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Integrantes de la ONG haciendo trabajos de relevamiento en la ruta.

Ciencia > ECOLOGÍA

Así se afecta la biodiversidad y la naturaleza al borde de las carreteras uruguayas

Una organización uruguaya se esfuerza por la protección de las especies que bordean las rutas y caminos nacionales

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05 de enero de 2022 a las 05:00

Por Bruno Gariazzo - Especial para Cromo

La pérdida de biodiversidad a causa del impacto que tiene la infraestructura viaria (carreteras y vías férreas) sobre los ecosistemas por ella atravesados es tema de interés para el uruguayo magíster en Geociencias Hugo Coitiño, quien preside actualmente la organización sin fines de lucro ECOBIO Uruguay.

Coitiño, quien fue uno de sus fundadores, contó que esta ONG se especializa en la conservación de la biodiversidad utilizando como herramienta fundamental, además de la investigación y la educación, la participación activa de la ciudadanía.

ECOBIO Uruguay surgió en 2010 como respuesta a una iniciativa de un grupo de estudiantes de la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República que estaba interesado en generar un espacio para la generación de proyectos de investigación que estuviesen abiertos a la integración de la sociedad en sus problemáticas. “Una cosa es que un científico se lo cuente a una persona con lenguaje técnico poco entendible, y otra cosa es que la integres al proyecto, que la persona misma trabaje a la par del científico y pueda aprender por ella misma cuál es la problemática”, explicó Coitiño.

Los proyectos de investigación sobre conservación de biodiversidad alrededor de las carreteras surgieron recién a partir del año 2015 gracias al acercamiento a ECOBIO de diferentes ciudadanos preocupados por el número de animales que aparecen atropellados en los caminos. A partir de ahí se creó la línea de investigación “Ecología de Infraestructuras Viarias y Biodiversidad” integrada por profesionales de diversas disciplinas. En 2016 se llevó a cabo en Brasil el primer congreso iberoamericano de infraestructuras viarias y biodiversidad, y fue allí que comenzó a formarse un grupo de científicos latinoamericanos interesados en estos temas. Este grupo volvió a reunirse en un segundo congreso al respecto en Colombia en 2019 para terminar en 2020 conformándose como un grupo de especialistas en la temática asociado a la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza), grupo también compuesto por profesionales de países como España, Portugal y Estados Unidos .

Sin embargo, la problemática de la vinculación entre ecología y transporte resonó de forma tardía en Uruguay, así como en otros países de Latinoamérica, sus orígenes habiendo comenzado en los años 80 en Estados Unidos y Canadá debido al enorme número de atropellamientos de fauna que fueron registrados en sus territorios. En efecto, actualmente se calcula que en Estados Unidos mueren al año aproximadamente un millón de animales a causa de atropellamientos, siendo una de las principales causas de pérdida de biodiversidad en la región.

Cuáles son los impactos

Los impactos de la fauna contra los vehículos no son los únicos que se detectan en las carreteras sobre los ecosistemas y su biodiversidad: los más importantes se sienten a largo plazo, son invisibles al ojo del conductor y son causados por dos fenómenos que se conocen como “efecto barrera” y “efecto borde”, que se extienden a más de un kilómetro de distancia de los caminos que los causan.

El primero refiere al impacto que genera sobre la ecología de las diferentes poblaciones de especies en el que los caminos construidos por los humanos dividen en múltiples parcelas un único hábitat natural. Como los animales ven sus recorridos interrumpidos por una modificación en principio amenazante, los individuos de una misma especie ven a su vez sus poblaciones naturales fragmentadas en muchos grupos de menor tamaño. De esa forma, se interrumpen la mezcla de individuos entre diferentes poblaciones y por ende también el flujo genético entre las mismas. Esto provoca con el tiempo una pérdida de variabilidad genética que deriva a futuro en menores capacidades de adaptación en caso de eventos ambientales adversos.

Esto representa un problema para Uruguay, ya que es uno de los países con mayor densidad de infraestructuras viarias: “Si ponemos todas estas infraestructuras en un mapa vemos cómo se generan pequeños parchecitos de ecosistemas naturales muy pequeños”, informó Hugo Coitiño.

El “efecto borde”, por su parte, refiere a los impactos ecológicos que se concentran en los márgenes de las carreteras. Eso genera la proliferación de especies invasoras y la contaminación del suelo y el aire. La construcción de la infraestructura vial ocasiona la eliminación de la vegetación natural y la incursión de especies exóticas, principalmente gramíneas, que logran expandir su territorio desplazando a otras especies naturales.

Por otro lado, la eliminación de la vegetación natural también perjudica la capacidad de absorción y filtración de los suelos, haciendo a las regiones más vulnerables a las inundaciones y a la contaminación del agua a causa del drenaje de hidrocarburos y aceites derramados por los vehículos. También contribuye a la contaminación del aire ya que al haber menos vegetación también existe menor capacidad de absorción de dióxido de carbono.

De esta forma el “efecto borde” facilita también una mayor erosión de los suelos en ausencia de vegetación amortiguadora, lo que luego trae consecuencias como el derrumbamiento hace algunos años de ciertos tramos de la ruta 1 o la ruta 10, según comentó el entrevistado.

Las especies más afectadas

Según informó Hugo Coitiño, las especies más afectadas por las infraestructuras viarias en nuestro país son el zorro gris, el zorro de monte y el zorrillo, que son las más abundantes en nuestro territorio. No obstante, las más amenazadas varían según el momento del año.

Por ejemplo, en verano es más común ver reptiles atropellados en las carreteras ya que, al necesitar de calor externo para regular su temperatura corporal, se acercan a la ruta para recostarse sobre el asfalto caliente y quedan expuestos a las colisiones. De forma similar, muchos mamíferos suelen perder la vida en primavera al cruzar los caminos en búsqueda de parejas para reproducirse y varias especies de aves carroñeras fallecen impactadas por vehículos por buscar alimentarse de los cadáveres arrollados.

En invierno la mayoría de los atropellamientos suele darse a causa de las inundaciones que obligan a las especies a abandonar su hogar y aventurarse a través de los caminos en búsqueda de nuevos hábitats. Todo esto sin contar el impacto que tiene la modificación de la naturaleza para construir infraestructura viaria en la actividad de los insectos polinizadores.

En Latinoamérica las especies más amenazadas y que llaman la atención por tratarse de grandes mamíferos incluyen al jaguar, al aguaraguazú, al tapir o a diversas especies de monos.

A todo esto no hay que olvidarse de que también se ve amenazada por las colisiones la vida de otro ser vivo, que no deja de ser animal aunque esté motorizado: el ser humano. A modo de ejemplo, Coitiño contó que hace poco en  Santa Lucía se produjo un accidente al colisionar una moto contra un ciervo axis que tuvo como consecuencia la muerte de quien conducía el vehículo, por lo que la seguridad de la vida humana también se ve directamente afectada.

Según el entrevistado, las empresas aseguradoras no poseen datos acerca de si los accidentes que se producen sobre la ruta involucran o no impactos contra la fauna local. “Antes de la pandemia empezamos a trabajar con una de las aseguradoras a ver si podíamos empezar a incentivar la obtención de ese tipo de información, para pasar a valores económicos lo que generan los impactos de la fauna con los vehículos, pero el covid nos frenó la posibilidad de ahondar en la temática y la idea es retomarla luego de pasada la pandemia”, informó Coitiño.

Los esfuerzos por mitigar el “mal del camino”

Aunque los impactos ambientales se registran a lo largo de toda la extensión de las carreteras de Uruguay, los esfuerzos de mitigación de los investigadores se centraron inicialmente en aquellas regiones que son más sensibles a causa del alto nivel de biodiversidad que albergan, como son los ecosistemas pertenecientes a Rocha, Cerro Largo, Treinta y Tres y Lavalleja. Sin embargo, en 2021 comenzaron a trabajar en otras regiones como las zonas de  las rutas 1, 3 y 5.

Las medidas más efectivas de mitigación empleadas a nivel mundial son los pasos de fauna tanto aéreos como subterráneos, especies de corredores artificialmente creados que permiten a los animales atravesar las carreteras por encima o por debajo de las mismas para evitar posibles atropellamientos y el impacto del efecto barrera antes mencionado.

Podemos estar hablando de grandes túneles subterráneos o de grandes extensiones de redes hacia donde son dirigidos los animales por medio de vallados previamente ubicados a los costados de los caminos, pero el costo de estas estructuras es muy alto y en Latinoamérica hasta el momento solo han sido implementados por Brasil y Argentina.

En Uruguay ha sido más viable económicamente la implantación en 2019, en diálogo con el Ministerio de Transporte, de señalización en la ruta 9 de Rocha y en la ruta 15 que conecta la ciudad de Rocha con La Paloma, siendo actualmente monitoreados los resultados de dicha medida.

En colaboración con la Facultad de Ingeniería también se está pensando en la posibilidad de implementar en áreas más afectadas lo que se conoce como “señalización inteligente”, medida que ya es una realidad en algunos países de Europa.

Consiste en colocar cartelería que cambie su señalización según cómo varíe la actividad de la fauna en cada momento del día: por ejemplo, si un área es zona de tránsito de una especie nocturna, la señalización buscará llamar más la atención del conductor durante la noche. Este tipo de mensajes también puede emplear sensores de movimiento que adviertan con cierta distancia al conductor la presencia de animales en desplazamiento sobre los márgenes de la carretera.

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