Hombres, mujeres y niños, muchos vestidos de negro y portando banderas verdes y amarillas y copias del Corán, se reunieron alrededor del mausoleo de Kazimiyá, en el oeste de la capital iraquí.
A pesar de medidas de seguridad excepcionales como la prohibición de la circulación de automóviles en la ciudad y de la presencia de numerosos miembros de las fuerzas de seguridad iraquíes, así como de milicianos chiitas, entre ellos el ejército del Mehdi del jefe radical Moqtada Sadr, Bagdad se estremeció con el sonido de las explosiones y los disparos.
La violencia confesional ha causado miles de muertes en Bagdad desde el inicio del año.
Un policía murió luego en un intercambio de tiros, después de que un tirador emboscado abrió fuego sobre un grupo de peregrinos en el barrio de Al Jilani, en el centro de Bagdad, hiriendo a un fiel.
El año pasado, la celebración terminó en matanza por una avalancha humana provocada por rumores sobre la presencia de terroristas que iban a hacer estallar explosivos entre la gente, poco después de un ataque con mortero.
La peregrinación se desarrolló al tiempo que las fuerzas iraquíes y norteamericanas refuerzan la seguridad en la capital.
También el ejército estadounidense anunció el domingo la muerte de uno de sus militares este sábado a causa de heridas recibidas en la provincia sunita rebelde de Al Anbar (oeste), aumentando a 2.608 el número de militares estadounidenses muertos desde la invasión de Irak en marzo del 2003, según un conteo realizado por la AFP a partir de cifras del Pentágono.
(AFP)