17 de octubre 2021 - 5:00hs

Obviamente, que pese a los desastrosos resultados frente a Argentina y Brasil, aún tenemos chance de llegar al Mundial de Qatar. Estamos en zona de repechaje, Argentina y Brasil están despegados y de hecho casi clasificados y el resto viene muy parejo en un pelotón al que ahora se ha subido incluso Bolivia.  Lo que preocupa es el nivel de juego y la falta de la tradicional rebeldía.  Pero ahí estamos, con la calculadora en mano y con chance de llegar. Aunque en realidad uno se pregunta qué iremos a hacer a Qatar si Argentina y Brasil nos superan tan ampliamente como para hacernos pasar vergüenza como hace años no sufríamos.

Donde no pasamos vergüenza y si sabemos qué hacer es en las negociaciones para modificar el mortecino y decadente Mercosur. Todo comenzó porque Uruguay sacudió el tablero primero pidiendo flexibilización para negociar acuerdos con terceros países por fuera del bloque y proponiendo una rebajada importante del arancel externo común y luego anunciando el inicio del estudio de un TLC con China aún sin anuencia de los demás países miembros. Brasil, por boca del ministro de Economía Pablo Guedes, se mostró de acuerdo. Argentina, por boca de su ministro Producción Matías Kulfas, lo consideró inviable porque los acuerdos se hacen en bloque. Paraguay tuvo una postura más ecléctica. 

Pero hace pocos días se reunieron los cancilleres de Argentina y Brasil (no en bloque sino por las suyas) para proponer una rebaja del arancel del 10%, mucho menor a la proyectada por Uruguay y por parte del gobierno brasilero que en este tema parece tener dos posiciones: la de Economía, proponiendo una fuerte baja, y la de Itamaraty, siendo mucho más cauteloso.

Lo bueno para Uruguay en materia de comercio (a diferencia del fútbol) es que ahora la pelota pasa a nuestra cancha y nos permite, según la teoría del ministro Kulfas, dar o no nuestra aprobación a esa reducción arancelaria o pedir algo a cambio. Es que si bien en fútbol los resultados no nos favorecen, en la escena internacional Uruguay está mejor parado que sus grandes vecinos y tiene mayor prestigio por su seriedad institucional, reforzada por el manejo de la pandemia frente a dos países que fueron y siguen siendo un bochorno internacional. Argentina politizando el manejo de las vacunas y con la residencia presidencial en el centro del escándalo por violar las normas de confinamiento impuestas duramente sobre el resto de la población y Brasil con un presidente que, además de sus idas y venidas en el manejo de la pandemia, se niega a vacunarse, con todo el simbolismo que esa decisión conlleva.

En el fondo Argentina y Brasil están envueltas en líos y rencillas políticas internas que condicionan su capacidad de liderar una razonable inserción internacional del Mercosur y lo han llevado al actual estado de inanición donde solo algunos sectores se benefician de acuerdos internos protegidos por un arancel disparatado e impropio de un Mercado Común.

Por eso, Uruguay está en condiciones ya sea de aprovechar esta carta que ofrece la negociación de Argentina y Brasil, nuevamente a espalda del resto, o de jugarse por la vía propia del TLC con China si es que lo anterior era solo un juego político entre dos países a los que el proteccionismo les cae como anillo al dedo y prácticamente es parte de su ADN nacional. Y ello más allá del partido que gobierne. Los intentos aperturistas son muy escasos y terminan rápidamente. Casi de carambola se pudo armar el Mercosur y cuando iba camino a ser un bloque competitivo, se trancó por las devaluaciones brasileñas y argentinas de 1999 y 2001 y de ahí en más devino en un club político.

Ahora Uruguay tiene chance de escapar de esa lógica mercantilista, que no genera empleo ni comercio. Tiene que jugar muy bien cartas. Pero tiene una oportunidad única por los cambios geopolíticos en tablero mundial. No dejemos pasar este tren. 

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