron durante la acción.

Ned fue juzgado en Melbourne por sir Redmond Barry, el mismo magistrado que había condenado a su madre a tres años de prisión. Después de  condenarlo a morir en la horca, el juez terminó  diciendo “Que Dios se apiade de su alma”, a lo que Ned Kelly replicó: “Yo iré más allá de esto y lo veré a donde voy”.

Al enterarse de la condena, miles de simpatizantes salieron a las calles de Melbourne pidiendo clemencia. El gobernador recibió 32.000 cartas exigiendo la anulación de la sentencia. No hubo caso, la ejecución se llevó adelante en la vieja Penitenciaría de la ciudad. Su madre se despidió. “Muere como un Kelly”.

Sus últimas palabras pasaron a la historia. “Así es la vida” y la de Ned Kelly se convirtió en leyenda.

Puede ser que él supiera como es la vida, lo que no se imaginaba es lo que le esperaba después de muerto.

Su cuerpo fue enterrado en la Penitenciaria de Melbourne. Se corrió el rumor de que había sido disecado por los alumnos de medicina. Esta noticia creó una ola de quejas entre sus seguidores que aumentaban día a día. El gobernador debió desmentir la noticia… aunque fuera verdad. El cuerpo del bandido más célebre de Australia había servido de pieza de estudio como se comprobó años más tarde.

En 1929 el viejo edificio de la Penitenciaría fue derribado y los obreros encontraron un ataúd con sus iniciales EK.

Su cráneo fue robado y sus huesos dispersos como souvenires entre sus admiradores. Finalmente la familia recuperó gran parte de sus restos en 2013 y los enterraron en el cementerio de Greta, su ciudad natal, bajo toneladas de cemento para evitar ulteriores profanaciones de este forajido convertido en un ídolo australiano.

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