18 de agosto de 2012 19:34 hs

En tanto permanezca dentro de la embajada de Ecuador en Londres, Julian Assange está fuera del alcance de la Policía británica y, por ende, de la Justicia sueca. Por lo menos así ha sido durante los últimos 60 días, a pesar de las numerosas presiones internacionales que sufrió el país sudamericano, incluyendo la sugerencia de Gran Bretaña de que invocaría una ley para despojar a la sede de sus privilegios diplomáticos e ingresar al edificio para detener al fundador de WikiLeaks (ver nota aparte).

El jueves Ecuador anunció que le concederá asilo político a Assange y, mientras estudian cómo trasladarlo sin ser interceptados por las autoridades británicas, se especula que el periodista australiano podría hablar al público hoy. Será desde una ventana o desde el pequeño balcón de la embajada, según se sabe hasta el momento.

Solo y acompañado

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Assange vive en un edificio exclusivo en uno de los distritos más elegantes de Londres, pero no tiene posibilidades de arrellanarse en el lujo.

El alguna vez trotamundos y especialista en informática de 41 años se refugió en la embajada de Ecuador el 19 de junio, después de agotar toda posibilidad de apelación en el Reino Unido para evitar la extradición a Suecia, que lo requiere para interrogarlo por supuesta agresión sexual.

La embajada de Ecuador se compone de un apartamento en la planta baja, con unas 10 habitaciones en total, dentro de un imponente conjunto de apartamentos de ladrillo rojo en la elegante zona de Knightsbridge, prácticamente colindante con la tienda departamental de lujo Harrods.

Sus vecinos de en frente son miembros de la embajada de Colombia, mientras que los pisos superiores del edificio victoriano son apartamentos de particulares. Según el diario El País de España, allí hay propietarios tan notorios como miembros de la numerosa familia real saudí y el ex primer ministro de Libia Mustafa Ben-Halim.

La embajada de Ecuador no tiene dormitorios ni otro espacio para alojar a huéspedes. Las personas que han visitado a Assange dicen que vive en una oficina que ha sido habilitada con una cama, teléfono y conexión a internet.

También se instaló una ducha y la embajada tiene una cocinita. Assange también ha recibido entregas de pizza y otros alimentos.

“No se parece nada al Hilton”, describió Gavin MacFadyen, un simpatizante que se ha reunido con Assange en la misión diplomática.

Una caminadora mecánica permite realizar ejercicio físico y una lámpara solar ofrece la posibilidad de compensar la falta de luz del Sol.

Bajo estrés

La madre de Assange, Christine, ha dicho que los amigos que lo visitan “ponen música y lo invitan a bailar”. Sin embargo, también ha expresado inquietud por la salud de su hijo. El mes pasado dijo que Julian padecía un estrés grave debido a las varias semanas de confinamiento y a los más de 18 meses de batallas legales en medio de las rigurosas condiciones de la libertad condicional en Gran Bretaña.

“Está sometido a mucho estrés. Ha sido un estrés prolongado desde hace casi dos años y en condiciones que son similares a la detención”, manifestó.

De acuerdo con especialistas, la situación en que se encuentra Assange podría tener secuelas psicológicas.

“Está atrapado en tierra de nadie”, dijo el profesor de Psicología Cary Cooper, que labora en la Universidad Lancaster de Inglaterra.

“Una de las cosas que le causa más estrés a las personas es que no tengan ningún control”, explicó. “No tiene ninguno. El control está en manos de terceros: el gobierno británico y el gobierno ecuatoriano, no en las suyas”.

Para Cooper, el desenlace más probable, salvo un acuerdo diplomático entre Gran Bretaña y Ecuador, es que el aislamiento y el confinamiento pesen sobre Assange y al final lo hagan salir de la embajada, incluso si eso significa la detención.

En su opinión, “en última instancia, el encarcelamiento social lo orillará a salir”.

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