9 de abril de 2013 20:48 hs

Los aduaneros les habían advertido que serían estrictos, pero, de todas maneras, unos 20 bagayeros de Paysandú decidieron cruzar el puente Internacional para comprar mercadería en Colón, Argentina. A la hora 10.30 regresaron con unos kilos de fideos y harina y sobrecitos saborizados para probar suerte. Los aduaneros les vaciaron las bolsas. Y los bagayeros resolvieron reunirse a la hora 14 bajo el puente para tomar medidas.
La alternativa que propusieron muchos fue clara. “O nos dejan trabajar o salimos a robar, porque tenemos que darle de comer a nuestros hijos”, dijo Iván Ferrari, uno de los bolseros, a El Observador. Cargaba en sus brazos a una niña y un varón.

En un periquete, al grito de “si acá no pasamos nosotros, no pasa nadie”, un centenar de personas, en su mayoría bolseros, como se autodenominan los contrabandistas que cruzan a diario el puente con un bolso al hombro, resolvieron cortar el tránsito en la avenida de las Américas, que conduce hacia la aduana y el paso fronterizo. Además de bolseros, un grupo de obreros de la construcción que cada viernes cruza en moto a hacer el surtido semanal participó de la protesta.

Ante la restricción, los bolseros bagayearon una modalidad de protesta extendida al otro lado del río: el piquete. “Si allá se hizo, acá también se puede”, comentaban. Los manifestantes colocaron sus motos en medio de la avenida y cortaron el tránsito.

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Si bien habían protestado en otras oportunidades debajo de ese mismo puente, nunca habían tomado una medida de ese tipo. El mes pasado, cuando Aduanas restringió el kilaje de mercancía que permitía pasar, de 15 a 5 kilos, los bagayeros también protestaron. Entonces, obtuvieron un logro: Aduanas les permitió pasar hasta un bolso por día. Pero, tras una reciente asamblea, el Centro Comercial e Industrial de Paysandú siguió presionando para proteger el mercado local y logró que Aduanas implementara el Cero Kilo, que dejó a los bagayeros con la bolsa vacía. El éxito de la última protesta se había convertido en promesas incumplidas. “Nos cortaron los brazos”, dijo Susana Soria a El Observador el lunes. Los manifestantes repiten la frase una y otra vez.

A la media hora de cortar el tránsito, el subdirector de Policía de Paysandú, Héctor Muñoz, se acercó a la protesta para advertirles que la medida era ilegal. “Queremos hablar con el administrador de la aduana de Paysandú”, le planteó Juan Pereyra, uno de los representantes improvisados de los bagayeros. Muñoz habló con el administrador, Horacio García Doglio, quien aceptó recibirlos.

Cuando parecía que la negociación prosperaba, los manifestantes se enterraron en una discusión que duró, al menos, una hora. Hasta que Dogomar Sánchez, un camionero desempleado devenido en bolsero, levantó la mano y dijo: “Vamos a hacer una asamblea”. Hacía 24 horas que un centenar de bagayeros intercambiaba a los gritos quejas y soluciones, sin ponerse de acuerdo. En este caso, el dilema era si convenía visitar a García Doglio en su despacho o si convenía exigirle que se presentara en el piquete. La segunda opción prosperó, pero García Doglio no aceptó el convite y el jefe de Policía, Alberto Camacho, se acercó para darles el ultimátum: iban a hablar con García Doglio o desalojaban la ruta, porque un juez penal había dado la orden. Detrás de Camacho, a media cuadra del corte, seis policías de la Guardia Republicana estaban listos para actuar. Los bagayeros aceptaron visitar al administrador, que los recibió delante de la prensa y con cara de pocos amigos.

“Queremos pasar 10 kilos”, le planteó Dogomar, secundado por Juan. García Doglio les recordó que el contrabando no es un trabajo, sino un delito, que muchos de los bagayeros que protestan y amenazan con delinquir si no les permiten pasar con sus bolsas tienen antecedentes penales, que él no impuso la medida y que su función era hacerla cumplir.
“Nos están cortando los brazos”, repitió Juan.

Debajo del puente, tras idas y vueltas, discusiones y más gritos, los bagayeros resolvieron levantar el corte permanente, para evitar el enfrentamiento con la Policía, y cortar el tránsito durante 15 minutos cada una hora hasta el jueves, cuando el presidente José Mujica visite Paysandú, ocasión en la que esperan plantearle sus reclamos.

Más tarde, antes del atardecer, delegados de los bolseros se reunieron con la diputada suplente del Frente Amplio por Paysandú, Cecilia Bottino (ver recuadro).
Están los que piensan como el exintendente del departamento, Álvaro Lamas, que la situación es absurda, porque el contrabando es delito y el corte de ruta está prohibido. “Lo que falta es que los bagayeros hagan huelga”, dijo Lamas a El Observador.

Otros, incluso comerciantes afectados por el contrabando, como Sulma Rostán, consideran que lo absurdo es limitar el trabajo de los bolseros, cuya reventa no provoca el deterioro del comercio local, sino que es el contrabando de la clase media y alta de la ciudad lo que deprime el mercado.
La mayoría, de todas maneras, coincide en algo: le queda poca vida al Cero Kilo.

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